martes, 17 de abril de 2012

La conservación de la biodiversidad en Veracruz

La conservación de la biodiversidad de Veracruz[1]

Edgar J. González Gaudiano[2]

Hace unos días el Mtro. Víctor Alvarado Martínez, Secretario de Medio ambiente del estado de Veracruz instaló el grupo de seguimiento para la formulación de la Estrategia Estatal para la Conservación y Uso Sustentable de la Biodiversidad de Veracruz. Se trata de un grupo de alrededor de 20 personas representantes de los sectores gubernamental, académico y de la sociedad civil organizada. Entre las tareas de dicho grupo están las de participar en tres talleres regionales previstos, revisar y opinar sobre los documentos de trabajo que se vayan generando y difundir los resultados a la sociedad. Se tiene programada una consulta pública del borrador que se obtenga del proceso, antes de elaborar un documento final. La idea como se dijo en la reunión es cambiar el paradigma de que la conservación de la biodiversidad ocurre sólo en las Áreas Naturales Protegidas, porque la mayor parte de la biodiversidad se encuentra fuera de ellas.

El proyecto de elaborar estrategias estatales inició desde el 2002 y está impulsado por la Comisión Nacional para el Conocimiento y Uso de la Sustentabilidad (Conabio), que también participó en  la reunión. A la fecha, salvo algunos estados del norte del país, todos los demás se encuentran involucrados en esta tarea con distintos grados de avance.  Hay un apoyo financiero de la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo.

Como puede inferirse, se pretende que el estado haga su parte en la toma de medidas efectivas y urgentes para detener la acelerada pérdida de la biodiversidad. Es un problema complejo porque en él convergen numerosos factores desde las actividades productivas y el cambio de uso del suelo, hasta los temas demográficos, de pobreza y de patrones de consumo, entre otros. Pero también porque existe una desarticulación de políticas en todos los niveles de gobierno, que suele generar antagonismos diversos entre medio ambiente, agricultura, el sector energético y turismo, por citar sólo unos cuantos. Por ejemplo, la frontera agrícola ha llegado a su límite, pero los planes de dependencias gubernamentales del sector agropecuario siguen considerando su expansión a costa de valiosos ecosistemas que nos proveen de servicios ambientales indispensables.

No bastante, uno de los problemas que personalmente considero más importantes es que la población en general no se ha percatado de la importancia que tiene el tema de la biodiversidad para su propia vida. Sigue viéndolo como ajeno, distante, por lo que cuando se presentan conflictos diversos que la ponen en peligro, no se involucra en su defensa. En Veracruz tenemos múltiples casos que pueden ejemplificar esta actitud; por ejemplo, en relación con la minera Caballo Blanco, la ampliación del Puerto de Veracruz y las micro represas del río pescados.

Pero hay otros asuntos que sin tener las implicaciones de los anteriores se ven como algo natural, tolerado, como parte de nuestros usos y costumbres, pero producen impactos multiplicados y persistentes, como la deforestación, el desperdicio y la contaminación del agua, el desorden en el crecimiento de los núcleos urbanos, el uso indiscriminado e incontrolado de pesticidas y otros agrotóxicos de distinto tipo, entre otros muchos. Hay cinco amenazas para la biodiversidad incontrovertiblemente identificadas: pérdida de hábitat, alteración y fragmentación de ecosistemas, sobreexplotación de poblaciones de especies silvestres, contaminación, especies invasoras y el cambio climático.

Contra lo que mucha gente podría creer, la protección de la biodiversidad no es un problema para los expertos. Ellos han de hacer su trabajo en la conservación de hábitats y el impulso a programas de reproducción in situ y ex situ; pero es, antes que nada, una responsabilidad en la que todos hemos de involucrarnos mediante medidas que sí están al alcance del ciudadano común, tales como: evitar adquirir fauna y flora extraída del medio silvestre sobre todo la que está en peligro de extinción (aves, reptiles, orquídeas, cactus, etc.) también evita adquirir sus productos (huevos de tortuga, artesanías con pieles o conchas de especies protegidas, etc.). La compra como mascotas de especies traídas de otros países aparentemente inofensivas están generando graves problemas a la biodiversidad local, como el caso del pez león que ya llegó a Veracruz. La Conabio reconoció en 2005 un total de 780 especies invasoras en México: 647 especies de plantas, 75 de peces, 2 de anfibios, 8 de reptiles, 30 de aves, 16 de mamíferos y 2 de invertebrados.  Se estima que 12% de las aves y 20% de los mamíferos que se han extinguido en el país fueron por esta causa.

