miércoles, 22 de junio de 2011

LA EDUCACIÓN IMPOSIBLE

Edgar González Gaudiano


De acuerdo con el Panel Intergubernamental de Cambio Climático (PICC), prestigioso grupo integrado por miles de científicos de todo el mundo en labor voluntaria, la temperatura promedio de la superficie del planeta se ha elevado en 0.74°C desde el final del siglo XIX y se ha proyectado que aumente de 1.8 a 4° más hacia 2099. El nivel de mar se ha elevado entre 10 a 20 cm durante el siglo pasado y un incremento adicional entre 18 y 59 cm (según los diferentes escenarios) se espera para el fin del presente siglo. Algunos dirán que en realidad es poco: menos de un grado centígrado de temperatura y veinte centímetros de elevación del nivel del mar, el problema es que con esas aparentemente pequeñas magnitudes muchos procesos vitales están en severos riesgos. Los pequeños países insulares y las planicies costeras de zonas tropicales, como las del estado de Veracruz, son los más vulnerables, tanto por la elevación en el nivel del mar como por la creciente intensidad de fenómenos climáticos extremos. Con el cuarto informe de evaluación del PICC (2007) ha sido ampliamente reconocido que las bases científicas para entender los impactos del cambio climático y las estrategias de adaptación y mitigación están claramente establecidas.
Sin embargo, las decisiones para frenar la emisión de los gases de efecto invernadero a niveles que no sigan incrementando los riesgos existentes, no son sencillas de adoptar. Primero, porque son decisiones de política económica que afectan procesos productivos y con ello a grupos de interés muy poderosos, máxime en periodos electorales o de bajo crecimiento. Segundo, porque el cambio climático es un fenómeno súper complejo que está íntimamente relacionado con los patrones en boga de la actual sociedad de consumo, con el crecimiento demográfico, con los estilos de desarrollo, etc. Entonces aunque muchos siguen pensando en el cambio climático como un asunto ecológico, es mucho más que eso puesto que es al mismo tiempo causa y consecuencia de diversos problemas contemporáneos que inciden en forma directa en la vida de las personas y de las otras especies del planeta.
En todo esto reside la dificultad de educar sobre el cambio climático. Es obvio que este desafío educativo concreto no puede reducirse a incorporar contenidos sobre el mismo en los programas escolares de los distintos niveles educativos. Eso desde luego hay que hacerlo, aunque no sea mucho lo que podemos esperar de ello. Tener información sobre un problema cualquiera no es condición suficiente para cambiar comportamientos, hábitos y actitudes sobre el mismo. Ahí tienen el caso del tabaquismo, por ejemplo. Si así fuera en relación con el cambio climático, los científicos que integran el PICC serían las personas mejor educadas ambientalmente del mundo y me parece que no son muy diferentes en sus formas de vida cotidiana a muchos de nosotros.
Pero el desafío de educar sobre el cambio climático es mucho más complejo, porque la escuela misma en su forma y orientación actual es más parte del problema que de la solución. Numerosos procesos, contenidos e incluso rituales escolares son en sí mismos insustentables. La organización disciplinaria es uno de ellos. El cambio climático es un fenómeno interdisciplinario por antonomasia, que ha puesto en jaque no sólo al conocimiento científico disponible, sino a la manera de producirlo. Y las comunidades científicas de cada disciplina son también grupos de poder muy resistentes en la modificación de sus parámetros de referencia y de certidumbre. En fin, para decirlo en pocas palabras, la educación escolar promueve muchos de los valores del actual modelo de civilización y noción de progreso que nos han conducido hasta este crítico momento. Sólo se salvan en este proceso, aquellos docentes y estudiantes más sensibles y críticamente avezados que piensan y actúan por su cuenta.
Fuera del ámbito escolar el problema no es menor, porque pretender educar sobre el cambio climático implica remar a contracorriente con un cierto tipo de aspiraciones de cambio social de las personas. Aspiraciones que se encuentran profundamente enquistadas en los patrones de la sociedad de consumo actual. En este sentido, para esas personas el prestigio social e incluso la identidad y la autoestima dependen de la adquisición de bienes y servicios que suelen ser necesidades creadas por la publicidad para satisfacer deseos caprichosos, con lo que obviamente mantenemos girando la rueda del mercado aunque nos pase por encima.
A través de la educación es posible generar presiones en el mercado para impulsar una racionalidad de consumo diferente, con énfasis en la calidad de los productos y las condiciones de su producción distinguiendo necesidades de deseos. Esto es, construir un nuevo patrón de consumo para una mayor equidad social y un menor stress ambiental, mediante procesos educativos que impulsen pensamiento crítico acerca de cómo escoger entre varias opciones y por qué no elegir aquéllas que se preconizan como signos de distinción social. Procesos educativos orientados a reducir la oferta productiva y a analizar el rol de las empresas que inducen el consumo posicional, que emplean mano de obra infantil o esclavos laborales, que no adoptan controles de emisiones y desechos, que no son al menos ecoeficientes, que no protegen del riesgo a sus trabajadores, que pagan sueldos miserables o reciben exenciones fiscales, subsidios especiales y tratos preferenciales que se traducen en competencia desleal para otros productores o países.

Conformarnos con ampliar contenidos sobre cambio climático en el currículum o con trasmitir programas de alfabetización científica sobre este tema por televisión, es como dar respiración artificial a un enfermo terminal.
De ahí que digo que en materia de cambio climático la educación es imposible. Imposible mientras la escuela continúe aferrada a sus atavismos y la sociedad siga comportándose como el cliente dócil de ese estilo de vida materialista centrado en el consumismo que destruye culturas, favorece la migración, erosiona esfuerzos educativos y genera violencia social.

Publicado en la Jornada Veracruz, el martes 21 de junio de 2011, p. 2.

