martes, 28 de mayo de 2013

El mundo al revés en política ambiental

El mundo al revés en política ambiental[1]

Edgar J. González Gaudiano[2]

Lo que sea de cada quien durante la docena trágica de los gobiernos panistas, la política ambiental tuvo bastante juego. Al menos en el papel. Vicente Fox, por ejemplo, estableció en el Plan Nacional de Desarrollo 2001-2006 que el desarrollo sustentable sería la columna vertebral de su gobierno. Incluyó lo ambiental en el gabinete económico, en el de seguridad y en el social. Pero por principio de cuentas fragmentó la Secretaría de Medio Ambiente, Recursos Naturales y Pesca, al quitar el manejo pesquero de su campo de atribuciones y desmantelar equipos de trabajo calificados que había costado mucho integrar, para abrirle espacio a panistas y simpatizantes sin perfil ni experiencia. La conducción de la Secretaría fue tan desastrosa que durante el periodo hubo tres titulares que no ataban ni desataban. Como consecuencia la gestión ambiental del país tuvo una caída estrepitosa.
Durante el sexenio de Felipe Calderón, por primera vez en la historia, la educación ambiental se mencionó explícitamente en el Plan Nacional de Desarrollo 2007-2012. Hubo un solo secretario, pero fue como si no hubiese habido. La Semarnat fue prácticamente invisible en el juego de fuerzas políticas en el país. Cuando se publicaban los resultados de las encuestas anuales de la gestión gubernamental promovidas por algunos periódicos, hubo ocasiones en que se les olvidaba incluir a la Semarnat.
 Sin embargo, el tema del cambio climático fue enarbolado como bandera de política (principalmente para consumo externo). En 2007 apareció la estrategia nacional de cambio climático y en 2009 el primer programa especial de cambio climático. En Cancún se celebró en 2010  la COP 16 y se atrajeron muchos reflectores en esta materia. Todo eso le valió a Felipe Calderón recibir premios internacionales e incluso nacionales por su política de cambio climático, tales como  el que le  otorgó el PNUMA de Campeones de la Tierra (2011);  otros recibidos fueron el de Stars of Energy Efficiency (2009), el Premio Globe de Liderazgo Internacional de Medio ambiente, por anunciar la creación de un Centro de Desarrollo Sustentable que nunca entró en funciones y el Teddy Roosevelt por su liderazgo en materia ambiental (2012). La Fundación Miguel Alemán le otorgó el Premio Ecología y Medio Ambiente (2011). No tiene caso alguno dar la lista completa. Hace unos días se anunció que se incorporaba al consejo de directores del World Resources Institute. No tengo idea de qué pueda aportar ahí.
A eso se ha de haber dedicado el Secretario Rafael Elvira durante todo el periodo de gestión: a promover una imagen internacional de ambientalista de su jefe, porque no se avanzó en casi nada más. Premios iban y venían, mientras se entrega el 30% del territorio del país a empresas mineras extranjeras para que exploten minerales a cielo abierto y contaminen aire, suelo y agua, destruyan comunidades enteras por unos cuantos empleos de peones asalariados y sin pagar impuestos. Y esta es sólo una de las muchas contradicciones de política en las que se incurrió.  
El modelo de desarrollo impulsado por el país dista mucho de encontrar el camino hacia la sustentabilidad. Nuestros ecosistemas están en un estado crítico; contamos con un marco normativo de buena manufactura pero disperso y, lo peor, no se aplica. Se mantiene un uso desordenado del territorio y sujeto a colosales presiones por los grupos de interés económico y la expansión errática de los núcleos urbanos sometidos a la especulación inmobiliaria. Ese fue el legado de nuestro multipremiado expresidente, aunque el mérito no es sólo suyo. El drama que se vive en el campo, el caos de las ciudades y la degradación de los ecosistemas es un resultado acumulado de las políticas públicas aplicadas, sobre todo, durante los últimos 50 años.
Todo esto viene a cuento porque se acaba de dar a conocer el nuevo Plan Nacional de Desarrollo 2013-2018. En él se establecen cinco ejes: México en Paz, México incluyente, México con educación de calidad, México próspero y México con responsabilidad global. Me hubiese gustado un eje de México hacia la sustentabilidad. Pero no, la política ambiental se encuentra incluida dentro del eje México próspero; es decir, estará subordinada a la política económica. Ya sabemos lo que eso puede implicar. Se dice que se buscará un “crecimiento verde incluyente y facilitador que preserve nuestro patrimonio natural al mismo tiempo que genere riqueza, competitividad y empleo”. Se ve complicado conservar el color verde en el crecimiento en un escenario internacional económicamente adverso y un país urgido de crear empleos estables y dignos que ayude a levantar a la población de la postración en la que se encuentra, especialmente de los jóvenes.
El PND 2013-2018 tiene cuatro estrategias para la política ambiental: 1) implementar una política integral de desarrollo que vincule la sustentabilidad ambiental con costos y beneficios para la sociedad; 2) implementar un manejo sustentable del agua, haciendo posible que todos los mexicanos tengan acceso a  ese recurso; 3) fortalecer la política nacional de cambio climático y cuidado al medio ambiente para transitar hacia una economía competitiva, sustentable, resiliente y de bajo carbono y, 4) proteger el patrimonio natural. Ya veremos cómo se concretan están estrategias y sus líneas de acción en los correspondientes programas sectoriales de medio ambiente y de energía; los programas nacionales forestal e hídrico y en los programas especiales asociados (cambio climático y desarrollo rural sustentable, así como el de producción y consumo sustentable, entre otros).
Llama la atención, sin embargo, que entre los catorce indicadores de los “temas considerados  como prioritarios para darle puntual seguimiento y conocer el avance de las metas establecidas”, no haya ninguno que tenga que ver con asuntos del medio ambiente. Ergo, no son temas prioritarios y por lo mismo podrán ser soslayados. 
Algunos pensamos que como vivimos un mundo al revés, y si en los dos sexenios anteriores cuando la política ambiental estuvo en la vitrina lo que resultó fue un desastre mayúsculo, tal vez ahora que se encuentra en una posición completamente subordinada al crecimiento económico puede ser que esta vez, a lo mejor, quizá, posiblemente, sí veamos resurgir los criterios ambientales en la forma como se conduce el desarrollo del país. De no hacerlo, los pasivos ambientales que ya son muchos, seguirán acumulándose en prejuicio de los mexicanos que ahora vivimos y de los que aún no nacen.     