En general hay que cuidar nuestros estilos de consumo. La suma de esfuerzos individuales bien orientados y mejor aún, organizados, así como de buenas prácticas cotidianas puede tener efectos sinérgicos muy positivos. Seamos más exigentes en el momento de comprar; verifiquemos el origen de los productos. También contribuimos a la protección de la biodiversidad comprando alimentos frescos y de temporada, producidos en la región, que no estén sobre-empacados y congelados. Que no impliquen trasladarlos desde muchos kilómetros de distancia con altas huellas de carbono y sobreprecio. Al hacerlo estamos apoyando a los productores locales e indirectamente creando fuentes de trabajo; esto es, contribuyendo a resolver problemas de nuestro entorno. Todo esto sí es algo que podemos hacer. No hay excusa que valga.



[1] Publicado en La Jornada Veracruz, el martes 17 de abril de 2012. p. 7.
[2] Coordinador de la Cátedra UNESCO – UV “Ciudadanía, Educación y Sustentabilidad Ambiental del Desarrollo”. www.edgargonzalezgaudiano.blogspot.mx

lunes, 9 de abril de 2012

La política ambiental en las campañas

La política ambiental en las campañas[1]

Edgar J. González Gaudiano[2]

Ahora que ya han iniciado las campañas podemos empezar a darnos cuenta de las ofertas que nos hacen los diversos partidos políticos. La verdad es que la propaganda mediática ya me ha cansado no sólo por la sobresaturación de mensajes, uno tras otro y en todo momento, sino por la falta de propuestas. Apelar al presunto compromiso personal, solicitar confianza, o apelar al cambio per se, son proclamas que se encuentran muy lejos de estar al nivel de las demandas y expectativas ciudadanas.

La mayor parte del discurso de los candidatos se centra en la promesa del crecimiento, igual que hace seis años que Calderón prometió ser el presidente del empleo; o en el problema de la inseguridad, donde el elemento principal ha sido, al menos hasta ahora, si las fuerzas armadas continuarán en las calles combatiendo al crimen organizado o no.

Es muy temprano para conocer como se irán radicalizando los planteamientos para seducir a los votantes, pero es de esperarse que habrá un vuelco en lo que ha estado ocurriendo. Será en el PAN, por el marcado descenso que se ha observado en las preferencias electorales, donde se produzcan primero; habrá que ver si logran superar el estilo de la candidata de hablar mucho y decir poco. Sin poner distancia del fallido gobierno actual.

En el PRI las cosas parecen ir según lo programado con una campaña en un esquema narcisista donde lo que se destaca es el culto a una imagen prefabricada. En el PRD irá declinando el discurso amoroso porque no convence ni al voto duro e incluso ha alejado a posibles simpatizantes cansados del más de lo mismo; si bien ha empezado a incrementar las preferencias pero no al ritmo necesario para ser verdaderamente competitivo.

Me interesa destacar en este somero análisis la falta de una propuesta en materia de política ambiental. Sólo el Panal le ha entrado al tema, porque el Partido Verde Ecologista ni siquiera respeta la supuesta plataforma política sobre la que fue fundado y ahora su oferta electoral se centra en suprimir las cuotas escolares, cadena perpetua a secuestradores y los vales de medicina para todos. Todas ellas propuestas oportunistas buscando encontrar acomodo en el amplio espectro de las demandas ciudadanas. La proclama de educación ambiental en todas las escuelas es una propuesta tan vacía que no se aclara ni en la página oficial del PVEM. Tal vez quieran relanzar nuevamente el bodrio pedagógico que dizque elaboró Jorge González Torres en los años noventa titulado “Mi primer libro de Ecología”.

