lunes, 28 de marzo de 2011

La investigación en educación ambiental en México: Entre Sísifo y Pigmalión

Edgar González Gaudiano[1]
Desde que asistí por vez primera a las Conferencias anuales de la Asociación Norteamericana de Educación Ambiental, en San Antonio, Texas, en 1990, me llamaron la atención lo que ellos denominan como keynote speaker y que en español de acuerdo a nuestras tradiciones llamamos conferencista magistral. Quiero confesar que concuerdo más con el sentido que contiene la expresión en inglés. Primero, porque el concepto de conferencia magistral es un arcaísmo que ha vaciado su significado original. Como señala la Wikipedia, ahora: 
“Se denomina conferencia magistral a las conferencias dadas por gente conocida o importante. El contenido de la conferencia no tiene que ser estrictamente brillante, bien estructurado o basado en una investigación profunda. Ha bastado con que un político importante, un empresario reconocido o un escritor famoso convoquen a su conferencia, para que los medios la califiquen como tal.”

Segundo, la expresión keynote denota una idea fuerza, la clave de un discurso. Nuevamente la wikipedia señala:

“A keynote in literature, music, or public speaking establishes the principal underlying theme... The keynote will lay down the framework for the following programme of events or convention agenda... It will also flag up a larger idea — a literary story, an individual musical piece or event.”

Intentaré aportar algunas claves, aunque lo cierto es que cuando fui invitado a hablar en este significativo evento, tuve muchas dudas sobre el tema de mi intervención. Sin embargo, considerando que compartiría el escenario de estas conferencias con dos estrellas rutilantes como Lucie Sauvé y  Silvia Schmelkes que suelen hacer aportaciones muy aplaudidas, pensé que de los tres era el único que podía hacer una reflexión sobre la complicada trayectoria que ha seguido la investigación en educación ambiental en nuestro país y sus principales desafíos. Eso me decidió.

La trayectoria en el contexto nacional
El registro más remoto de una investigación en educación ambiental en el país se remonta al estudio realizado por el CESU de la UNAM (hoy IISUE) sobre los contenidos y enfoques sobre el medio ambiente en los libros de texto y programas de estudio de educación preescolar, primaria, secundaria y normal entre 1986 y 1987. Esto es, hablamos de 25 años del inicio de la investigación en educación ambiental en México.
¿Es mucho tiempo para lo que hemos conseguido? ¿Es poco?
Es difícil decirlo, aunque mi opinión personal, sin ser indulgente, es que es poco tiempo dadas las facilidades existentes para la investigación social y educativa en el país y la propia juventud y posicionamiento del campo en las políticas públicas.
Creo que estamos de acuerdo que un campo de conocimiento no existe sin su correspondiente investigación. Es el factótum de su existencia. Por eso es tan preocupante desde hace algunas décadas que nuestro país invierta alrededor de 0.4 % del PIB nacional en investigación científica y tecnológica y eso que existe una ley que mandata al gobierno a aplicar al menos el 1%. Según Pérez Miranda (2010), en la OCDE somos el país que menos invierte en Investigación y Desarrollo, donde el promedio del grupo de países es de 2.24%, el de la Unión Europea es de 1.85% y el del Grupo de los 7, es de 2.47%.
Comparando con países de la región, frente a nuestro 0.36% del PIB en 2007 Argentina invirtió 0.51 y Brasil 1.11%. Y con los países que tenemos mayor intercambio comercial, Estados Unidos 2.66%, Canadá 1.88% y España 1.27%. Gastamos 40 dólares por habitante, algo similar a lo que gasta Turquía, mientras en USA se invierten 978 y en Corea 560.  Eso en un contexto demográfico en el que el Censo Nacional de Población y Vivienda (INEGI, 2010) señala que en el país hay 54.1 millones de personas menores de 25 años.
En este contexto de tanta precariedad, es comprensible que la investigación científica en todas las áreas de conocimiento tenga grandes dificultades para su despliegue. La educación ambiental no es la excepción. Más aún cuando la propia educación ambiental sigue viéndose como un instrumento secundario de la gestión ambiental, porque a los instrumentos sociales de la gestión ambiental en los hechos se les confiere un menor peso que los instrumentos técnicos.
Asimismo y del lado de la política educativa, aunque se ha ganado mucho terreno en los últimos quince años, la verdad es que la educación ambiental no ha terminado de posicionarse bien en esa zona de desastre que es la educación de este país, secuestrada por intereses mezquinos y el corporativismo político.
Donde se han logrado los mejores avances es en el marco de la educación superior donde destaca el empeño de grupos académicos muy bien identificados, pero que continúan siendo muy reducidos considerando la magnitud e importancia del problema.    
Por ello, podría decirse que la situación de la investigación en educación ambiental en el país, se parece mucho al mito griego de Pigmalión.
Pigmalión era un escultor que durante mucho tiempo buscó una mujer con quien casarse. Tenía una sola condición: debía ser perfecta. Obviamente no la encontró. Frustrado decidió mejor quedarse soltero y dedicarse a crear sus esculturas. Una de ellas, la de una mujer a la que nombró Galatea, era tan hermosa y respondía tanto a su patrón estético que Pigmalión se enamoró de ella.
Por la intervención de Afrodita, Pigmalión soñó que la estatua cobraba vida y que al tocarla podía sentir la tibieza de su trémulo cuerpo y cómo éste vibraba a su contacto. La diosa conmovida por la intensidad de la pasión del escultor convirtió a Galatea en un ser humano.
El mito ha dado origen a lo que se conoce como efecto Pigmalión, mediante el cual las personas alcanzan lo que se proponen por la convicción que tienen de conseguirlo. En el proceso educativo, Rosenthal y Jacobson (1968) demostraron en un estudio clásico que Rosenthal (2010) ha puesto al día, que las expectativas y previsiones de los profesores sobre la forma en que se conducirán los alumnos, son determinantes de las conductas de éstos.
Al efecto Pigmalión se le conoce también como profecía autocumplida, y se entiende como una expectativa que incita a las personas a actuar de tal manera que hace que la expectativa se convierta en realidad.
Pues bien, me parece que el campo de la investigación en educación ambiental, al menos en México, ha sido una profecía autocumplida, cuando vemos a la distancia que, pese a la precariedad, en estos cinco lustros se han creado más de una decena de programas académicos y organizaciones de educadores ambientales. Vulnerables y todo, pero ahí están.
Diferentes posgrados han establecido líneas de investigación, salidas terminales en educación ambiental o simplemente aceptan proyectos en este campo, sin problema alguno. Hay, por otro lado, dieciocho cuerpos académicos registrados en la SEP vinculados con la educación ambiental.
En la década de los noventa organizamos los dos primeros congresos iberoamericanos que han continuado hasta el más reciente, el sexto, que se celebró en Argentina en 2009. ¿Es su continuidad incierta? Sí, pero pese a todas las contingencias de cambio gubernamental y que en América Latina son muchas, los congresos iberoamericanos se han hecho y lucharemos porque se sigan celebrando.
También hemos realizado una gran cantidad de eventos nacionales, estatales, regionales, locales, temáticos, cuyo número ni siquiera me atrevo a sugerir, ante el desconocimiento del esfuerzo realizado en todo el país. Y eso, a pesar del severo retroceso sufrido durante la primera mitad de la década pasada.
La educación ambiental para la sustentabilidad se ha posicionado dentro de la Secretaría de Educación Pública. Hoy, nadie discute como antaño sobre la importancia de darle a este campo una presencia creciente en planes y programas de estudio en todos los niveles y modalidades educativas. Y se reconoce que la formación docente en este campo es de una alta prioridad. Hasta el Programa Integral de Fortalecimiento Institucional (PIFI) de la SEP a partir de 2010, no sólo admite sino promueve la programación de actividades de educación ambiental.
El Consejo Mexicano de Investigación Educativa reconoce a la investigación ambiental para la sustentabilidad como una de sus 17 áreas de investigación y es creciente el número de proyectos que solicitan recursos de los diversos fondos mixtos, sectoriales e institucionales del Conacyt.
Además, la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales creó el Consejo Nacional de la Educación Ambiental para la Sustentabilidad para apoyar las políticas públicas en la materia y emitir recomendaciones a la institución, en la aplicación, evaluación y actualización de la Estrategia de Educación Ambiental para la Sustentabilidad en México, una de cuyas funciones específicas es justamente promover la integración y ejecución de investigaciones en materia de educación ambiental.
Pero no todo ha estado bien. Las redes regionales desaparecieron durante la década de los años noventa; los programas académicos mantienen una inestabilidad constitutiva y algunos han incurrido en serios problemas de calidad; en la SEP predomina una representación social de la educación ambiental de tipo naturalista; la Academia Nacional de Educación Ambiental y el Complexus no acaban de posicionarse y han atravesado difíciles momentos de continuidad, etc. etc.
Pero sobre todo, no hemos logrado modificar sustantivamente actitudes y comportamientos sociales en torno de asuntos clave como la basura, el agua, la energía, la desforestación, el consumo, y por supuesto que los problemas siguen avanzando. Que esto no ha sido responsabilidad únicamente de la educación ambiental. Es cierto. Pero el argumento no sirve de consuelo.
En el marco de la globalización del modelo neoliberal en boga, el reto de la educación ambiental se parece mucho al mito de Sísifo.
El mito de Sísifo es el nombre de un ensayo filosófico de Albert Camus, que proviene de un atribulado personaje de la mitología griega y da origen a una metáfora sobre el esfuerzo inútil e incesante del ser humano, en el cual nuestras vidas son insignificantes y no tienen más valor que lo que hacemos día a día.
Sísifo, al igual que Prometeo, hizo enfadar al Olimpo por su impío desprecio hacia los dioses, su odio a la muerte y su apasionamiento por la vida.  Ello le valió sufrir un suplicio indecible y perpetuo. Su condena fue perder la vista y empujar eternamente un peñasco gigante cuesta arriba por una montaña hasta la cima, sólo para que por su propio peso volviese a caer rodando hasta el valle, y así por secula seculorum.
En su infinita crueldad, los dioses consideraron que no había castigo más terrible que el trabajo absurdo y sin esperanza.
Camus plantea su tesis de lo absurdo, cuando el ser humano se hace consciente de la magnitud de su miserable condición y de la completa futilidad de su vida para transformar y comprender al mundo, confrontándose todo el tiempo a esta sinrazón.
Pero precisamente esa rebeldía de encararse a lo absurdo  ̶ central en el pensamiento de Camus  ̶ , hace posible dotar a la vida de sentido para vivir según los límites de cada quien y hallar placer en una actividad inútil acumulando experiencias.
En su ensayo, Camus afirma que Sísifo experimenta la libertad durante un breve instante, cuando ha terminado de empujar el peñasco hasta la cumbre y aún no tiene que comenzar de nuevo desde abajo. En ese punto, Camus decía que Sísifo, pese a ser ciego, sabía que el paisaje estaba ahí y esa convicción debía haberla encontrado gratificante.