lunes, 13 de junio de 2011

Los liderazgos súbitos

Édgar González Gaudiano


Cuando se inició la serie de conflictos en los países del norte de África para echar a dictadores que se habían entronizado en el poder por décadas, muchos nos alegramos y constatamos que la realidad social es un fenómeno complejo que no admite predicciones lineales. Lo mismo sucedió cuando de improviso se disolvió la Unión Soviética y cayó el muro de Berlín, aunque eso no fue por un levantamiento popular sino porque ese sistema político económico era insostenible.
En el mismo sentido, ha surgido y va para largo el movimiento insurreccional en España, derivado del hartazgo de la población- no sólo la joven con un altísimo desempleo- ante unas elecciones que ofrecían más de lo mismo, con la misma élite política, en una alternancia entre dos grupos que no ha implicado mejores gobiernos y cambios de rumbo hacia el bien común. Los participantes de ese movimiento se han denominado los indignados y su proclama es ¡por una democracia real, ya! Nadie pudo haber pronosticado algo semejante, que ni siquiera contó con una buena cobertura mediática, sino todo lo contrario. Tampoco nadie pronosticó cómo un escenario social de pocos días pudo provocar la copiosa votación que dio la victoria a la derecha española y que fue un claro voto de castigo al gobierno de Rodríguez Zapatero.
Frente al desastre económico, político y social que padece nuestro país, estos acontecimientos no pueden menos que regocijarnos. Nuestros analistas políticos han insistido recurrentemente que no hay liderazgos alternativos visibles para un cambio en el estado de cosas. Pero las condiciones se están gestando para que ocurra algo similar a lo de África y España.
La nutrida convocatoria de Javier Sicilia frente al autismo de la presidencia y el hartazgo social está mostrando que la gente ya no se va a quedar en casa y callada por miedo. Cada vez es más evidente entre el ciudadano de a pie que si no hacemos algo nosotros mismos, todo se va a poner aún peor. La campaña electoral en el Estado de México confirma una vez más que los partidos y sus políticos no han aprendido nada y creen que es posible prolongar esta agonía.
La realidad veracruzana, por su parte, parece ajena al fenómeno del liderazgo súbito. Ni la deuda del gobierno del estado que puede llegar a los 30 mil millones de pesos hipotecando el futuro; ni el deterioro de las condiciones de vida principalmente en las zonas conurbadas donde la pobreza, el tráfico, la suciedad y el abandono hacen de las suyas; ni la clase política reflejada en un Instituto Electoral Veracruzano cuya dirigencia es el colmo de la desvergüenza; ni el deterioro ambiental que sufre el estado, sin duda uno de los mayores del país; ni la pobreza exacerbada por la crisis en el campo, la migración y el malvivir de muchos en las ciudades; ni los bajos niveles educativos y los deficientes servicios de salud, son motivos suficientes para una movilización ciudadana. La aceptación conformista o la resignación piadosa parecen regir la conducta social.
Pero esa calma chicha puede ser engañosa. En cualquier café, centro de trabajo o de diversión, el ruido de la inconformidad no es estrepitoso pero sí cada vez más persistente. Empieza a encontrar eco en la telaraña de la comunicación -la Internet y sobre todo en las redes sociales- y en los mensajes telefónicos que con velocidad desconocida pero no desdeñable informan –bien o mal- de aquello que la autoridad pretende ocultar: la violencia que cada vez más se va acentuando en la entidad y el deterioro de la calidad de vida. Agréguensele los desastres causados por el coctel de fenómenos naturales con malas decisiones y peor organización, que con seguridad iremos enfrentando en los próximos meses de lluvias y tendremos un caldo de cultivo muy propicio para cualquier cosa. La peor salida de los llamados con eufemismo “tomadores de decisiones” (clases dominantes, se les llamaba antes), será continuar con una actitud de falta de información y negación de lo inocultable. Esa actitud autista de las autoridades esperando que la inconformidad se pudra sólo con el tiempo, no conducirá sino a incrementar el proceso de deterioro social y la magnitud de la respuesta. Los enemigos de las instituciones han sido quienes no han sabido administrarlas y han dejada que pierdan credibilidad y su función social. En los momentos más inesperados acabarán por desgastarse los liderazgos institucionales para ser sustituidos súbitamente por otros liderazgos. La historia reciente está a la vista.

Publicado en el periódico La Jornada Veracruz, del lunes 13 de junio de 2011, p. 2.

De los desastres naturales a los accidentes laborales

Édgar González Gaudiano y Adalberto Tejeda Martínez

Con frecuencia reiterada se califica a los desastres como “naturales”. Funcionarios e informadores no dudaron en calificar así a los causados por el huracán Karl y la tormenta tropical Mathew, que asolaron las zonas costeras del centro y sur de Veracruz el año pasado.
Recientemente pero ya casi en el olvido mediático y social, supimos sobre el “accidente” que mató 14 mineros en Coahuila y dejó a un niño de quince años mutilado de su brazo derecho. Un episodio más de una larga serie, como consecuencia de la falta de medidas de protección de los trabajadores; de irresponsabilidad de empresarios mexicanos y extranjeros en su afán de lucro fácil; de connivencia o incluso complicidad de las autoridades locales y federales.
Ambas categorías, la de desastres naturales y la de accidentes laborales son falsas en la mayoría de las veces, pero sirve para justificar numerosos casos en que los responsables directos e indirectos se lavan las manos frente a la sociedad. La primera es falsa porque los desastres no son naturales, sino consecuencia de decisiones equivocadas, mala o ausente planeación o simplemente corrupción de autoridades y empresas inmobiliarias y de infraestructura. Los fenómenos naturales no ocasionan desastres por sí mismos, sino que éstos ocurren, como en el caso de Veracruz, porque se han autorizado y construido unidades habitacionales en zonas de alto riesgo, porque se han deforestado las cuencas altas, porque no se ha sabido –o no se ha querido- invertir en programas y obras apropiados. Es más redituable en votos permitir los asentamientos irregulares; es más redituable en fondos solapar a inmobiliarias inmorales.
Además, no basta con atender la emergencia. La prevención debe pasar no sólo por invertir año con año sumas crecientes en el desazolve de ríos y lagunas costeras, también habría que emprender un intensivo programa de reforestación y restauración ecológica del territorio veracruzano que está perdiendo millones de toneladas de suelo fértil en cada temporada de lluvias.
No basta tampoco con el pronóstico meteorológico diario, más o menos acertado; hay que evaluarlo rigurosamente, y transitar hacia un sistema de alerta temprana en el que cooperen y no compitan por la imagen, los distintos niveles de gobierno.
La segunda categoría, la de los accidentes laborales, es también falsa porque de accidentes no tienen nada. Esos lamentables sucesos son un resultado lógico de las condiciones en las que laboran los mineros, pero también muchos otros trabajadores, mientras el secretario federal del ramo anda haciendo campaña para ser nominado por su partido como candidato presidencial. Son parte de la cara de ambición, arrogancia y la ya menciona connivencia de autoridades con patrones sin el menor sentido social.
En resumen, no nos engañemos: cuando la autoridad habla de desastres naturales y accidentes laborales suele sólo estar encubriendo su ineptitud, irresponsabilidad y quizás hasta corrupción, frente a contingencias que serían previsibles y evitables si cada quien hiciera lo que le corresponde.

Publicado en La Jornada Veracruz, Viernes 27 de mayo de 2011. P. 6.

Los complicados desafíos de Javier Duarte

Edgar González Gaudiano


En las últimas semanas hemos venido constatando el cambio gubernamental en Veracruz, a través de un cambio de discurso y de actitud política visibles desde muchos ángulos. Bueno, ¡hasta el palacio de gobierno va cambiando del color rojo característico de la gestión anterior por tonos verdes discretos! Símbolos iniciales de lo que pretenden ser transformaciones de fondo en el estado.
Pero los problemas están ahí y no se van a resolver con plantones de una docena de personas, con un par de mantas con leyendas que rezan ¡Duarte: Estamos contigo! ¡El pueblo reconoce tu apoyo! Esas son decadentes manifestaciones de acarreadores profesionales autodenominados líderes populares, que medran con las necesidades y desesperación de la gente. Es un nivel vergonzante de la política que convendría fuese rechazada por el gobernador en forma pública y abierta, no para coartar la libertad de expresión, sino para reducir la perversa simulación y las imposturas, pues hay un hartazgo social de diletantes.
En medio de este ambiente político es urgente comentar sobre cinco de los principales retos del actual gobierno. Son asuntos que requieren de acciones sistemáticas y persistentes puesto que son complejos. Se presentan en brevísimas síntesis que no están planteadas en orden jerárquico. Todos ellos son cruciales para la calidad de vida del estado y deben atenderse con políticas y acciones convergentes. Son críticas de buena fe y en plan propositivo.
1. Medio ambiente
La situación ambiental del estado es un completo desastre. Por el territorio veracruzano escurre el 30% del agua superficial de todo el país y paradójicamente tenemos problemas de disponibilidad de agua. Prácticamente todas los ríos están contaminados y sus cuencas degradadas. Los índices de deforestación siguen incrementándose y el cambio de uso de suelo es moneda corriente. El patrimonio natural de un estado rico en biodiversidad se deteriora progresivamente, con implicaciones económicas y sociales de corto, mediano y largo plazos, como resultado de la sobreexplotación pesquera y forestal en algunas zonas, por incendios forestales y otros desastres mal llamados “naturales” que cada año ocasionan fuertes avenidas que derivan de la pérdida de la cubierta vegetal de los suelos, que de ese modo son arrastrados por la lluvia. El uso descontrolado de agroquímicos que envenenan al ambiente y numerosas comunidades campesinas está documentado y tenemos más de 150 tiraderos a cielo abierto. Las áreas urbanas crecen sin control alguno, incluso en zonas de alto riesgo, con la complacencia de autoridades y el beneplácito de fraccionares y empresas inmobiliarias.
Es evidente que este severo deterioro ambiental produce problemas económicos, de salud, migración, sufrimiento y pérdida agravada de condiciones de bienestar en el presente y el futuro de Veracruz. La SEDEMA no será capaz de enfrentar esta situación, ni siquiera de manera incipiente, con un presupuesto minimalista y una descoordinación institucional. El problema ambiental requiere de realinear la política agropecuaria, pesquera, turística, económica, etc. De otro modo sólo se responde reactivamente poniendo parches. Un ejemplo claro de esta ausencia de coordinación y concurrencia de competencias es el Programa Veracruzano ante el Cambio Climático. Entregado por la Universidad Veracruzana al Gobierno del Estado hace ya dos años, suele mencionársele como un referente oficial pero no se formaliza su aplicación. Se ha convertido en bandera política sin contenido alguno.
2. Energía
El estado ha heredado numerosos errores del pasado, empezando por la Central Nuclear de Laguna Verde que es una Espada de Damocles pendiendo sobre los veracruzanos. Es una central que produce sólo el 3% de la energía eléctrica en el país, que se podría compensar sólo con un buen programa de ahorro energético, pero que representa un riesgo muy alto. No hay medidas, ni dinero, ni excusas que valgan frente a un “accidente”. Chernóbil y ahora Fukushima lo confirman.
Frente a ello se desperdicia el enorme potencial solar y eólico y se continúan proponiendo medidas descabelladas de alto impacto social y ambiental como el sistema de las seis microrepresas a lo largo del río Pescados-Antigua que afectaría a Jalcomulco y otros siete municipios, y proyectos similares en muchos otros sitios del estado. Es obvio que las autoridades responsables sufren de autismo, frente a la magnitud de los problemas que algo así generaría.
3. Economía