El PVEM es un partido político que no ha asumido posición alguna respecto de ninguno de los serios problemas ambientales del país; ni siquiera ha sido capaz de vincularse con los conflictos actuales como las numerosas minas a cielo abierto, no sea que vayan a afectar a aliados y patrocinadores. Juan José Mora Remes, coordinador municipal del Partido Verde Ecologista de México en Veracruz, respondió a pregunta expresa que no estaba informado de los problemas de la mina Caballo Blanco. Háganme el favor con ese coordinador.

Por su parte, el candidato del Partido Nueva Alianza inició su campaña buceando en los arrecifes de Veracruz para exhortar a los mexicanos de los riesgos que tiene la naturaleza, si se sigue con las políticas públicas donde el medio ambiente no cuenta mucho para el actual gobierno. Son planteamientos frescos, válidos e inéditos para los partidos mayoritarios. Aquí el problema es articular un discurso ambientalista a un partido tan desacreditado como el Panal, que esgrime estas proclamas más por el perfil de su candidato que por convicción de sus verdaderos líderes o mejor dicho lideresa.

Me gustaría mucho escuchar de los candidatos menos lugares comunes y más compromisos con problemas concretos. Me gustaría ver también una campaña más orientada a escuchar a la ciudadanía que a ocupar todo el espacio con actos mediáticos que no sé a quién pueden convencer. La poca calidad propositiva de esta campaña electoral es un mero reflejo de la estatura política de nuestros candidatos. Ni a quien irle.









[1] Publicado en La Jornada Veracruz el lunes 9 de abril de 2012. p. 6.
[2] Coordinador de la Cátedra UNESCO-UV “Ciudadanía, Educación y Sustentabilidad Ambiental del Desarrollo”. www.edgargonzalezgaudiano.blogspot.mx

lunes, 2 de abril de 2012

El cambio climático y el negacionismo involuntario


Edgar J. González Gaudiano[1][2]
 
Durante la semana pasada diversos medios impresos nacionales reprodujeron la nota de una agencia rusa de noticias en relación con el cambio climático. En ella se afirmaba que el presidente de la Junta Científica de Ciencias Naturales de la Academia de Ciencias Rusa, Nikolái Dobretsov, aseguraba que el cambio climático global continuo es un mito y que a los ciclos actuales de calentamiento les seguirá una etapa de enfriamiento global del planeta hacia el final de este siglo.
La nota podría haber pasado como una más de las reiteradas descalificaciones que el fenómeno del cambio climático ha recibido, desde prácticamente la instalación del Panel Intergubernamental y, sobre todo, desde la publicación de “El ecologista escéptico” y “En frío” del sueco Bjørn Lomborg en 2001. Lo curioso en este caso fue que después de la misma nota y como un segundo encabezado, de menor tamaño, se informa que 2,800 expertos de numerosos países se reunirán en Londres para una conferencia de nombre “Planet Under Pressure” (El planeta bajo presión), a partir de una premisa completamente opuesta que admite inequívocamente el incremento peligroso del fenómeno, por lo que urgen a trazar líneas básicas de un pacto global contra el cambio climático.
       
¿Cuál es el problema implícito en esta información confusa y contradictoria?