“...dejo a Sísifo al pie de la montaña […] cada fragmento mineral de esta montaña llena de oscuridad, forma por sí solo el mundo. El esfuerzo mismo para llegar a las cimas basta para llenar el corazón de un hombre. Hay que imaginarse a Sísifo dichoso”. (Camus, 1999).

Para Camus, el hombre es realmente dichoso y vive plenamente cuando comprende su finitud y sabe que ha vivido no como ha de ser según los códigos deontológicos, sino como pudo ser y eso lo libra de un fardo enorme de responsabilidades y de culpas.
Esa me parece que ha sido la madre de todas las batallas de los educadores ambientales, empujar permanentemente esa pesada carga para formar valores, actitudes y comportamientos sensatos y amorosos con nuestro ambiente, hasta donde podamos, todo para que la televisión, el mercado y el estilo de vida la hagan desplomarse nuevamente y, al igual que Sísifo, reiniciar al día siguiente la interminable labor.
Es el mismo drama de la tela de Penélope que se narra en la epopeya de la Odisea, lo que se había tejido de día se desteje de noche con una hora frente al televisor.

¿Cuáles son nuestros mayores desafíos actuales en la educación ambiental?

Más allá de las perturbaciones causadas por la aparición forzada de la educación para el desarrollo sustentable, lo cierto es que el campo de la educación ambiental necesita fortalecer sus puentes con otras luchas en busca de una mayor justicia social, tales como la educación para la salud, para el ejercicio de la democracia, para la equidad de género, para la paz, para los derechos humanos, para el consumo sustentable y la educación intercultural, entre otras. Nuestro campo tiene y siempre ha tenido mucho más potencial en las interfases de estos campos afines que en el de la educación para la conservación ecológica, si bien es claro que ésta es una vertiente que debe mantener su propia trayectoria.[2]