Datos sumamente reveladores son los publicados en 2010 por el Instituto Mexicano de Competitividad, donde Veracruz ocupa el lugar 26 con un PIB per cápita 32.4% inferior al promedio nacional, una tasa de 2% por debajo del crecimiento nacional en el periodo 2006-2008 y un decrecimiento de -0.7% en 2008 que contrasta significativamente a nivel nacional.
El desempleo de Veracruz para 2008 alcanzaba 2.4%, 1.7 puntos porcentuales arriba del promedio nacional, a pesar de todas las declaraciones del gobierno en sentido contrario. Veracruz descendió 15 posiciones en “Economía dinámica y estable” y cayó hasta el lugar 29, y perdió 14 posiciones en “Gobierno eficiente y eficaz” para ocupar el lugar 28. Además, perdió una posición en “Aprovechamiento de las relaciones internacionales” y ahora ocupa el último lugar, debido a que entre 2006 y 2008 la inversión extranjera directa disminuyó 76% para alcanzar sólo 101 millones de pesos, apenas 0.02% de su PIB.
El problema de la deuda pública es un tema que se cuece aparte por su magnitud. 30,000 millones de pesos. Casi diez veces más que lo que se endeudó el gobierno de Miguel Alemán. Es una hipoteca del futuro de los que menos tienen en el estado.
Estos datos no son mala prensa, sino información que no ha sido desmentida y que evidencia la sinrazón de las campanas que se echaron al vuelo en la gestión anterior y que todo mundo celebró empezando por el obsequioso congreso del estado.
4. Gobierno y rendición de cuentas
El relevo gubernamental ha sido escandaloso. Pese a la autocensura de muchos medios se supo cómo muchos alcaldes salientes y sus cabildos desmantelaron los ayuntamientos. No sólo no dejaron documentación que pudiera incriminarlos, se llevaron el mobiliario y el equipo de cómputo. En algún caso hasta el cableado eléctrico. Se levantaron algunas demandas en los municipios más pequeños y pobres. De los demás no se dijo oficialmente nada. De igual forma, se dijo mucho de las numerosas obras que se pagaron a precios altos y no se hicieron o se hicieron mal, en muchos casos por empresas creadas al vapor para hacer negocios ilícitos. Se han anunciado algunas medidas que parecen cortinas de humo. Otra vez los peces gordos no entraron en la red. Se trata, en los hechos, de delincuencia organizada para defraudar el erario público. No se han rendido cuentas claras, aún a sabiendas que se han regresado algunos fondos y levantado pocas demandas. Eso no puede seguir ocurriendo. Alguien tiene que hacerse cargo, pues de ese modo continúa el descrédito de las instituciones del Estado y eso complicará notablemente la gobernabilidad. No puede haber borrón y cuenta nueva cada seis o cada tres años. Hay una impunidad rampante que constituye un cáncer para el sistema de justicia. ¿Cómo puede hablarse de estado de derecho con ese atávico comportamiento de la élite política?
5. Sociedad
Veracruz goza, por el momento, de una situación privilegiada en el país respecto de los altos índices de violencia. Esperamos que esa situación se mantenga porque ha permitido incrementar el flujo turístico y compensar en parte el mal momento de la economía estatal. Sin embargo, las condiciones sociales no mejoran.
Tenemos un alto índice de marginación social, sólo por encima de Guerrero, Chiapas y Oaxaca; un alto índice de emigración internacional pues el INEGI reporta que en cinco años se han ido del estado 62,720 personas, 95.3 % a los Estados Unidos y 74.2% entre 15 y 44 años. Esto es, estamos perdiendo nuestro bono demográfico al irse veracruzanos en plena etapa productiva. La tasa de crecimiento social total es -0.94, debido entre otras cosas a que 25,353 personas según el INEGI se fueron a otros estados en 2010 y a una tasa de mortalidad infantil de 16.68 por cada mil nacidos, cuando en el país es de 7; es decir, padecemos una tasa de mortalidad infantil equivalente a la de Botswana y Cabo Verde, en África.
Además, tenemos una esperanza de vida de 74.2 años, una de las más bajas del país, una tasa de alfabetización de apenas 86.7% y un índice de desarrollo humano medio de 0.7573 nuevamente sólo por encima de Chiapas, Guerrero y Oaxaca. Pero sufrimos una incidencia de sobrepeso y obesidad en el Puerto de Veracruz que ocupa el primer lugar a nivel Latinoamérica y entre 60 y 65% de la población menor de 15 años presenta esta condición, la más alta del país.
Los retos son enormes y para enfrentarlos es imprescindible la participación social, pues el gobierno no podrá hacerle frente solo a desafíos de esta magnitud y complejidad en un entorno internacional financieramente deprimido y un contexto nacional que se apresta para las elecciones del 2012 en condiciones de violencia creciente, postergando todo lo demás.
En nuestra infancia se presumía coloquialmente y guardando todas las proporciones, que Veracruz era como California en Estados Unidos. Que tenía todo para convertirse en un país independiente: vastos recursos naturales, un litoral de 745 km, el mejor puerto, una posición estratégica en el territorio nacional, historia y cultura y, aunque no se llamaba así, un bono demográfico que prometía un futuro próspero y feliz. Ahora vemos cuál ha sido nuestro destino manifiesto.

El gobernador mismo está labrando su imagen para la historia. Nadie, ni el más carismático, escapa a ese juicio sumario cuando se ha dejado el poder. Sobran los ejemplos recientes. Seis años pasan muy rápido. Es posible aceptar que se cometen errores en algunas decisiones, siempre y cuando el criterio sea buscar el bien común, de la mayoría. Por eso es preciso que el gobernador ignore el canto de las sirenas y los devaneos de los que, con toda seguridad, merodean en torno suyo, proponiéndole proyectos en los que sólo resultarán beneficiados los mismos de siempre, externalizando los daños e impactos negativos al conjunto de la población del estado. No nos lo merecemos.
Basta ver la Corte de los Milagros en la que se ha convertido el centro de Xalapa, para confirmar que se necesitan políticas y decisiones audaces que rompan el vicioso círculo de más pobreza y deterioro ambiental. El Plan Veracruzano de Desarrollo 2005-2010 va en esa dirección. Pero también sabemos que los planes de desarrollo al cabo de un tiempo corto, se convierten en meras referencias documentales que nadie lee y menos aplica en la gestión de gobierno.