En primer lugar, una práctica habitual en los periodistas mexicanos que cubren las fuentes científicas y específicamente sobre cambio climático, es la de simplemente reproducir lo que llega del exterior, sin tomarse la molestia de analizar un poco e identificar, como en este caso, sus sentidos informativos. Estoy convencido de que no hay una intención malévola e interesada, por lo que quisiera pensar que pusieron primero la nota del científico ruso porque tal vez consideran una buena noticia el que pudiera no existir plena certeza de que el cambio climático ocurra.
La verdad es que no saben para quién trabajan cuando siguen dándole crédito a lo que opina un científico por encima de lo que afirman 2,800 de ellos. Es un asunto que ya ha sido estudiado en otros países, en los que es visible en la prensa el cabildeo político de empresas poderosas interesadas en evitar que se pongan en marcha restricciones relacionadas con la emisión de gases de efecto invernadero que pudieran perjudicarlas en sus negocios.
Algunos estudios han explorado la forma como esta incertidumbre ha sido manufacturada en los medios norteamericanos y documentan cómo algunas industrias, como la del tabaco, asignan la etiqueta de ‘ciencia basura’ a ciertos reportes para deslegitimarlos y debilitar en la opinión pública la validez de la evidencia científica en la que se basan las regulaciones ambientales.
En esta línea, destaca el fuerte acento que dan los medios en los Estados Unidos a la incertidumbre científica y cómo el criterio periodístico de balancear los puntos de vista termina por producir una visión sesgada al invitar a un programa, por ejemplo, a alguien del Panel Intergubernamental de Cambio Climático que representa a miles de científicos reportando estudios de muchos años, con el mismo espacio y peso noticioso que a un escéptico que suele hablar a nombre propio y desde sus creencias. Con ello, más que una cobertura balanceada se exagera de manera falaz la falta de consenso científico en el problema, lo que ha sido aprovechado por inconfesables intereses políticos y económicos de ese país para obstruir las decisiones hasta que se ‘superen las ambigüedades’.
        Esa especie de cobertura informativa del cambio climático que hicieron nuestros periódicos la semana pasada, quizá involuntariamente pero aporta a la negación del problema del cambio climático y contribuye con ello a continuar postergando las decisiones políticas, aunque también sociales e individuales sobre la necesidad de cambiar nuestro estilo de vida y sus efectos en el clima planetario, es decir, sobre nuestro presente y el futuro nuestro y de nuestros descendientes. Pero si usted aún tiene dudas, no se pierda el número de abril de El Jarocho Cuántico, suplemento de este diario, que está dedicado precisamente al actual y candente tema del calentamiento y el cambio climático. También puede consultar la página del Programa de Estudios de Cambio Climático de la Universidad Veracruzana <www.peccuv.mx>







[1] Publicado en La Jornada Veracruz, el lunes 2 de abril de 2012.
[2)Coordinador de la Cátedra UNESCO – UV “Ciudadanía, educación y sustentabilidad ambiental del desarrollo”. <www.edgargonzalezgaudiano.blogspot.mx>

lunes, 26 de marzo de 2012

El legado perverso

El legado perverso[1]

Edgar J. González Gaudiano[2]

Es muy frecuente observar que los niños suelen ser los destinatarios de la mayoría de los materiales de educación ambiental, ya sean estos impresos, audiovisuales o electrónicos. La idea que pasa por la mente de muchos es que los adultos somos poco propensos al cambio, como árboles que hemos crecido torcidos, por lo que son las nuevas generaciones las que han de resolver los problemas que como adultos hemos provocado.

No estoy en contra de que haya programas de educación ambiental orientados específicamente a la población infantil. A lo que me opongo es a la actitud irresponsable de quienes teniendo las decisiones hoy al alcance de su mano para prevenir, mitigar y resolver los problemas que nos aquejan, asumen la postura cómoda de no actuar heredándolos a quienes no son generadores de los mismos. Es un legado perverso, pero eso es lo que está ocurriendo en relación con asuntos que debiesen ser del más alto grado de prioridad política y social, como el agua, el cambio climático, la desforestación y la pérdida de la biodiversidad, entre muchos otros. Esa es la razón por lo cual en las campañas políticas que están a punto de entrar en acción, saturándonos con miles de mensajes de toda índole sobre las presuntas virtudes y cualidades de los distintos candidatos, el tema de medio ambiente es visto con desdén. Además, los niños no votan.

Los niños no deben ser el foco principal de la educación ambiental, primero por las razones antes mencionadas, pero también porque no poseen capacidad efectiva de decisión e intervención sobre las causas de los problemas. Pese a lo que algunos pueden pensar, no está comprobado que los menores que participan en actividades de educación ambiental o aquéllos que reciben fuertes dosis de información sobre el estado del ambiente en sus procesos escolares, sean necesariamente agentes catalizadores efectivos que desencadenen cambios significativos en su entorno familiar. Los casos de padres que han dejado de fumar o que modifican sus hábitos de consumo por influencia de los niños, son más bien raros. Lo que sí se ha comprobado es que las personas sin hijos pueden estar tanto o más comprometidas con el medio ambiente y sus problemas que quienes sí los tienen.