Esa es quizá la mayor fortaleza de la educación ambiental practicada por numerosos grupos en América Latina. Una educación ambiental profundamente implicada con los movimientos sociales y las reivindicaciones políticas que se oponen, desde diferentes trincheras, al totalitarismo hegemónico de una materialista visión del mundo en la que sólo cabe el 28% que es parte de la sociedad de consumo global. Una visión del mundo que en su desmesura, soberbia y altivez incuba su propio némesis.
Desarrollar investigación en un campo así es un desafío mayúsculo, por la intrínseca complejidad que subyace en la construcción misma de los objetos de pesquisa y sus interrogaciones. Pero ese es el horizonte hacia el que debemos dirigirnos. Nada en el mundo actual es como antes. Y cuando digo antes no me refiero al siglo pasado.
Según algunas estimaciones la primera duplicación del conocimiento llevó 1750 años; la segunda 150 años; la tercera 50 años; la cuarta, la de principios del milenio, 10 años y para 2020, sólo se necesitarán 73 días. El periodo transcurrido desde que el conocimiento se adquiere hasta que se vuelve obsoleto se ha reducido en forma exponencial. De acuerdo con la Sociedad Estadounidense de Capacitación y Documentación (SATD, por sus siglas en inglés), la mitad de lo que se conoce hoy no se conocía hace 10 años, es decir, cuando celebrábamos el primer congreso nacional de investigación en educación ambiental en 1999. Si bien el conocimiento disponible en el mundo es el doble que hace 10 años, ahora se duplica cada 18 meses (Siemens, 2005; González, 2004).
Si esto es así, nuestra misión como educadores no es inducir la construcción de una gran cantidad de conocimientos, sino calidad de conocimientos. Esto implica centrar los esfuerzos en el aprendizaje de principios, criterios, lenguajes, capacidades y valores.
En esta línea, la televisión se convierte en nuestra contradicción principal. Los medios, pero sobre todo la televisión y los juegos de video, engullen identidades, sociedades y modos de vida y nos devuelven  sujetos alienados, amodorrados, conformes, indolentes y vencidos. Sujetos con vidas colonizadas por la maquinaria propagandística y el marketing de las corporaciones del entretenimiento y el ocio. En ellos se desvanece progresivamente su pertenencia a una comunidad de vida no sólo biológica, sino incluso social. ¿Cómo educar ambientalmente a alguien así?
Ese efecto de los medios es un resultado tangible de la aplicación del manual de programación social titulado “Armas silenciosas para guerras tranquilas” (Sin autor, 1979). En este manual se describe descarnadamente una estrategia de dominación para que la masa mentecata no cuestione la soberanía de la élite.

“Las armas silenciosas disparan situaciones, en vez de balas … No producen ruido de explosión evidente, no causan daño físico o mentales aparentes, ni interfieren de manera evidente con la vida cotidiana social de cada uno…
El público no comprende esta arma, y por lo mismo no puede creer que realmente está siendo atacado y sometido.
El público puede sentir instintivamente que algo no va bien, pero en razón de la naturaleza técnica de esta arma silenciosa, no puede expresar su sentimiento de manera racional, o tomar en sus manos el problema con inteligencia. En consecuencia, no sabe cómo gritar por ayuda, y cómo asociarse con otros para defenderse.
Cuando un arma silenciosa es aplicada gradualmente, las personas se ajustan, se adaptan a su presencia, y aprenden a tolerar sus repercusiones sobre sus vidas hasta que la presión (psicológica vía económica) se vuelve demasiado grande y se hunden.
En consecuencia, el arma silenciosa es un tipo de arma biológica. Ataca la vitalidad, las opciones y la movilidad de los individuos de una sociedad, conociendo, entendiendo, manipulando y atacando sus fuentes de energía social y natural, así como sus fuerzas y debilidades físicas, mentales y emocionales. (Sin autor, 1979, pp. 8-9).

Con mis disculpas por una cita tan extensa, esta estrategia se sintetiza en cuatro puntos medulares:

ü  Medios de comunicación: Mantener al público adulto distraído, lejos de los verdaderos problemas sociales, cautivándolo con asuntos banales, sin importancia real.
ü  Educación: Mantener al público ignorante de las verdaderas matemáticas, de la verdadera economía, de las verdaderas leyes y de la verdadera historia.
ü  Espectáculos: Mantener el entretenimiento público por debajo del nivel del sexto grado de educación primaria.
ü  Trabajo: Mantener al público ocupado, ocupado, ocupado; sin tiempo para pensar, de vuelta a la granja con los demás animales.
Tabla de estrategias

Haga esto
Para obtener esto
Mantener el público ignorante
Menos organización pública
Crear preocupaciones e inquietud
Menos defensas
Atacar el núcleo familiar
Controlar la educación de la juventud
Reducir la liquidez y dar más créditos o indemnizaciones
Más dejar hacer, dejar pasar y proveerse de más datos
Conformismo social
Simplicidad en la programación informativa
Minimizar las quejas contra los impuestos
Máxima cantidad de datos económicos, mínimos problemas restrictivos
Estabilizar el consentimiento
Simplicidad de los coeficientes
Establecer condiciones-marco
Simplicidad de los problemas, solución de las ecuaciones diferenciales
Apretar agendas
Menos desfases y opacidad en los datos obtenidos
Maximizar el control
Resistencia mínima al control

Fuente: Sin autor (1978) Armas silenciosas para guerras tranquilas.
¿Les suena familiar? ¿Explica algo de lo que actualmente ocurre?

La última referencia al trabajo, alude a la célebre novela satírica de George Orwell (2003), publicada originalmente en 1945, en la que un grupo de animales de granja, encabezado por los cerdos, expulsan a los humanos que la manejaban y crean un sistema de gobierno propio que acaba convirtiéndose en una tiranía brutal.
Unos años más tarde, en 1949, el mismo Orwell publica 1984,  una novela política de ficción distópica. La obra introdujo los conceptos del omnipresente y vigilante Gran Hermano, de la ubicua policía del pensamiento y de la neolengua, en la que se reduce y se transforma el léxico con fines represivos, con base en el principio de que lo que no está en la lengua, no puede ser pensado.
¿Creen Uds. que estoy totalmente perdido? ¿Creen que ya no estoy hablando de educación ambiental?
Noam Chomsky, una de las conciencias vivas del pueblo norteamericano, rescata el análisis de las armas silenciosas para guerras tranquilas y elabora un decálogo de estrategias de manipulación mediática. La primera de ellas es la de la distracción a la que ya nos hemos referido.
La séptima es la de “Mantener al público en la ignorancia y la mediocridad”.  Esta estrategia consiste en hacer que el público sea incapaz de comprender las tecnologías y los métodos empleados para su control y dominio. Para lograrlo, la calidad de la educación ofrecida a las clases sociales inferiores ha de ser lo más mediocre posible, de forma tal

“que la brecha de ignorancia que aísla a las clases inferiores de las clases superiores sea y permanezca incomprensible para las clases inferiores. Con tal discapacidad, incluso los mejores elementos de las clases inferiores tienen pocas expectativas de poder salir del lote que les ha sido asignado en la vida. Esta forma de esclavitud es esencial para mantener un cierto nivel de orden social, paz y tranquilidad para las clases superiores dirigentes”. (Sin autor, 1979). 
Cualquier semejanza entre esta estrategia y la también distópica sociedad descrita en 1932 por Aldous Huxley (2007) en su Mundo Feliz, es pura coincidencia.
A eso hemos llegado, queridos educadores y educadoras ambientales. Por eso debemos actuar sobre un asunto que persiste como un punto ciego en nuestro quehacer. Me explico. Durante más de dos décadas, aquí en México, hemos estado ejerciendo presión para que la Secretaría de Educación Pública incorpore la educación ambiental en los planes y programas de estudio, materiales didácticos y demás auxiliares de enseñanza de los distintos niveles y modalidades educativas que se ofrecen en el país. Hemos tenido un éxito relativo en este afán y hoy por hoy el medio ambiente y en parte también la sustentabilidad se han posicionado mejor en la educación formal.