[1] Publicado en La Jornada Veracruz, el martes 28 de mayo de 2013, p. 6.
[2] Coordinador de la Cátedra UNESCO- UV “Ciudadanía, Educación y Sustentabilidad Ambiental del Desarrollo”. http://edagrgoznalezgaudiano.blogspot.mx

miércoles, 8 de mayo de 2013

La promoción de las elecciones en Veracruz


La promoción de las elecciones en Veracruz[1]

Edgar J. González Gaudiano[2]

“Hola, ¿Ya te enteraste que el 7 de julio hay elecciones en Veracruz?” De este modo empieza un anuncio promocional en la radio pagado por el Instituto Electoral Veracruzano. El anuncio mal diseñado y con voces poco convincentes, se repite hasta tres veces seguidas en una misma pausa comercial. Ello produce lo que ha sido llamado indiferencia por saturación, uno de los efectos del exceso de estímulos y mensajes que caracterizan la sociedad light del momento actual.
 Aunque hay grandes diferencias entre ellos, muchos jóvenes que participarán por primera vez en estas próximas elecciones poseen esta actitud indiferente centrada en el pasarlo bien, con intereses efímeros, evasivos y nomádicos, sin compromisos ni creencias firmes, en lo que todo es transitorio; viven un presentismo sin preocuparse por el futuro. De ahí que establecer una comunicación con los jóvenes actuales requiere de mucho talento y creatividad.
Por ello sorprendió que en las pasadas elecciones federales haya habido 63% de participación de jóvenes entre 18 y 24 años de edad de los que estaban inscritos en las listas nominales; esto es, alrededor de 3.5 millones de jóvenes que ejercieron su voto por primera vez. Fue un efecto provocado quizá por el súbito interés suscitado por el movimiento “yosoy132”, que  rápidamente se difuminó una vez concluido el proceso electoral, por la cooptación que del mismo quisieron hacer los partidos políticos e incluso la propia televisa.
Pero los anuncios del Instituto Electoral Veracruzano no ayudan a crear incentivos de participación, cuando provocan hartazgo con la repetición innecesaria de un mensaje tan carente de significado y contenido emocional. Es un recurso financiero desperdiciado. Por eso es que las campañas en los medios han de evaluarse para saber si están cumpliendo su cometido.
Cuando se lanza una campaña se supone que es porque desean inducirse pautas de comportamiento en un determinado sentido. La idea es propiciar cambios voluntarios que tengan efectos positivos en el problema que se desea evitar o contribuir a resolver. Entonces ¿qué es lo que está mal? ¿Por qué no funcionan las campañas?
Efectivamente y aunque casi nunca se evalúan, las campañas de este tipo tienen muy pocos efectos en la modificación de pautas de comportamiento o hábitos de consumo. Ha sido demostrado que para que las campañas mediáticas produzcan el efecto deseado, deben cumplir al menos una de las siguientes dos condiciones:
1.            Responder a procesos previos con los que la población haya estado en contacto. En este caso, la campaña se emplea generalmente para comunicar resultados de acciones o para informar sobre decisiones concernientes a las subsiguientes medidas a adoptar.
2.            Detonar procesos posteriores. En este caso, la campaña opera como un mecanismo de información, sensibilización o promoción, preparando a la población meta (consumidores, electores, aspirantes a ingresar a la educación superior, etc.) para orientar una decisión o para poner en marcha un nuevo programa.
Me parece que ninguna de estas dos condiciones se cumple en la actual campaña promocional de las elecciones del 7 de julio. El Instituto Electoral Veracruzano requiere urgentemente de una buena estrategia comunicativa para distintos sectores de población, que justifique el presupuesto que están aplicando en los medios.