La necesidad urgente de articular soluciones obliga a pensar en estrategias y programas dirigidos a toda la población y con énfasis en los adultos, principalmente a aquellas organizaciones e instituciones con mayor responsabilidad en las causas y con más capacidad de decisión para emprender cambios significativos en sus políticas y acciones. En todo caso, algunos estudios con población infantil sugieren que para que se den la formación de valores y los cambios en actitudes y comportamientos en la población infantil, resultan más efectivas aquellas acciones educativas y comunicativas que se inscriben en entornos congruentes con los cambios deseados y que se planean al menos con una duración de mediano plazo.

La orientación de los mensajes dirigidos a la población infantil es un asunto de  la mayor importancia. Los mensajes con contenido amarillista y catastrofista no inducen a la acción sino que por el contrario, provocan miedo, parálisis y apatía. Es preciso no provocar alarma o miedo sino ofrecer la motivación; esto es, transmitir la convicción de que aún podemos tener efecto en las causas de los problemas y que el mundo no está irremediablemente perdido. La desesperanza provoca indolencia y desinterés al derivarse de la resignación de que los problemas son abrumadoramente complejos e inevitables. Esto ha sido claramente observado especialmente en relación con el cambio climático.

El pesimismo es antipedagógico. Inducir la idea implícita de que el reto a vencer es demasiado grande y de que la intervención individual resulta irrelevante no es la mejor estrategia para motivar un cambio. Menos con los niños. Sin embargo, tampoco es conveniente minimizar la gravedad de los problemas y los riesgos que se derivan de ellos. El uso de las emociones en la educación ambiental ha de ser manejado con mucha cautela, pues podemos obtener el resultado exactamente contrario.

El viernes pasado se realizó una marcha desde tres sitios para protestar contra la  minera Caballo Blanco. Los resultados fueron pobres. Necesitamos mejorar sustantivamente nuestras estrategias educativas y comunicativas para motivar a una población apática e indolente de la importancia de su participación en asuntos que están a punto de modificar de manera radical sus vidas, en caso de que la mina se ponga en operación. Obviamente este no es un asunto para los niños, sino para los adultos. Las decisiones se tomarán desde muchos kilómetros  de distancia y en función de intereses que permanecen inconfesablemente ocultos. Pero los afectados seremos nosotros, los que vivimos aquí. No serán los empresarios que viven cómodamente en Nueva York o en Toronto, o los políticos que pueden elegir su lugar de residencia en cualquier parte del mundo para ponerse a salvo de la protesta social.

La gente a veces piensa que protestar no sirve de nada; pero está muy equivocada. La única posibilidad que tenemos como ciudadanos para incidir en el curso de los acontecimientos que afectarán nuestras vidas, es manifestarnos. Pero a veces no sabemos cómo hacer que las personas se sumen a causas que les afectan, aunque piensen que ya no hay nada qué hacer, o que los problemas son irreversibles. No sólo no  lo son, sino que si no actuamos pueden ponerse peor.   

El manejo equilibrado de los mensajes con una buena intencionalidad pedagógica es uno de los grandes desafíos para quienes queremos hacer educación ambiental.







[1] Publicado en La Jornada Veracruz, el lunes 26 de marzo de 2012, p. 6.
[2] Coordinador de la Cátedra UNESCO – UV “Ciudadanía, Educación y Sustentabilidad Ambiental del Desarrollo”.

lunes, 19 de marzo de 2012

El desarrollo sustentable y la economía verde



Edgar J. González Gaudiano[1]