Pero entonces ¿Por qué sigue siendo todo tan difícil? ¿Por qué incluso una medida tan justificada como la “deschatarrización” en las escuelas encuentra tantas resistencias, no sólo de las empresas de comida chatarra y de quienes hacen negocio con ellas lo cual es comprensible, sino de los propios niños, de los padres de familia, de los maestros?

La respuesta es multifactorial y se inscribe en varios de los asuntos a los que he aludido o abordado en esta ya muy larga presentación: la televisión, el sindicato, la SEP, etc., etc. Pero también -y este es el último punto que quiero tratar hoy con Uds.- al hecho de que de muy poco sirve incorporar contenidos, enfoques, dimensiones, prácticas y lo que gusten y manden sobre el medio ambiente y la sustentabilidad a un currículum y un sistema escolar que es sustancialmente  antitético con la educación ambiental.

Afirmo eso no sólo porque el currículum y los rituales escolares están plagados de contenidos y valores  que promueven estilos de vida insustentables, por lo que los parches no logran inmunizar contra sus perniciosos efectos, sino porque el currículum escolar tal y como ha llegado hasta nosotros ya ha perdido sus posibilidades heurísticas; ya ha perdido toda su capacidad de dar respuesta a una formación como la que se requiere ahora; porque así como está es más un instrumento de domesticación que de liberación y por ende, es más parte del problema que de la solución.

Que hay escuelas que han logrado romper con esta trayectoria. De acuerdo. Pero son más la excepción que la regla.

Lo anterior puede sonar extraño en boca de alguien que ha pasado la mayor parte de su vida ligado a instituciones educativas, pero insisto aunque las críticas no son nuevas los retos del mundo contemporáneo son considerablemente más complejos. Ivan Illich (1971) en la década de los años setenta planteó un conjunto de denuncias que hoy siguen siendo radicalmente más vigentes que nunca. En la introducción escrita para la edición de 1978 de su obra La Sociedad Desescolarizada, escribió:

“La educación universal por medio de la escolarización no es factible...
Ni unas nuevas actitudes de los maestros hacia sus alumnos, ni la proliferación de nuevas herramientas y métodos físicos o mentales (en el aula o en el dormitorio), ni, finalmente, el intento de ampliar la responsabilidad del pedagogo hasta que englobe las vidas completas de sus alumnos, darán por resultado la educación universal. La búsqueda actual de nuevos embudos educacionales debe revertirse hacia la búsqueda de su antípoda institucional: tramas educacionales que aumenten la oportunidad para que cada cual transforme cada momento de su vida en un momento de aprendizaje, de compartir, de interesarse” (Illich, 1978, p.7).

Eso lo podría hacer la escuela o al menos contribuir significativamente a ello, pero no lo hace o lo hace en una mínima expresión, casi por serendipia. Por eso es que Illich (1978, p.9) sostiene que “la institucionalización de los valores conduce inevitablemente a la contaminación física, a la polarización social y a la impotencia psicológica: tres dimensiones en un proceso de degradación global y de miseria modernizada”. Esto significa que la idea de una escuela proveedora de servicios educativos de calidad para la población en su conjunto descansa en un mito.
También Erick Fromm (1980) en "El Corazón del Hombre", caracterizaba al hombre actual por su pasividad, identificado con los valores del mercado porque se ha convertido en una mercancía, por lo que el éxito y el fracaso dependen de saber invertir la propia vida y el mundo es sólo un medio para saciar su apetito. Según Fromm, la sociedad de consumo requiere de sujetos dóciles, con deseos arraigados en lo material, con patrones de consumo estandarizados y que puedan ser fácilmente influidos y anticipados. Sujetos que crean ser libres  e independientes, que no estén regidos por principios morales y que sean predecibles, influenciables, amoldables, para mantener la máquina social en movimiento. Es el mismo hombre unidimensional de Marcuse (1965), alienado y, por ende, incapaz de distinguir entre necesidades reales y ficticias inducidas por la sociedad industrial; víctima de su impotencia y de la opresión de una sociedad y un sistema capaz de digerir cualquier forma de oposición que surja en su interior.
Nada más lejos de mi intención que terminar esta presentación con un dejo de desesperanza, por lo que quiero mencionar a algunos hombres y mujeres que no se han rendido ante la fatalidad y me sirven de inspiración, como
v  Paulo Freire, quien con su educación como práctica de la libertad para transformar un mundo que no es, sino que está siendo, ha impulsado y lo sigue haciendo una pedagogía de la pregunta para decir la palabra verdadera.
v  Elinor Ostrom, quien demostró cómo los bienes comunes pueden ser administrados de forma efectiva por un grupo de usuarios, instituyendo prácticas colectivas que han permitido la preservación de recursos comunes y han evitado el colapso ecológico.
v  Amartya Sen, con su propuesta centrada en la ética para el desarrollo de capacidades y la libertad positiva como la base de la evaluación del éxito y el fracaso y como el determinante de la iniciativa individual y la eficacia social en un ambiente de confianza.
v  Wangari Maathai, con su movimiento cinturón verde en Kenia,
v  Muhammad Yunus y su Banco Grameen de microcréditos para pobres que impulsan el desarrollo social desde abajo.
v  Raúl Hernández Garcíadiego, con su galardonado proyecto de Agua para Siempre.
La poetisa nicaragüense Gioconda Belli (1987) dice que:
En todas las profecías
está escrita la destrucción del mundo.
Todas las profecías cuentan
Que el hombre creará su propia destrucción.
Pero los siglos y la vida
que siempre se renueva,
engendraron también una generación
de amadores y soñadores;
hombres y mujeres que no soñaron
con la destrucción del mundo,
sino con la construcción del mundo
de las mariposas y los ruiseñores.