Publicado en La Jornada Veracruz en dos partes los días 3 y 4 de mayo de 2011
http://www.jornadaveracruz.com.mx/Noticia.aspx?seccion=7&ID=110503_122550_929

sábado, 16 de abril de 2011

La participación social: discurso vacío

Edgar González Gaudiano[1] y Adalberto Tejeda Martínez[2]
En el discurso todo político exalta las virtudes de la participación social, sobre todo su condición necesaria para el ejercicio de la ciudadanía y la institucionalización democrática para la modernización del Estado y la aplicación plena de los derechos sociales y políticos de la población.
Los Observatorios Ciudadanos y los Consejos Consultivos gravitan alrededor de la participación social y también, desde luego, los rebasados partidos políticos y las múltiples organizaciones sociales, vecinales y territoriales. Pero es en el ámbito local donde la participación social puede cumplir mejor su cometido. Los barrios, las colonias, las instancias municipales, religiosas, recreativas y culturales, entre otras, constituyen los espacios por excelencia para que las personas puedan ejercer sus derechos y obligaciones en formas concretas y de interés para su calidad de vida, como es el caso de la gestión de bienes y servicios públicos.
Sin embargo, el acceso a bienes y servicios básicos (agua, drenaje, luz, vigilancia, recolección de basura, etc.) funciona de manera diferenciada: para algunos son eficientes y baratos en comparación de los ingresos; pero mucha gente ha tenido que crear e intervenir en organizaciones sociales para poder obtenerlos. La ineficiencia, la corrupción, el conflicto de intereses y el desconocimiento de los criterios de asignación de recursos y definición de prioridades en las dependencias de los tres niveles de gobierno para tratar asuntos y demandas de interés público, son asuntos recurrentes de nuestra aún vulnerable institucionalidad democracia: la gente de a pie tiene que superar muchos obstáculos puestos por la propia autoridad para que sus derechos sociales sean atendidos.
Nuestras instituciones, pese al discurso político que proclama lo contrario, están llenas de simulaciones que lastran aún más sus precarias posibilidades de ser eficientes y justas. Desde los consejos consultivos y demás organismos constituidos para dar voz a los ciudadanos que sólo se emplean para legitimar decisiones consumadas de la autoridad y a veces ni para eso, sino sólo para cumplir con ciertos ordenamientos legales que los prescriben, hasta muchos periodistas y medios impresos y electrónicos que practican tal culto a la personalidad de la autoridad o funcionario en turno de manera tan grotesca y descarada, que resulta ofensivo para cualquiera medianamente inteligente.   
Ese es el pan nuestro de cada día en Veracruz: numerosos periódicos y panfletos de índole variopinta, que no se venden porque ya están pagados, de dudosa contabilidad y que sólo exaltan imágenes ridículamente infladas de una autoridad que no se corresponde con los tiempos actuales. O el caso de nuevos funcionarios que pregonan cambios radicales dizque en bien de la ciudadanía, pero que no son capaces de poner orden ni en el teléfono para reportar fugas de agua los fines de semana, por ejemplo.
La participación social es clave para construir instituciones verdaderamente públicas. Para ello ha de existir la convicción en autoridad y en ciudadanía de que la participación o es auténtica o no es y de que se respeta la disensión ideológica y política como condición de una gobernabilidad democrática. Mantener las usuales formas burocráticas y autoritarias de gobierno que simulan y minimizan la participación de la ciudadanía en los decisiones y asuntos públicos, es preservar la exclusión de los intereses de la ciudadanía en el pacto social. Algunas perlas en este sentido son: la improvisación de las reuniones de consulta del Plan Veracruzano de Desarrollo 2011-2016, cuando el documento ya estaba en prensa;  invitaciones y convocatoria de último momento, con lo que interlocutores enterados de los problemas no pudieron asistir  y la carencia de una discusión seria de las propuestas, son claros ejemplos de esa simulación a la que es proclive nuestra clase política. ¿A quién creen engañar? ¿Cómo puede elevarse el nivel de la política que se practica en el estado con estos usos y costumbres? ¿Cómo se van sentar las bases de un nuevo estilo de gobierno si se reproducen miméticamente prácticas viciadas en las que nadie cree, pero finge hacerlo? ¿Cómo evitar que el beneficio de la duda se desgaste aceleradamente por no cuidar la aplicación de formas verdaderamente democráticas del ejercicio del poder?

La Jornada Veracruz, viernes 25 de abril de 2011, página 7.




[1] Investigador del Instituto de Investigaciones Educativas de la Universidad Veracruzana.
[2] Coordinador del Programa de Estudios de Cambio Climático de la UV.

miércoles, 13 de abril de 2011

Academia y autoritarismo, como el agua y el aceite

Adalberto Tejeda Martínez y Édgar González Gaudiano


Por una extraña razón los políticos mexicanos quieren alcanzar el grado de doctor. José Córdoba Montoya fue el falso doctor del Salinato y Fausto Alzati del Zedillismo. En cambio, los verdaderos estadistas les dejan los títulos y grados a los académicos y ni por equivocación buscarían inscribirse en la universidad de su comarca, esa que controlan por la vía del presupuesto, para obtener un certificado fácil. No se le ha ocurrido a Luiz Inácio “Lula” da Silva, que no tiene títulos universitarios pues de origen es obrero, ni a Felipe González, abogado litigante en sus inicios profesionales, por citar dos casos latinos de líderes exitosos, pero es probable que se le ocurra a Hugo Chávez. Y, en todo caso, para eso están los doctorados honoris causa que se pueden otorgar por méritos sobresalientes en el ejercicio de la función pública, preferentemente cuando esa función ha cesado.
El doctorado lo inventó hace más de doscientos años Wilhelm Humboldt, el hermano de Alexander, inspirado en el taller medieval donde se enseña con el trabajo diario para formar artesanos maestros, o investigadores creativos y formales en el caso de los doctores. El estudiante de doctorado tiene el deber de acostumbrarse a la crítica académica. Critica él a sus colegas, a sus profesores, a los autores que lee, y es sujeto de la revisión rigurosa de sus pares. No puede ser un doctorante si vive en una situación de privilegio o de marginación. No estudia sólo para saber más, sino para mejorar con sus aportes su área de conocimiento, y eso no lo puede hacer desde una posición conformista o de autoridad devengada de otra fuente que no sea el saber y el saber hacer. También debe entender –ese estudiante- que un doctorado no se ostenta hasta que no se defienda convincentemente una tesis, que por lo demás deberá ser una verdadera contribución al conocimiento.
El trabajo académico –sobre todo el de investigación rigurosa que además forma doctores- debe soportarse en la honestidad intelectual de profesores y estudiantes. El hijo del político local al que todos los profesores ponen dieces sin merecerlos, es una imagen común en los poblados atrasados. El funcionario doctorándose en escuelas donde ejerce su influencia no es precisamente un ejemplo de honestidad intelectual. Si su carrera es la política, ¿por qué afanarse en obtener el diploma de doctor, que no da ni quita méritos para la batalla electoral? Una explicación posible es que se perfile como candidato a político educativo, aspirante a rector, secretario de educación o agregado cultural, ya sea como meta principal o como red de protección para caer en blandito si llega a soltarse del trapecio del poder.
La otra cara de la moneda son los obsequiosos grupos pseudoacadémicos que con lisonjas y adulaciones, haciendo caso omiso de reglamentos de asistencia y de cumplimiento de la vida académica, regalan grados o los cambian por prebendas. Se desprestigian ellos pero en su desprestigio arrastran a la institución que deberían defender. La toga y el birrete pasan de investidura a disfraz o caricatura; los actos académicos se convierten en farsa. No es un ejercicio de contraste de ideas sino de autoritarismo del sustentante que no fue alumno ni estudiante, sino dador de gracias.
Con tesón y sangre nueva las universidades de la provincia mexicana cada vez más avanzan sobre los rieles de la academia, pero hay quienes siguen creyendo en el autoritarismo de la vieja universidad tropical.