Aunque el concepto de desarrollo sustentable había sido enunciado unos años antes, fue el reporte de la Comisión Brundtland “Nuestro Futuro Común” en 1987 el que lo hizo famoso. El concepto ha sido muy polémico por su énfasis intergeneracional más que intrageneracional, pero al cabo de estos 25 años ha terminado por posicionarse como una propuesta que, al margen de las definiciones, intenta articular el crecimiento económico, con equidad social y la conservación del medio ambiente.
Sin embargo, al cabo de estos 25 años lo que hemos visto ha sido la nula incidencia de la propuesta de la sustentabilidad en términos de la política real. No ha sido por falta de crecimiento económico pues a pesar de las crisis económica y financiera el crecimiento económico en el mundo ha sido ascendente. Incluso en México a pesar del fracaso de la política económica que nos tiene estancados frente al resto de los países, el PIB per capita pasó de cerca de 2000 dólares a finales de la década de los ochenta a cerca de 9000 en este momento. Sin embargo, la inequidad ha crecido. Los ricos son mucho más ricos que antes y el número de pobres crece mucho más rápido que la población, lo que implica que la riqueza que genera el país se concentra en muy pocas manos. Y encima de esto un deterioro del medio ambiente sin precedente alguno; abandono del campo y de la inversión en ciencia y tecnología; niveles ínfimos de calidad educativa, etc., etc.
Por lo mismo, el discurso gubernamental sobre la sustentabilidad es un discurso hueco que no tiene bases en la realidad de nuestro país. Y en el mundo las cosas no marchan mejor en términos de equidad y medio ambiente. Es por eso que en la negociación internacional ha venido proponiéndose  el concepto de Economía Verde. Otra vez, el reto es mejorar el bienestar humano y la equidad social, reduciendo los riesgos ambientales mediante el impulso de procesos económicos que disminuyan sus huellas de carbono y sean socialmente incluyentes. 
Esta modernización del discurso puede ser seductora pero en el fondo es más de lo mismo, con la idea de que sea el mercado el que siga rigiendo los destinos de la humanidad. La propuesta de la Economía Verde es sólo una nueva máscara del neoliberalismo para que las cosas sigan igual para quienes se comen la tajada grande del pastel, pero peor para los que ven caerse a pedazos su nivel de vida.  Oiremos hablar mucho de economía verde y de erradicación de la pobreza en estos meses previos a la Cumbre de Río + 20. No me extrañaría que este nuevo discurso permeara el discurso electoral de alguno de los candidatos.
El planteamiento de la Economía Verde no examina ninguna de las causas profundas del deterioro del medio ambiente, ni de la inequidad social que resultan de un sistema productivo destructor y un modelo económico injusto y regresivo. Se habla ahora de una gestión sustentable de los recursos naturales, lo que implica asignar derechos de propiedad privada sobre los bienes nacionales incorporando al mercado aquellos servicios de los ecosistemas y patrimonio natural que no había sido mercantilizado. Véanse si no las autorizaciones mineras. En el fondo, todo es para aplicarnos las mismas recetas de siempre: eficiencia en el gasto público, contracción salarial, inversión privada, etc. lo que en la jerga neoliberal significa más sacrificios para la clase trabajadora. No nos vayamos con esa finta.


[1] Publicado en La Jornada Veracruz, el 19 de marzo de 2012. Coordinador de la Cátedra UNESCO – UV “Ciudadanía, Educación y Sustentabilidad Ambiental del Desarrollo”.