Referencias
Belli, Gioconda (1987) “Los portadores de sueños”, en: Belli, Gioconda. De la costilla de Eva. Managua, Nueva Nicaragua.
Camus Albert (1999). El mito de Sísifo. Trad. Esther Benítez. Madrid, Alianza Editorial.
Fromm, Erick  (1980). El corazón del hombre. Madrid, Fondo de Cultura Económica de España.
Gonzalez, Cathy. (2004). The role of Blended Learning in the world of technology. Benchmarks Online http://www.unt.edu/benchmarks/archives/2004/september04/eis.htm (Acceso: 3 de febrero de 2011).
Huxley, Aldous (2007). Un mundo feliz. Barcelona, Editorial Edhasa (Colección Diamante).
Illich, Iván (1971). Deschooling society. New York, Harper & Row. En castellano: (1974, 1978) La sociedad desescolarizada. Barcelona, Barral Editores.
Long, Norman (1999). The multiple optic of interface analysis. UNESCO Background Paper on Interface Analysis. http://lanic.utexas.edu/project/etext/llilas/claspo/workingpapers/multipleoptic.pdf (Acceso: 25 de enero de 2011).
Marcuse, Herbert (1965). El hombre unidimensional. Ensayo sobre la ideología de la sociedad industrial avanzada. México, Editorial Joaquín Mortiz.
Orwell, George (2003). Rebelión en la granja. Barcelona, Ediciones Destino (Colección Áncora y Delfín).
Orwell, George (2009). 1984. Barcelona, Ediciones Destino (Colección Áncora y Delfín).
Ostrom, Elinor (1990). Governing the Commons: The Evolution of Institutions for Collective Action. Cambridge, Cambridge University Press.
Pérez Miranda, Rafael J. (2010). “Crisis y políticas de investigación científica en México”, en: Díaz Müller, Luis T. (coord.). V Jornadas: Crisis y derechos humanos. México, UNAM-Instituto de Investigaciones Jurídicas.  pp. 159-179. http://www.bibliojuridica.org/libros/6/2897/10.pdf
Rosenthal, Robert & Jacobson, Lenore (1968). “Pygmalion in the classroom”. The Urban Review, 3(1), pp.16-20.
Rosenthal, Robert (2010). “Pygmalion Effect”, en: Corsini Encyclopedia of Psychology. pp. 1–2.
Siemens, George. (2005). Connectivism: A Learning Theory for the Digital Age. International Journal of Instructional Technology and Distance Learning, 2(1), Jan. http://itdl.org/journal/jan_05/article01.htm (Acceso: 2 de febrero de 2011).
Sin autor (1979) Armas silenciosas para guerras tranquilas. Manual introductorio en programación.  Operations Research Technical Manual. TM-SW7905.1. Publicado como anexo por: Cooper, William (1991) Behold a pale horse. Light Technology Publishing. Véase: http://uruguay.indymedia.org/uploads/2009/08/armas_silenciosas_para_guerras_tranquilas.pdf (Acceso: 27 de diciembre de 2010).



[1] Instituto de Investigaciones en Educación de la Universidad Veracruzana.
Conferencia magistral presentada el 26 de marzo de 2011 en el II Congreso Nacional de Investigación en Educación Ambiental, celebrado en Puebla, Puebla, México.
[2] Uso el concepto de interfase en el sentido sociológico de Long (1999) como construcciones que permiten explorar políticas y asuntos de participación y empoderamiento, enfatizando el proceso de construcción de respuestas y entendimiento de los diferentes actores en sus encuentros, luchas y exclusiones que ocurren en la interfase de sus campos, en vez de acudir a explicaciones estructurales e institucionales.

jueves, 10 de marzo de 2011

La ruleta rusa de la agricultura de la papa

Edgar González Gaudiano, Universidad Veracruzana
Fernando A. Villarreal Reyna, Universidad Autónoma Agraria Antonio Narro


En un reportaje reciente La Jornada Veracruz informó sobre el grave problema de la alta incidencia de discapacidades en el municipio de Ayahualulco, reportando que 70 menores padecen parálisis cerebral o algún otro problema de discapacidad mental o motora. Respecto a las causas del problema se apuntaban algunas hipótesis que iban desde el casamiento entre consanguíneos, la baja alimentación, la contaminación generada por las granjas Carroll, el uso de agroquímicos para el cultivo de papa, o la conjunción de todos los anteriores. El final del reportaje se inclinó por el matrimonio entre consanguíneos en un marco de pobreza. Queremos explorar la situación que rodea al cultivo de papa, porque consideramos que es un factor que merece ser investigado por las autoridades competentes.
La papa (Solanum tuberosum L.) es un cultivo cuyo origen se ha ubicado en la cordillera de los Andes, cerca del lago Titicaca a una altura de 3,800 metros sobre el nivel del mar. Existen más de 200 especies silvestres de papa en esa región. Durante la colonia su cultivo se extendió a Europa y después al resto del mundo. Hoy es uno de los alimentos más populares y forma parte de la dieta básica de la gastronomía de todos los países. Es la hortaliza más importante a nivel mundial y como alimento ocupa el cuarto lugar sólo después del trigo, el arroz y el maíz.
Este cultivo en nuestro país cuadruplicó su producción entre 1970 y 2000. Actualmente se producen más de dos millones de toneladas. Los estados con mayor superficie sembrada de este cultivo son Sinaloa, Veracruz, México, Chihuahua y Coahuila. Se siembra en zonas altas, por encima de los 1500 msnm y de preferencia con vientos frescos; fuera de estas condiciones es probable que afloren muchas enfermedades.
Pese a su gran producción, la papa no puede exportarse porque México está en cuarentena a causa de una plaga: el nemátodo dorado, que ataca la raíz de la planta. De ahí que el principal cliente para la producción es la industria nacional de la botana (Sabritas, Barcel y recientemente Bokados); adquieren incluso lo que esta industria denomina “pachanga de papa”, que son ejemplares deformes y de tamaño más pequeño que emplean para producir harina de papa.
Actualmente es el cultivo con mayor contaminación que existe. Su cultivo requiere de suelos profundos y con surco encontrado para airear bien el suelo y darle uniformidad sin terrones. Aquí es donde se inicia el problema pues hay que aplicar fertilizantes N:P:K, cuya cantidad depende de la fertilidad y tipo de suelo. Para combatir a los nematodos y otras plagas del suelo como el gusano del alambre y la gallina ciega, se aplica Furadan, que es un insecticida y nematicida sistémico y de contacto, a base de carbofuran, que es sumamente tóxico por ingestión e inhalación. Por lo que existen numerosas medidas de protección para quienes lo manipulan y lo aplican, tales como guantes, mascaras (se absorbe a través de las membranas mucosas de los ojos), ropa impermeable de goma. Toda la ropa de trabajo debe lavarse antes de volverse a usar (y de forma separada a la del resto de la familia) y desechar artículos contaminados hechos de cuero como zapatos, cinturones y correas de relojes.
La molécula de este nematicida es muy estable, por lo que se acumula en la grasa de animales y humanos produciendo cáncer y malformaciones congénitas. Es muy persistente, por lo que sus efectos pueden permanecer hasta veinte años en el suelo y si no se controla puede pasar a otros cultivos como pastos para el ganado y otros granos, que se siembran en la rotación de cultivos. Cuando esto cultivos se acompañan de riegos pesados para lavar las sales del suelo, pueden llegar hasta los niveles freáticos contaminando el agua del subsuelo que se usa para consumo humano. La regulación de este producto y de otros equivalentes le corresponde a la Dirección General de Sanidad Vegetal de la Sagarpa; pero como la mayoría de estos productos son importados y están bajo el régimen de control, es la Secretaría de Salud la que se encarga de supervisar y controlar su entrada al país.
Estos agroquímicos son asperjados, es decir se depositan por control aéreo sobre la planta y es común hacerlo (en el norte al menos) con avioneta fumigadora, violando todas las normas de salud, protección e incluso de derechos humanos, pues el “banderero” sólo se protege con un plástico sobre la cabeza. Otros productos utilizados son el Tecto 60, un fungicida y el Tamaron, un insecticida organofosforado sumamente peligroso y tóxico para aves, peces y abejas, entre otras especies. En los últimos cuatro años, se ha propagado la Punta morada de la papa, provocada por la chicharra (Bactericera cockerelli), que se ataca con Confidor, un nicotinoide extremadamente contaminante que se disipa en el ambiente con el sol y penetra abrasivamente a nivel de nanomoléculas.
La adquisición y aplicación de estos productos químicos representa casi el 40% de los costos de producción de la papa, cuyo rango de producción varía de 35 a 50 toneladas por hectárea. En 2009 se pagó a $10.00 kilo en el suelo y se vendió hasta $15.00 al consumidor final. Esto significa que se obtienen entre $350,000.00 y $500,000 pesos por hectárea, con costos de producción alrededor de $180,000.00, lo que permite ganancias de entre $170.000.00 y $320,000.00 pesos por hectárea. Hay agricultores que siembran hasta cien hectáreas, muchos de ellos rentando tierras y pozos a agricultores pobres, a quienes emplean además como mano de obra y aprovechan los subsidios agrícolas y tarifas eléctricas especiales para bombeo a los que tienen derecho y sin inscribirlos al seguro social porque podría despertar sospechas y ser auditados.
Lo peor de todo este proceso son desde luego los terribles riesgos para los trabajadores rurales y sus familias que les ocasionan daños irreversibles e incapacitantes, así como los enormes impactos ambientales al suelo, agua y biodiversidad.