Milenio El Portal, noviembre 15 de 2010

lunes, 28 de marzo de 2011

La investigación en educación ambiental en México: Entre Sísifo y Pigmalión

Edgar González Gaudiano[1]
Desde que asistí por vez primera a las Conferencias anuales de la Asociación Norteamericana de Educación Ambiental, en San Antonio, Texas, en 1990, me llamaron la atención lo que ellos denominan como keynote speaker y que en español de acuerdo a nuestras tradiciones llamamos conferencista magistral. Quiero confesar que concuerdo más con el sentido que contiene la expresión en inglés. Primero, porque el concepto de conferencia magistral es un arcaísmo que ha vaciado su significado original. Como señala la Wikipedia, ahora: 
“Se denomina conferencia magistral a las conferencias dadas por gente conocida o importante. El contenido de la conferencia no tiene que ser estrictamente brillante, bien estructurado o basado en una investigación profunda. Ha bastado con que un político importante, un empresario reconocido o un escritor famoso convoquen a su conferencia, para que los medios la califiquen como tal.”

Segundo, la expresión keynote denota una idea fuerza, la clave de un discurso. Nuevamente la wikipedia señala:

“A keynote in literature, music, or public speaking establishes the principal underlying theme... The keynote will lay down the framework for the following programme of events or convention agenda... It will also flag up a larger idea — a literary story, an individual musical piece or event.”

Intentaré aportar algunas claves, aunque lo cierto es que cuando fui invitado a hablar en este significativo evento, tuve muchas dudas sobre el tema de mi intervención. Sin embargo, considerando que compartiría el escenario de estas conferencias con dos estrellas rutilantes como Lucie Sauvé y  Silvia Schmelkes que suelen hacer aportaciones muy aplaudidas, pensé que de los tres era el único que podía hacer una reflexión sobre la complicada trayectoria que ha seguido la investigación en educación ambiental en nuestro país y sus principales desafíos. Eso me decidió.

La trayectoria en el contexto nacional
El registro más remoto de una investigación en educación ambiental en el país se remonta al estudio realizado por el CESU de la UNAM (hoy IISUE) sobre los contenidos y enfoques sobre el medio ambiente en los libros de texto y programas de estudio de educación preescolar, primaria, secundaria y normal entre 1986 y 1987. Esto es, hablamos de 25 años del inicio de la investigación en educación ambiental en México.
¿Es mucho tiempo para lo que hemos conseguido? ¿Es poco?
Es difícil decirlo, aunque mi opinión personal, sin ser indulgente, es que es poco tiempo dadas las facilidades existentes para la investigación social y educativa en el país y la propia juventud y posicionamiento del campo en las políticas públicas.
Creo que estamos de acuerdo que un campo de conocimiento no existe sin su correspondiente investigación. Es el factótum de su existencia. Por eso es tan preocupante desde hace algunas décadas que nuestro país invierta alrededor de 0.4 % del PIB nacional en investigación científica y tecnológica y eso que existe una ley que mandata al gobierno a aplicar al menos el 1%. Según Pérez Miranda (2010), en la OCDE somos el país que menos invierte en Investigación y Desarrollo, donde el promedio del grupo de países es de 2.24%, el de la Unión Europea es de 1.85% y el del Grupo de los 7, es de 2.47%.
Comparando con países de la región, frente a nuestro 0.36% del PIB en 2007 Argentina invirtió 0.51 y Brasil 1.11%. Y con los países que tenemos mayor intercambio comercial, Estados Unidos 2.66%, Canadá 1.88% y España 1.27%. Gastamos 40 dólares por habitante, algo similar a lo que gasta Turquía, mientras en USA se invierten 978 y en Corea 560.  Eso en un contexto demográfico en el que el Censo Nacional de Población y Vivienda (INEGI, 2010) señala que en el país hay 54.1 millones de personas menores de 25 años.
En este contexto de tanta precariedad, es comprensible que la investigación científica en todas las áreas de conocimiento tenga grandes dificultades para su despliegue. La educación ambiental no es la excepción. Más aún cuando la propia educación ambiental sigue viéndose como un instrumento secundario de la gestión ambiental, porque a los instrumentos sociales de la gestión ambiental en los hechos se les confiere un menor peso que los instrumentos técnicos.
Asimismo y del lado de la política educativa, aunque se ha ganado mucho terreno en los últimos quince años, la verdad es que la educación ambiental no ha terminado de posicionarse bien en esa zona de desastre que es la educación de este país, secuestrada por intereses mezquinos y el corporativismo político.
Donde se han logrado los mejores avances es en el marco de la educación superior donde destaca el empeño de grupos académicos muy bien identificados, pero que continúan siendo muy reducidos considerando la magnitud e importancia del problema.    
Por ello, podría decirse que la situación de la investigación en educación ambiental en el país, se parece mucho al mito griego de Pigmalión.
Pigmalión era un escultor que durante mucho tiempo buscó una mujer con quien casarse. Tenía una sola condición: debía ser perfecta. Obviamente no la encontró. Frustrado decidió mejor quedarse soltero y dedicarse a crear sus esculturas. Una de ellas, la de una mujer a la que nombró Galatea, era tan hermosa y respondía tanto a su patrón estético que Pigmalión se enamoró de ella.
Por la intervención de Afrodita, Pigmalión soñó que la estatua cobraba vida y que al tocarla podía sentir la tibieza de su trémulo cuerpo y cómo éste vibraba a su contacto. La diosa conmovida por la intensidad de la pasión del escultor convirtió a Galatea en un ser humano.
El mito ha dado origen a lo que se conoce como efecto Pigmalión, mediante el cual las personas alcanzan lo que se proponen por la convicción que tienen de conseguirlo. En el proceso educativo, Rosenthal y Jacobson (1968) demostraron en un estudio clásico que Rosenthal (2010) ha puesto al día, que las expectativas y previsiones de los profesores sobre la forma en que se conducirán los alumnos, son determinantes de las conductas de éstos.
Al efecto Pigmalión se le conoce también como profecía autocumplida, y se entiende como una expectativa que incita a las personas a actuar de tal manera que hace que la expectativa se convierta en realidad.
Pues bien, me parece que el campo de la investigación en educación ambiental, al menos en México, ha sido una profecía autocumplida, cuando vemos a la distancia que, pese a la precariedad, en estos cinco lustros se han creado más de una decena de programas académicos y organizaciones de educadores ambientales. Vulnerables y todo, pero ahí están.
Diferentes posgrados han establecido líneas de investigación, salidas terminales en educación ambiental o simplemente aceptan proyectos en este campo, sin problema alguno. Hay, por otro lado, dieciocho cuerpos académicos registrados en la SEP vinculados con la educación ambiental.
En la década de los noventa organizamos los dos primeros congresos iberoamericanos que han continuado hasta el más reciente, el sexto, que se celebró en Argentina en 2009. ¿Es su continuidad incierta? Sí, pero pese a todas las contingencias de cambio gubernamental y que en América Latina son muchas, los congresos iberoamericanos se han hecho y lucharemos porque se sigan celebrando.
También hemos realizado una gran cantidad de eventos nacionales, estatales, regionales, locales, temáticos, cuyo número ni siquiera me atrevo a sugerir, ante el desconocimiento del esfuerzo realizado en todo el país. Y eso, a pesar del severo retroceso sufrido durante la primera mitad de la década pasada.
La educación ambiental para la sustentabilidad se ha posicionado dentro de la Secretaría de Educación Pública. Hoy, nadie discute como antaño sobre la importancia de darle a este campo una presencia creciente en planes y programas de estudio en todos los niveles y modalidades educativas. Y se reconoce que la formación docente en este campo es de una alta prioridad. Hasta el Programa Integral de Fortalecimiento Institucional (PIFI) de la SEP a partir de 2010, no sólo admite sino promueve la programación de actividades de educación ambiental.
El Consejo Mexicano de Investigación Educativa reconoce a la investigación ambiental para la sustentabilidad como una de sus 17 áreas de investigación y es creciente el número de proyectos que solicitan recursos de los diversos fondos mixtos, sectoriales e institucionales del Conacyt.
Además, la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales creó el Consejo Nacional de la Educación Ambiental para la Sustentabilidad para apoyar las políticas públicas en la materia y emitir recomendaciones a la institución, en la aplicación, evaluación y actualización de la Estrategia de Educación Ambiental para la Sustentabilidad en México, una de cuyas funciones específicas es justamente promover la integración y ejecución de investigaciones en materia de educación ambiental.
Pero no todo ha estado bien. Las redes regionales desaparecieron durante la década de los años noventa; los programas académicos mantienen una inestabilidad constitutiva y algunos han incurrido en serios problemas de calidad; en la SEP predomina una representación social de la educación ambiental de tipo naturalista; la Academia Nacional de Educación Ambiental y el Complexus no acaban de posicionarse y han atravesado difíciles momentos de continuidad, etc. etc.
Pero sobre todo, no hemos logrado modificar sustantivamente actitudes y comportamientos sociales en torno de asuntos clave como la basura, el agua, la energía, la desforestación, el consumo, y por supuesto que los problemas siguen avanzando. Que esto no ha sido responsabilidad únicamente de la educación ambiental. Es cierto. Pero el argumento no sirve de consuelo.
En el marco de la globalización del modelo neoliberal en boga, el reto de la educación ambiental se parece mucho al mito de Sísifo.
El mito de Sísifo es el nombre de un ensayo filosófico de Albert Camus, que proviene de un atribulado personaje de la mitología griega y da origen a una metáfora sobre el esfuerzo inútil e incesante del ser humano, en el cual nuestras vidas son insignificantes y no tienen más valor que lo que hacemos día a día.
Sísifo, al igual que Prometeo, hizo enfadar al Olimpo por su impío desprecio hacia los dioses, su odio a la muerte y su apasionamiento por la vida.  Ello le valió sufrir un suplicio indecible y perpetuo. Su condena fue perder la vista y empujar eternamente un peñasco gigante cuesta arriba por una montaña hasta la cima, sólo para que por su propio peso volviese a caer rodando hasta el valle, y así por secula seculorum.
En su infinita crueldad, los dioses consideraron que no había castigo más terrible que el trabajo absurdo y sin esperanza.
Camus plantea su tesis de lo absurdo, cuando el ser humano se hace consciente de la magnitud de su miserable condición y de la completa futilidad de su vida para transformar y comprender al mundo, confrontándose todo el tiempo a esta sinrazón.
Pero precisamente esa rebeldía de encararse a lo absurdo  ̶ central en el pensamiento de Camus  ̶ , hace posible dotar a la vida de sentido para vivir según los límites de cada quien y hallar placer en una actividad inútil acumulando experiencias.
En su ensayo, Camus afirma que Sísifo experimenta la libertad durante un breve instante, cuando ha terminado de empujar el peñasco hasta la cumbre y aún no tiene que comenzar de nuevo desde abajo. En ese punto, Camus decía que Sísifo, pese a ser ciego, sabía que el paisaje estaba ahí y esa convicción debía haberla encontrado gratificante.