lunes, 12 de marzo de 2012

La educación en Río + 20

Edgar J. González Gaudiano



Hace unos días participé en un taller en la ciudad de Bonn, Alemania, sobre la educación para el desarrollo sustentable. El taller fue convocado por la Comisión Alemana para la UNESCO y asistimos unas tres decenas de educadores del mismo número de países. Por parte de América Latina, además de mí participaron colegas de Brasil y Chile. El taller tuvo dos ejes de discusión marcados por fechas por cumplirse. La primera es la celebración en el próximo mes de junio de la Cumbre de Rio + 20, a  veinte años de la legendaria Cumbre de Naciones Unidas de Ambiente y Desarrollo, también conocida como Cumbre de Río (1992).
La segunda fecha es la entrada en la última fase del Decenio de las Naciones Unidas de la Educación para el Desarrollo Sustentable (2005-2014), acordado durante la Cumbre de Desarrollo Sustentable de Johannesburgo, Sudáfrica en 2002. El debate durante el taller estuvo conectado con los objetivos de otras décadas especialmente de la erradicación de la pobreza, la de derechos humanos y  de la Estrategia Internacional de Reducción de Desastres, así como con la Educación para Todos y los Objetivos de Desarrollo del Milenio, que tienen plazo perentorio en 2015.
De este taller se desprenderán algunas acciones de corto y mediano plazos. En primer lugar, se presentará ante la Conferencia de Rio + 20 la propuesta para adoptar una declaración en la cual los Estados miembros acuerden extender las acciones en materia de educación para el desarrollo sustentable más allá del término del Decenio en 2014, bajo la premisa de que los cambios que implica fortalecer los procesos educativos con esta dimensión no son de corto plazo. En segundo término, la directora general de la UNESCO, recomendará a la asamblea general de este organismo darle continuidad al decenio, para que la decisión se tome en la sesión número 70 en el otoño de 2015 cuando se presente el informe final sobre la década.
La Conferencia de final de la década tendrá lugar en el otoño de 2014 en Nagoya, Japón, aunque la delegación japonesa presente en el taller comunicó que la ciudad sede podría cambiar.
Sin embargo, más allá de esta agenda de reuniones el asunto es que la educación está siendo llamada a desempeñar un papel cada vez más relevante en la situación crítica que enfrentamos, con perspectivas que no son optimistas. En Río+20, se abordarán dos temas principales: la Economía Verde, como instrumento para el desarrollo sustentable y la erradicación de la pobreza, y un marco institucional para el desarrollo sustentable. La idea es, como ha sido señalado por el director del PNUMA Achim Steiner, activar con un buen liderazgo los interruptores necesarios que puedan asegurar que el equilibrio de las tendencias negativas versus las positivas pase del rojo al negro, y que el derecho al desarrollo sea disfrutado por muchos y no por unos pocos.
El reto no es nada sencillo ya que a nivel demográfico estamos por llegar a los 7 mil millones de personas, y la población urbana ha crecido en 45 por ciento desde 1992. Las emisiones globales de C02 continúan aumentando debido al uso cada vez mayor de combustibles fósiles, con un 80 por ciento de las emisiones globales provenientes de tan solo 19 países. Casi todos los glaciares montañosos alrededor del mundo se están contrayendo y están perdiendo volumen, con severos impactos sobre el ambiente y el bienestar de los seres humanos. Estos glaciares no sólo influyen en el aumento del nivel del mar, sino que también amenazan la vida de aproximadamente una sexta parte de la población mundial. En este marco, el uso global de los recursos naturales aumentó más del 40 por ciento entre 1992 y 2005.
Han habido también avances en diversas esferas, pero el saldo total de deterioro frente a resultados positivos sigue siendo con mucho deficitario, lo que obliga a emprender acciones más radicales ya sea por los acuerdos internacionales, o porque la sociedad civil empecemos a presionar a nuestros gobiernos a asumir posturas más claras en beneficio de las mayorías. Observemos, por ejemplo, la ausencia casi total de los temas ambientales en los discursos de los candidatos de los partidos políticos que contienden por la presidencia de la república. La política ambiental se continúa viendo por nuestros políticos como no prioritaria, cuando de ella depende en gran medida nuestra calidad de vida. Si entendemos esto podremos dejar de conformarnos con bonitas declaraciones y eventos conmemorativos para pasar a los hechos y a los cambios. 
En breve empezará una campaña de comunicación sobre la Cumbre de Río + 20, que gravita en torno del lema “El futuro que queremos”, que a mi juicio se conecta bien con el lema de las cumbres sociales iniciadas en Porto Alegre, Brasil, de “Otro futuro es posible”. Pero para que sea posible se necesitarán muchos esfuerzos a todos los niveles, por lo que en Río este año en forma paralela a la reunión de los gobiernos se celebrará el Encuentro de los Pueblos por la Justicia Social y Ambiental en Defensa de los Bienes Comunes, con la idea de encontrar otras rutas distintas al callejón sin salida en el que la crisis del capitalismo ha encerrado a la humanidad y al planeta en estos albores del siglo 21. De ahí que el Encuentro ha organizado las propuestas en cuatro ejes con el llamado de “Vamos a reinventar el mundo”.
 1. Fundamentos éticos y filosóficos: subjetividad, dominación y emancipación
2. Derechos humanos, pueblos, territorios y defensa de la Madre Tierra
3. Producción, distribución y consumo: acceso a la riqueza, bienes comunes y economía de transición
4. Sujetos políticos, arquitectura del poder y democracia.
Esto significa que habremos de aprender a educar en un mundo en crisis permanente. A este Encuentro sí que me gustaría asistir.

Publicado en La Jornada Veracruz el lunes 12 de marzo de 2012