Publicado en La Jornada Veracruz, el 20 de marzo de 2010.

lunes, 28 de febrero de 2011

Nuestras abuelas no se equivocaban

Édgar González Gaudiano



Con la próxima reunión trilateral de los presidentes de América del Norte en el primer trimestre de este año,  se intensificará el debate de temas relacionados con la cooperación -sobre todo con Estados Unidos- tales como la Iniciativa Mérida, el trasiego de armas, el lavado de dinero, las redes financieras del narcotráfico y la violencia criminal, entre  otros. Es pertinente, entonces, comentar sobre los reproches expresados por funcionarios y exfuncionarios mexicanos, debido a que en Estados Unidos catorce estados han legalizado el cultivo y la venta de marihuana con fines terapéuticos.
En Estados Unidos el estado que más recientemente aprobó una ley para tener acceso a la marihuana con fines médicos fue Nueva Jersey, apenas en enero de 2010 y entró en vigor en el mes de junio. Con ello se suma a Alaska, California, Colorado, Hawaii, Maine, Michigan, Montana, Nevada, Nuevo México, Oregón, Rhode Island, Vermont, Washington y el Distrito de Columbia, que lo habían hecho antes. Algunos estudios aseguran que entre 40 y 67% de la marihuana que se consume en Estados Unidos proviene de cultivos ilegales en México.
Se trata, según el anterior secretario de gobernación, de “políticas públicas que contrastan con los esfuerzos federales para reducir la demanda de drogas ilícitas y enfrentar frontalmente al narcotráfico". Por su parte, el secretario de salud, ha declarado que en aquel país recetan la hierba como si todos estuvieran enfermos de reuma, y sin considerar que la adicción a esta droga conduce al consumo de otras. Según la Encuesta Nacional de Adicciones 2002, en nuestro país 3.5 millones de mexicanos entre 12 y 65 años de edad han consumido drogas alguna vez en su vida. 
Estas declaraciones han reactivado propuestas de varios intelectuales, legisladores, periodistas y hasta ex presidentes de la república, dirigidas a la despenalización. . De hecho, en 2008, la Asamblea Legislativa del DF analizó una iniciativa de ley para despenalizar la venta y portación de marihuana en la capital del país, que fue rechazada en ese momento. Pero, el tema se encuentra vigente en la opinión pública, sobre todo a partir de la escalada de violencia derivada del combate al narcotráfico. 
Este tema es uno más que merece un debate serio y no declaraciones de banqueta ni reacciones viscerales de rechazo. El uso terapéutico de la marihuana es un remedio de antaño. Nuestras abuelas efectivamente la empleaban reposada en alcohol para aliviar padecimientos reumáticos y musculares. Al ser estigmatizada, cayó en desuso en la medicina tradicional, pero las abuelas no se equivocaban. Numerosas investigaciones confirman su eficacia para combatir algunos efectos causados por diversas patologías como la esclerosis múltiple,  cáncer, VIH-sida, glaucoma, epilepsia y espasmos, migraña, asma, prurito y esclerodoma, entre otras enfermedades. Otras aplicaciones son en la atención de efectos secundarios de la quimioterapia o problemas derivados de la vida actual como la anorexia y la depresión, pero sobre todo es efectiva para mitigar dolores de todo tipo, particularmente aquellos que sufren enfermos en etapa terminal; con la ventaja adicional que puede combinarse de forma segura con otros medicamentos. 
La marihuana es una planta extendida en todo el mundo que contiene 66 cannabinoides de los que el principal es el d-9-tetrahidrocannabinol (comúnmente conocido como THC). Este se comercializa en algunos estados (como Arizona y California) bajo prescripción médica como dronabinol (Marinol®). Revistas científicas prestigiadas de todo el mundo reportan estudios en esta materia, tales como Nature, New England Journal of Medicine, Annals of Internal Medicine, JAMA, The Lancet, Oncology, Journal of Clinical Oncology, Supportive Care Cancer, Journal of the National Cancer Institute y  los Proceedings of the National Academy of Sciences, por citar algunas. 
El beneficio médico confirmado, la legalización existente en otros países incluyendo al vecino del norte y sobre todo al hecho de que estamos en una guerra contra el narcotráfico, cuya estrategia militar no muestra resultados positivos, hace preciso considerar otras medidas complementarias que podrían contribuir a desactivar los complejos procesos de deterioro de la vida pública y los altos índices de criminalidad ligados a la producción, distribución y consumo de la marihuana en nuestro país. Además, el porcentaje de opositores a esta medida en el propio Estados Unidos ha venido rápidamente disminuyendo y se encuentra ya cerca del 50%. Los que apoyaban la legalización de la marihuana en California el año pasado afirmaban que los ingresos fiscales podrían elevarse en 1.4 mil millones de dólares, sólo en ese estado, sin considerar los ahorros en materia de gastos carcelarios y aplicación de la ley.   Hay que discutirlo en serio.

Publicado en el periódico Milenio El Portal, el 28 de febrero de 2011, pág. 17.

miércoles, 23 de febrero de 2011

¿Ciudad digna?