“...dejo a Sísifo al pie de la montaña […] cada fragmento mineral de esta montaña llena de oscuridad, forma por sí solo el mundo. El esfuerzo mismo para llegar a las cimas basta para llenar el corazón de un hombre. Hay que imaginarse a Sísifo dichoso”. (Camus, 1999).

Para Camus, el hombre es realmente dichoso y vive plenamente cuando comprende su finitud y sabe que ha vivido no como ha de ser según los códigos deontológicos, sino como pudo ser y eso lo libra de un fardo enorme de responsabilidades y de culpas.
Esa me parece que ha sido la madre de todas las batallas de los educadores ambientales, empujar permanentemente esa pesada carga para formar valores, actitudes y comportamientos sensatos y amorosos con nuestro ambiente, hasta donde podamos, todo para que la televisión, el mercado y el estilo de vida la hagan desplomarse nuevamente y, al igual que Sísifo, reiniciar al día siguiente la interminable labor.
Es el mismo drama de la tela de Penélope que se narra en la epopeya de la Odisea, lo que se había tejido de día se desteje de noche con una hora frente al televisor.

¿Cuáles son nuestros mayores desafíos actuales en la educación ambiental?

Más allá de las perturbaciones causadas por la aparición forzada de la educación para el desarrollo sustentable, lo cierto es que el campo de la educación ambiental necesita fortalecer sus puentes con otras luchas en busca de una mayor justicia social, tales como la educación para la salud, para el ejercicio de la democracia, para la equidad de género, para la paz, para los derechos humanos, para el consumo sustentable y la educación intercultural, entre otras. Nuestro campo tiene y siempre ha tenido mucho más potencial en las interfases de estos campos afines que en el de la educación para la conservación ecológica, si bien es claro que ésta es una vertiente que debe mantener su propia trayectoria.[2]

Esa es quizá la mayor fortaleza de la educación ambiental practicada por numerosos grupos en América Latina. Una educación ambiental profundamente implicada con los movimientos sociales y las reivindicaciones políticas que se oponen, desde diferentes trincheras, al totalitarismo hegemónico de una materialista visión del mundo en la que sólo cabe el 28% que es parte de la sociedad de consumo global. Una visión del mundo que en su desmesura, soberbia y altivez incuba su propio némesis.
Desarrollar investigación en un campo así es un desafío mayúsculo, por la intrínseca complejidad que subyace en la construcción misma de los objetos de pesquisa y sus interrogaciones. Pero ese es el horizonte hacia el que debemos dirigirnos. Nada en el mundo actual es como antes. Y cuando digo antes no me refiero al siglo pasado.
Según algunas estimaciones la primera duplicación del conocimiento llevó 1750 años; la segunda 150 años; la tercera 50 años; la cuarta, la de principios del milenio, 10 años y para 2020, sólo se necesitarán 73 días. El periodo transcurrido desde que el conocimiento se adquiere hasta que se vuelve obsoleto se ha reducido en forma exponencial. De acuerdo con la Sociedad Estadounidense de Capacitación y Documentación (SATD, por sus siglas en inglés), la mitad de lo que se conoce hoy no se conocía hace 10 años, es decir, cuando celebrábamos el primer congreso nacional de investigación en educación ambiental en 1999. Si bien el conocimiento disponible en el mundo es el doble que hace 10 años, ahora se duplica cada 18 meses (Siemens, 2005; González, 2004).
Si esto es así, nuestra misión como educadores no es inducir la construcción de una gran cantidad de conocimientos, sino calidad de conocimientos. Esto implica centrar los esfuerzos en el aprendizaje de principios, criterios, lenguajes, capacidades y valores.
En esta línea, la televisión se convierte en nuestra contradicción principal. Los medios, pero sobre todo la televisión y los juegos de video, engullen identidades, sociedades y modos de vida y nos devuelven  sujetos alienados, amodorrados, conformes, indolentes y vencidos. Sujetos con vidas colonizadas por la maquinaria propagandística y el marketing de las corporaciones del entretenimiento y el ocio. En ellos se desvanece progresivamente su pertenencia a una comunidad de vida no sólo biológica, sino incluso social. ¿Cómo educar ambientalmente a alguien así?
Ese efecto de los medios es un resultado tangible de la aplicación del manual de programación social titulado “Armas silenciosas para guerras tranquilas” (Sin autor, 1979). En este manual se describe descarnadamente una estrategia de dominación para que la masa mentecata no cuestione la soberanía de la élite.