Édgar González Gaudiano y Adalberto Tejeda Martínez


Ciudad digna es un eslogan que están empleando los alcaldes de las principales urbes del estado. Pronto empezará a agotarse, y para finales del trienio será una frase vacía como lo han sido otras tantas. Una ciudad digna requiere no sólo de la reorientación presupuestal para atender aspectos que tienen que ver con la calidad de vida -concepto más tangible que eso de ciudad digna-, sino también de fuertes campañas de educación y de formación de ciudadanía.
Educación y ciudadanía: temas torales en que las autoridades han de poner el ejemplo, empezando por dar atención sistemática a elementales pero numerosos destrozos de lo más cotidiano de la vida citadina: la vialidad, campo de batalla entre conductores y de peligro para los peatones y los heroicos ciclistas; la insalubridad de colonias periféricas e incluso las centrales; la agresividad visual de propaganda barata de todo tipo –comercial y política-; la demagogia de la condonación del pago del agua a usuarios morosos sin importar que sean de alto nivel socioeconómico; el ruido abrumador; la expropiación del espacio público por puestos y prácticas que responden al clientelismo político; la ausencia de programas culturales más allá del centro histórico; el desprecio a los minusválidos, particularmente a los invidentes, que se refleja en la multitud de hoyancos en aceras y alcantarillas sin que a nadie le importe..
Fuente de indignación y deterioro de la calidad de vida es el descuido de los paseos públicos, como el de los Lagos, en cuyos andadores se acumula la basura que alguien barre pero nadie recoge, y como éste otros muchos centros de convivencia de los ciudadanos de a pie, aquéllos que no tienen automóvil para trasladarse los fines de semana a las plazas comerciales y sus ofertas nocturnas. Y la basura misma y las aguas fétidas que ¡oh paradoja! rodean a la mal llamada colonia Salud e incluso a los fraccionamientos de alto nivel económico del sur de la ciudad. Para una ciudad digna lo más fácil será seguir
enterrando la basura y enviar las aguas negras en arroyos otrora limpios, pues el famoso plan de saneamiento inició hace dos trienios y parece que duerme el sueño de los justos.
Como emblema de lo anterior, está un asunto no menor al que parece nos hemos acostumbrado: el fecalismo a cielo abierto, tanto de animales como de humanos. Está en las banquetas, en los parques públicos, y con mayor intensidad en zonas de la periferia con escasa infraestructura urbana.
La situación se complica cuando no existe un sistema de alcantarillado que cubra toda la mancha urbana, no se da tratamiento a las aguas grises y negras, las letrinas domiciliarias no son las adecuadas o están mal manejadas, los residuos urbanos son colocados en tiraderos -autorizados e ilegales- al aire libre y tampoco son tratados.
Xalapa presenta varios de esos agravantes; muchos difíciles de superar, ya sea porque corresponden a los usos y costumbres de la población, porque no hay presupuesto suficiente para resolverlos integralmente o porque para su solución debieran concurrir autoridades de distinto orden que no se ponen de acuerdo. Pero hay otras medidas que podrían ser adoptadas sin mayor dilación, pero la autoridad es descuidada o simplemente indolente. El siguiente es sólo un ejemplo.
En la zona de Las Animas, en un área que tiene alrededor de un kilómetro de diámetro, se han venido desarrollando intensivamente fraccionamientos de casas para personas de clase media y alta: Monte Magno, Real del Bosque, Las Cumbres, La Marquesa y Cañada Las Ánimas, entre otros. En este momento, un simple recorrido permite detectar al menos cuarenta obras en proceso. En ninguna de ellas se observa la colocación de sanitarios portátiles, lo que implica que los trabajadores tengan que hacer sus necesidades entre los matorrales aledaños y otros sitios inadecuados. Con un promedio de cinco trabajadores por obra, podemos estimar fácilmente el impacto que en un área tan pequeña tiene un problema tan grave, que puede resolverse con una simple disposición del cabildo para que las empresas constructoras pongan este servicio a sus trabajadores, so pena de multa o suspensión de la obra.
Una situación semejante se observa en el arroyo, bien llamado Sucio, que corre por detrás del fraccionamiento Cumbres, que es el mismo que pasa junto a Plaza Ánimas después de atravesar media ciudad desde el puente Xallitic. Es una inmundicia a cielo abierto ocasionado por las casas que en él descargan sus desechos. Una vergüenza para una ciudad que debería estar orgullosa por haber conservados sus cuerpos de agua en un país que le encanta entubarlos.
El principal problema del fecalismo a cielo abierto es que, salvo las excretas de animales que vemos por muchas calles, casi nadie se percata de los daños a la salud que ocasiona. Las partículas de excremento al secarse se trasmiten por vía aérea no sólo a alimentos, cuerpos de agua y demás, sino que son respiradas por todos nosotros.
En el Índice de Competitividad Estatal 2010 elaborado por el Instituto Mexicano para la Competitividad, Veracruz ocupa el último lugar en el subíndice “Manejo sustentable del medio ambiente” y el segundo lugar en mayor número de emergencias ambientales al año. Tal vez por ello seamos en el mismo Índice, el segundo estado cuya población tiene la esperanza de vida más corta y el tercero con mayor número de muertes por desnutrición.
¿Podemos hablar de ciudad digna haciendo caso omiso de los problemas y manteniendo la tradición de heredarlos a la siguiente administración? Esperemos que en esta ocasión no sea así.

Publicado en Milenio El Portal, febrero 21 de 2011.

martes, 8 de febrero de 2011

Leyes ambientales: se acatan pero no se cumplen

Édgar González Gaudiano

El 30 de junio de 2009, una ciudadana veracruzana envió un correo electrónico al titular de la Semarnat  denunciando que desde noviembre del año anterior se había aplicado un herbicida a los costados y al camellón central de la autopista Córdoba-Orizaba y que eso había impedido que planta alguna creciera durante más de seis meses. Además, por las noches aplicaban esa u otra substancia a los árboles que casi inmediatamente comenzaban a secarse.

El 20 de julio el enlace técnico de sanidad forestal de la Comisión Nacional Forestal (Conafor) de la Gerencia X Golfo pide a la denunciante que pase a sus oficinas en la ciudad de Orizaba para firmar de recibido una respuesta  que consiste en la copia del  oficio turnado a la Profepa para que se tomen cartas en el asunto, y le comunica que se programará una visita al lugar indicado para ver si hay incidencias o presencias de plagas en el arbolado.

Con fecha 5 de agosto, la Dirección General de Denuncias Ambientales, Quejas y Participación Social de la Profepa comunica su incompetencia e informa que en el marco de la ley había canalizado la denuncia al ¡Ayuntamiento de la Ciudad y Puerto de Veracruz! y a la Delegación de Caminos y Puentes Federales Región VII (Capufe), quienes debían encargarse de informar a la denunciante sobre las actuaciones, trámites y resoluciones que emitieran en el ámbito de su competencia. Más tarde, el 21 de septiembre de ese año, la misma área envía otro oficio corrigiendo e indicando que la denuncia había sido canalizada al Ayuntamiento de Orizaba -responsable ahora de dar seguimiento a dicha denuncia- y que se ponen a las órdenes de la denunciante, etc. etc.

Con procedimientos así todas las dependencias y funcionarios implicados en el caso se lavan las manos, ya que formalmente cumplen en tiempo y forma con la letra de la ley, aunque no se resuelvan los problemas. El asunto se archiva y ya. No plantean siquiera hacer una inspección, salvo para ver si existen plagas, aunque la denuncia no se refería a eso. Burocracia pura. Un trámite meramente administrativo para evadir el cumplimiento de la ley.

El problema es muy serio, no sólo porque es recurrente a lo largo de la geografía del país, sino porque el herbicida de referencia llamado Faena Fuerte 360, que aplican sin control los contratistas de Capufe dos o tres veces al año, es el glifosato, un derivado del ácido N-(fosfonometil)glicina-isopropilamina que ha recibido cientos de denuncias en varios países, entre ellos Argentina, Colombia y Francia, ya que se usa en la producción de la soya transgénica y para combatir cultivos de hoja de coca. Varias investigaciones han demostrado que provoca distintos grados de envenenamiento, aunque las empresas que lo comercializan sostienen que el producto no está considerado como agente carcinogénico ni mutagénico y se utiliza en prácticamente todos los cultivos, donde se vuelve inactivo rápidamente en contacto con el suelo, y su baja volatilidad reduce el peligro de dañar plantaciones y sembrados vecinos y no tiene efecto residual.

Lo cierto es que un informe conjunto del Centro de Investigaciones en Biodiversidad y Ambiente, el Hospital Italiano Garibaldi de Rosario, la Universidad Nacional de Rosario, el Colegio de Ingenieros Agrónomos y la Federación Agraria Argentina, comprobó la fuerte correlación entre los casos de cáncer, leucemia, lupus y otras graves afecciones halladas en seis pequeños pueblos del área sur y central productora de soya de Santa Fe. Tras diez años de denuncias de los habitantes del barrio Ituzaingó, de Córdoba, Argentina, rodeado de campos de soya, un juez prohibió fumigar con el producto cerca de zonas urbanas. De cinco mil habitantes, 200 tienen cáncer y todas las familias tienen al menos un enfermo.

Un estudio con embriones del Laboratorio de Embriología Molecular de la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires y del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet) refuta la supuesta baja toxicidad del glifosato. Empleando dosis hasta 1500 veces inferiores a las utilizadas en las fumigaciones de los cultivos de soya, comprobó trastornos intestinales y cardíacos, malformaciones y alteraciones neuronales.   

Otras investigaciones realizadas en Francia por Gilles-Eric Seralini, experto de la Universidad de Caen, descubrió en 2005 que células de la placenta humana son muy sensibles al glifosato, incluso en dosis inferiores a las utilizadas en agricultura. Aunque fue duramente cuestionado por las empresas del sector y acusado de “verde” -entendido como fundamentalismo ecológico- volvió a la carga y la revista científica Chemical Research in Toxicology publicó su nuevo estudio, en el que constató que el glifosato es letal para las células humanas. Según el artículo, dosis muy por debajo de las utilizadas en los campos de soya provocan la muerte celular en pocas horas.

Por su parte, Robert Belle, director de la Estación Biológica del Centro Nacional de Investigación Social de Roscoff (Francia), en 2002 probó el glifosato en células de erizo de mar (un modelo científico convencional para estudios de división celular). El experimento probó que el producto deteriora los puntos de control del ciclo celular.

Con todas estas denu
ncias sociales y evidencias científicas, el asunto merece algo más que un mero trámite administrativo, aunque se trate de Monsanto ¿o no?

Coordinador de la Cátedra UNESCO-Universidad Veracruzana “Ciudadanía, Educación y Sustentabilidad Ambiental del Desarrollo”. edgagonzalez@uv.mx El autor agradece la colaboración de A. Tejeda Martínez.


Publicado en Milenio El Portal, Xalapa, Ver. 7 de febrero de 2011.

miércoles, 2 de febrero de 2011

La escuela fallida

Édgar González Gaudiano



No deja de sorprender la cantidad de información que confirma la situación que guarda el Sistema Educativo Nacional. Por un lado, los datos provenientes de organismos internacionales muestran con crudeza el bajo desempeño de los estudiantes y las carencias en la formación de los docentes. El sistema escolar en México, en este momento y a un nivel sin precedente alguno, es presa de intereses extraeducativos bien podrían ser calificados de delincuencia organizada.
No me refiero solamente al Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación  (SNTE),  amenaza que pende cual espada de Damocles sobre el futuro del país y de millones de mexicanos. Una organización gremial convertida en corporación electoral para negociar codiciosas prebendas con base en el chantaje y la presión y que, obviamente, no conciernen a la calidad del sistema educativo.
Me refiero también a los ineficientes, obsequiosos y complacientes funcionarios y políticos, quienes entrampados en sus propias maniobras por mantenerse en el ejercicio del poder, colocan en la mesa de las apuestas las posibilidades del país de salir adelante en un mundo cada vez más competitivo. Hasta la administración de Miguel de la Madrid vimos secretarios de educación pública que verdaderamente merecieran serlo. Después de Jesús Reyes Heroles, el escritorio de Vasconcelos ha estado en manos de improvisados advenedizos, con sus raras excepciones.
No es de extrañar entonces que la educación en el país esté en la postración en la que se encuentra y que países que hace dos décadas se encontraban considerablemente más atrasados que nosotros, como Corea del Sur, ahora estén adelante en muchos terrenos incluyendo por supuesto el educativo. Invertimos poco en educación, con un presupuesto que se destina principalmente a cubrir salarios, casi nada en ciencia y tecnología, a pesar de que de esa manera se viola la ley que obliga a invertir al menos el 1% del PIB, pues apenas llegamos al 0.4%.
La universidad pública cada año tiene que defender vigorosamente sus presupuestos, mientras el financiamiento para los partidos llega a niveles obscenos en un país donde cada vez hay más pobreza alimentaria o hambre, para decirlo sin eufemismos.
Con pesadumbre vemos que los actuales funcionarios educativos, que no autoridades, son incapaces de aplicar medidas aprobadas por el Congreso para restringir la venta de comida chatarra en las escuelas para combatir la creciente obesidad infantil; problema en el que ocupamos el lamentable primer lugar mundial y que requerirá en el futuro enormes inversiones para atender la consecuente expansión de enfermedades cardiovasculares crónicas que se derivarán de esta negligente irresponsabilidad.

Y son incapaces porque los intereses nacionales se encuentran comprometidos ante empresarios chatarreros de pastelitos, fritangas y refrescos, así como ante los medios de comunicación que promueven el consumo desmedido y procaz sin limitación alguna. 

Coordinador de la Cátedra UNESCO-Universidad Veracruzana “Ciudadanía, Educación y Sustentabilidad Ambiental del Desarrollo”.

Publicado en el Milenio El Portal, 31 de enero 2011