“Las armas silenciosas disparan situaciones, en vez de balas … No producen ruido de explosión evidente, no causan daño físico o mentales aparentes, ni interfieren de manera evidente con la vida cotidiana social de cada uno…
El público no comprende esta arma, y por lo mismo no puede creer que realmente está siendo atacado y sometido.
El público puede sentir instintivamente que algo no va bien, pero en razón de la naturaleza técnica de esta arma silenciosa, no puede expresar su sentimiento de manera racional, o tomar en sus manos el problema con inteligencia. En consecuencia, no sabe cómo gritar por ayuda, y cómo asociarse con otros para defenderse.
Cuando un arma silenciosa es aplicada gradualmente, las personas se ajustan, se adaptan a su presencia, y aprenden a tolerar sus repercusiones sobre sus vidas hasta que la presión (psicológica vía económica) se vuelve demasiado grande y se hunden.
En consecuencia, el arma silenciosa es un tipo de arma biológica. Ataca la vitalidad, las opciones y la movilidad de los individuos de una sociedad, conociendo, entendiendo, manipulando y atacando sus fuentes de energía social y natural, así como sus fuerzas y debilidades físicas, mentales y emocionales. (Sin autor, 1979, pp. 8-9).

Con mis disculpas por una cita tan extensa, esta estrategia se sintetiza en cuatro puntos medulares:

ü  Medios de comunicación: Mantener al público adulto distraído, lejos de los verdaderos problemas sociales, cautivándolo con asuntos banales, sin importancia real.
ü  Educación: Mantener al público ignorante de las verdaderas matemáticas, de la verdadera economía, de las verdaderas leyes y de la verdadera historia.
ü  Espectáculos: Mantener el entretenimiento público por debajo del nivel del sexto grado de educación primaria.
ü  Trabajo: Mantener al público ocupado, ocupado, ocupado; sin tiempo para pensar, de vuelta a la granja con los demás animales.
Tabla de estrategias

Haga esto
Para obtener esto
Mantener el público ignorante
Menos organización pública
Crear preocupaciones e inquietud
Menos defensas
Atacar el núcleo familiar
Controlar la educación de la juventud
Reducir la liquidez y dar más créditos o indemnizaciones
Más dejar hacer, dejar pasar y proveerse de más datos
Conformismo social
Simplicidad en la programación informativa
Minimizar las quejas contra los impuestos
Máxima cantidad de datos económicos, mínimos problemas restrictivos
Estabilizar el consentimiento
Simplicidad de los coeficientes
Establecer condiciones-marco
Simplicidad de los problemas, solución de las ecuaciones diferenciales
Apretar agendas
Menos desfases y opacidad en los datos obtenidos
Maximizar el control
Resistencia mínima al control

Fuente: Sin autor (1978) Armas silenciosas para guerras tranquilas.
¿Les suena familiar? ¿Explica algo de lo que actualmente ocurre?

La última referencia al trabajo, alude a la célebre novela satírica de George Orwell (2003), publicada originalmente en 1945, en la que un grupo de animales de granja, encabezado por los cerdos, expulsan a los humanos que la manejaban y crean un sistema de gobierno propio que acaba convirtiéndose en una tiranía brutal.
Unos años más tarde, en 1949, el mismo Orwell publica 1984,  una novela política de ficción distópica. La obra introdujo los conceptos del omnipresente y vigilante Gran Hermano, de la ubicua policía del pensamiento y de la neolengua, en la que se reduce y se transforma el léxico con fines represivos, con base en el principio de que lo que no está en la lengua, no puede ser pensado.
¿Creen Uds. que estoy totalmente perdido? ¿Creen que ya no estoy hablando de educación ambiental?
Noam Chomsky, una de las conciencias vivas del pueblo norteamericano, rescata el análisis de las armas silenciosas para guerras tranquilas y elabora un decálogo de estrategias de manipulación mediática. La primera de ellas es la de la distracción a la que ya nos hemos referido.
La séptima es la de “Mantener al público en la ignorancia y la mediocridad”.  Esta estrategia consiste en hacer que el público sea incapaz de comprender las tecnologías y los métodos empleados para su control y dominio. Para lograrlo, la calidad de la educación ofrecida a las clases sociales inferiores ha de ser lo más mediocre posible, de forma tal

“que la brecha de ignorancia que aísla a las clases inferiores de las clases superiores sea y permanezca incomprensible para las clases inferiores. Con tal discapacidad, incluso los mejores elementos de las clases inferiores tienen pocas expectativas de poder salir del lote que les ha sido asignado en la vida. Esta forma de esclavitud es esencial para mantener un cierto nivel de orden social, paz y tranquilidad para las clases superiores dirigentes”. (Sin autor, 1979). 
Cualquier semejanza entre esta estrategia y la también distópica sociedad descrita en 1932 por Aldous Huxley (2007) en su Mundo Feliz, es pura coincidencia.
A eso hemos llegado, queridos educadores y educadoras ambientales. Por eso debemos actuar sobre un asunto que persiste como un punto ciego en nuestro quehacer. Me explico. Durante más de dos décadas, aquí en México, hemos estado ejerciendo presión para que la Secretaría de Educación Pública incorpore la educación ambiental en los planes y programas de estudio, materiales didácticos y demás auxiliares de enseñanza de los distintos niveles y modalidades educativas que se ofrecen en el país. Hemos tenido un éxito relativo en este afán y hoy por hoy el medio ambiente y en parte también la sustentabilidad se han posicionado mejor en la educación formal.

Pero entonces ¿Por qué sigue siendo todo tan difícil? ¿Por qué incluso una medida tan justificada como la “deschatarrización” en las escuelas encuentra tantas resistencias, no sólo de las empresas de comida chatarra y de quienes hacen negocio con ellas lo cual es comprensible, sino de los propios niños, de los padres de familia, de los maestros?

La respuesta es multifactorial y se inscribe en varios de los asuntos a los que he aludido o abordado en esta ya muy larga presentación: la televisión, el sindicato, la SEP, etc., etc. Pero también -y este es el último punto que quiero tratar hoy con Uds.- al hecho de que de muy poco sirve incorporar contenidos, enfoques, dimensiones, prácticas y lo que gusten y manden sobre el medio ambiente y la sustentabilidad a un currículum y un sistema escolar que es sustancialmente  antitético con la educación ambiental.

Afirmo eso no sólo porque el currículum y los rituales escolares están plagados de contenidos y valores  que promueven estilos de vida insustentables, por lo que los parches no logran inmunizar contra sus perniciosos efectos, sino porque el currículum escolar tal y como ha llegado hasta nosotros ya ha perdido sus posibilidades heurísticas; ya ha perdido toda su capacidad de dar respuesta a una formación como la que se requiere ahora; porque así como está es más un instrumento de domesticación que de liberación y por ende, es más parte del problema que de la solución.

Que hay escuelas que han logrado romper con esta trayectoria. De acuerdo. Pero son más la excepción que la regla.

Lo anterior puede sonar extraño en boca de alguien que ha pasado la mayor parte de su vida ligado a instituciones educativas, pero insisto aunque las críticas no son nuevas los retos del mundo contemporáneo son considerablemente más complejos. Ivan Illich (1971) en la década de los años setenta planteó un conjunto de denuncias que hoy siguen siendo radicalmente más vigentes que nunca. En la introducción escrita para la edición de 1978 de su obra La Sociedad Desescolarizada, escribió:

“La educación universal por medio de la escolarización no es factible...
Ni unas nuevas actitudes de los maestros hacia sus alumnos, ni la proliferación de nuevas herramientas y métodos físicos o mentales (en el aula o en el dormitorio), ni, finalmente, el intento de ampliar la responsabilidad del pedagogo hasta que englobe las vidas completas de sus alumnos, darán por resultado la educación universal. La búsqueda actual de nuevos embudos educacionales debe revertirse hacia la búsqueda de su antípoda institucional: tramas educacionales que aumenten la oportunidad para que cada cual transforme cada momento de su vida en un momento de aprendizaje, de compartir, de interesarse” (Illich, 1978, p.7).

Eso lo podría hacer la escuela o al menos contribuir significativamente a ello, pero no lo hace o lo hace en una mínima expresión, casi por serendipia. Por eso es que Illich (1978, p.9) sostiene que “la institucionalización de los valores conduce inevitablemente a la contaminación física, a la polarización social y a la impotencia psicológica: tres dimensiones en un proceso de degradación global y de miseria modernizada”. Esto significa que la idea de una escuela proveedora de servicios educativos de calidad para la población en su conjunto descansa en un mito.
También Erick Fromm (1980) en "El Corazón del Hombre", caracterizaba al hombre actual por su pasividad, identificado con los valores del mercado porque se ha convertido en una mercancía, por lo que el éxito y el fracaso dependen de saber invertir la propia vida y el mundo es sólo un medio para saciar su apetito. Según Fromm, la sociedad de consumo requiere de sujetos dóciles, con deseos arraigados en lo material, con patrones de consumo estandarizados y que puedan ser fácilmente influidos y anticipados. Sujetos que crean ser libres  e independientes, que no estén regidos por principios morales y que sean predecibles, influenciables, amoldables, para mantener la máquina social en movimiento. Es el mismo hombre unidimensional de Marcuse (1965), alienado y, por ende, incapaz de distinguir entre necesidades reales y ficticias inducidas por la sociedad industrial; víctima de su impotencia y de la opresión de una sociedad y un sistema capaz de digerir cualquier forma de oposición que surja en su interior.
Nada más lejos de mi intención que terminar esta presentación con un dejo de desesperanza, por lo que quiero mencionar a algunos hombres y mujeres que no se han rendido ante la fatalidad y me sirven de inspiración, como
v  Paulo Freire, quien con su educación como práctica de la libertad para transformar un mundo que no es, sino que está siendo, ha impulsado y lo sigue haciendo una pedagogía de la pregunta para decir la palabra verdadera.
v  Elinor Ostrom, quien demostró cómo los bienes comunes pueden ser administrados de forma efectiva por un grupo de usuarios, instituyendo prácticas colectivas que han permitido la preservación de recursos comunes y han evitado el colapso ecológico.
v  Amartya Sen, con su propuesta centrada en la ética para el desarrollo de capacidades y la libertad positiva como la base de la evaluación del éxito y el fracaso y como el determinante de la iniciativa individual y la eficacia social en un ambiente de confianza.
v  Wangari Maathai, con su movimiento cinturón verde en Kenia,
v  Muhammad Yunus y su Banco Grameen de microcréditos para pobres que impulsan el desarrollo social desde abajo.
v  Raúl Hernández Garcíadiego, con su galardonado proyecto de Agua para Siempre.
La poetisa nicaragüense Gioconda Belli (1987) dice que:
En todas las profecías
está escrita la destrucción del mundo.
Todas las profecías cuentan
Que el hombre creará su propia destrucción.
Pero los siglos y la vida
que siempre se renueva,
engendraron también una generación
de amadores y soñadores;
hombres y mujeres que no soñaron
con la destrucción del mundo,
sino con la construcción del mundo
de las mariposas y los ruiseñores.




Referencias
Belli, Gioconda (1987) “Los portadores de sueños”, en: Belli, Gioconda. De la costilla de Eva. Managua, Nueva Nicaragua.
Camus Albert (1999). El mito de Sísifo. Trad. Esther Benítez. Madrid, Alianza Editorial.
Fromm, Erick  (1980). El corazón del hombre. Madrid, Fondo de Cultura Económica de España.
Gonzalez, Cathy. (2004). The role of Blended Learning in the world of technology. Benchmarks Online http://www.unt.edu/benchmarks/archives/2004/september04/eis.htm (Acceso: 3 de febrero de 2011).
Huxley, Aldous (2007). Un mundo feliz. Barcelona, Editorial Edhasa (Colección Diamante).
Illich, Iván (1971). Deschooling society. New York, Harper & Row. En castellano: (1974, 1978) La sociedad desescolarizada. Barcelona, Barral Editores.
Long, Norman (1999). The multiple optic of interface analysis. UNESCO Background Paper on Interface Analysis. http://lanic.utexas.edu/project/etext/llilas/claspo/workingpapers/multipleoptic.pdf (Acceso: 25 de enero de 2011).
Marcuse, Herbert (1965). El hombre unidimensional. Ensayo sobre la ideología de la sociedad industrial avanzada. México, Editorial Joaquín Mortiz.
Orwell, George (2003). Rebelión en la granja. Barcelona, Ediciones Destino (Colección Áncora y Delfín).
Orwell, George (2009). 1984. Barcelona, Ediciones Destino (Colección Áncora y Delfín).
Ostrom, Elinor (1990). Governing the Commons: The Evolution of Institutions for Collective Action. Cambridge, Cambridge University Press.
Pérez Miranda, Rafael J. (2010). “Crisis y políticas de investigación científica en México”, en: Díaz Müller, Luis T. (coord.). V Jornadas: Crisis y derechos humanos. México, UNAM-Instituto de Investigaciones Jurídicas.  pp. 159-179. http://www.bibliojuridica.org/libros/6/2897/10.pdf
Rosenthal, Robert & Jacobson, Lenore (1968). “Pygmalion in the classroom”. The Urban Review, 3(1), pp.16-20.
Rosenthal, Robert (2010). “Pygmalion Effect”, en: Corsini Encyclopedia of Psychology. pp. 1–2.
Siemens, George. (2005). Connectivism: A Learning Theory for the Digital Age. International Journal of Instructional Technology and Distance Learning, 2(1), Jan. http://itdl.org/journal/jan_05/article01.htm (Acceso: 2 de febrero de 2011).
Sin autor (1979) Armas silenciosas para guerras tranquilas. Manual introductorio en programación.  Operations Research Technical Manual. TM-SW7905.1. Publicado como anexo por: Cooper, William (1991) Behold a pale horse. Light Technology Publishing. Véase: http://uruguay.indymedia.org/uploads/2009/08/armas_silenciosas_para_guerras_tranquilas.pdf (Acceso: 27 de diciembre de 2010).



[1] Instituto de Investigaciones en Educación de la Universidad Veracruzana.
Conferencia magistral presentada el 26 de marzo de 2011 en el II Congreso Nacional de Investigación en Educación Ambiental, celebrado en Puebla, Puebla, México.
[2] Uso el concepto de interfase en el sentido sociológico de Long (1999) como construcciones que permiten explorar políticas y asuntos de participación y empoderamiento, enfatizando el proceso de construcción de respuestas y entendimiento de los diferentes actores en sus encuentros, luchas y exclusiones que ocurren en la interfase de sus campos, en vez de acudir a explicaciones estructurales e institucionales.