[1] Publicado en La Jornada Veracruz, el lunes 1 de mayo de 2013.
[2] Coordinador de la Cátedra UNESCO – UV “Ciudadanía, Educación y Sustentabilidad Ambiental del Desarrollo”. http://edgargonzalezgaudiano.blogspot.mx

domingo, 14 de abril de 2013

El cambio climático: contraintuición y negacionismo


El cambio climático: contraintuición y negacionismo[1]

Edgar J. González Gaudiano[2]

La Tierra gira alrededor del Sol, aunque nuestra percepción nos dice lo contrario. Por eso durante tantos siglos, hasta que apareció Copérnico, se mantuvo el falso modelo mental de que era el Sol el que se movía en torno de la Tierra. A este tipo de fenómenos se les llama contraintuitivos y el cambio climático se encuentra entre ellos. Cuando Copérnico presentó la tesis heliocéntrica que constituyó una revolución científica en su momento, también enfrentó cerradas posturas negacionistas.
¿Por qué es contraintuitivo el cambio climático? Porque se trata de un fenómeno tan ubicuo y complejo que no lo percibimos directamente con nuestros sentidos, sino de la información que recibimos. Tampoco sentimos que la Tierra se mueve, ni vemos el C02 acumulándose en la atmósfera; lo sabemos por la información que recibimos.
Las personas con escasa formación científica o poca capacidad de observación pueden fácilmente confundirse. De ahí que es frecuente encontrar quienes atribuyen al cambio climático un invierno inusualmente prolongado como el que ocurre en estos momentos en Europa, o la sequía de cuatro años que padece actualmente el nordeste de Brasil. Estos eventos pueden ser y pueden no ser atribuidos al cambio climático.
El clima mismo es difícil de entender por lo que mucha gente confunde el clima con el tiempo. El clima consiste en un conjunto de valores estadísticos de factores característicos del tiempo atmosférico en una región durante un periodo suficientemente representativo, que se estima en alrededor de treinta años. Los factores que se monitorean constantemente son la temperatura, la humedad, la presión, los vientos y las precipitaciones. Así, el clima es un sistema complejo difícil de predecir.
Mucha gente se dedica a hacer pronósticos del tiempo para los próximos días aplicando la ciencia y la tecnología en una determinada región. Numerosas actividades económicas y sociales dependen de esto. Es lo que trasmiten diariamente los medios de comunicación. No obstante, la naturaleza compleja de los fenómenos atmosféricos y la comprensión aún imprecisa de los patrones y procesos meteorológicos causan que los pronósticos sean menos confiables mientras mayor sea el periodo de predicción. De ahí que los canales especializados no suelen informar más allá de un par de semanas.
Quienes niegan la existencia del cambio climático se apoyan en estas características contraintuitivas del fenómeno y en su complejidad, para intentar invalidar lo que el conocimiento científico está confirmando cada vez con mayor certidumbre. Hay todo tipo de información científica disponible que permite mostrar que las posturas negacionistas no tienen fundamento alguno; pero quienes asumen estas posturas no quieren convencerse de lo contrario.
La mayoría de las posturas negacionistas no están asociadas a un sano escepticismo, como el que nos permite formularnos nuevas preguntas que es lo que hace avanzar a la ciencia. El escepticismo científico es una actitud epistemológica mediante la que se desafían críticamente afirmaciones que carecen de pruebas empíricas suficientes y robustas.
Por su parte, el negacionismo del cambio climático se caracteriza por posturas pseudocientíficas que suelen estar asociadas a fuertes grupos de interés económico, por lo cual apelan a tácticas  mediáticas y de presión política. Como en todo, también dentro del negacionismo hay tipos y niveles. Yo he sido acusado en estas páginas por un grupo del tipo pendenciero, de ser un agente de la corona británica (casi todo un 007) ¡por el hecho de remitirme a los reportes del Panel Internacional de Cambio Climático!
   Como quiera, hay varios sitios interesantes dedicados a los procesos de comunicación sobre cambio climático que podrían ser consultados para entender mejor lo que se encuentra detrás de todo esto.  Uno de ellos es “Usted no se lo cree”, cuyos propósitos principales son transmitir a la clase política en particular y al público en general una comprensión cabal del funcionamiento del sistema climático de la Tierra, combinando el rigor con un lenguaje asequible a amplias capas de la población; situar la credibilidad del método científico en general y de la ciencia del clima en particular en el lugar que le corresponde, y evidenciar los motivos por los cuales los medios de comunicación son estructuralmente incapaces de trasladar a la población el problema en toda su magnitud.
Creo que vale la pena echarle un vistazo a la página y en particular a un trabajo dedicado a la negación del fenómeno que no tiene desperdicio y al que se puede acceder en: http://ustednoselocree.com/2009/11/24/por-que-usted-probablemente-no-se-lo-cree/ 


[1] Publicado en La Jornada Veracruz, el lunes 15 de abril de 2013.
[2] Coordinador de la Cátedra UNESCO – UV “Ciudadanía, Educación y Sustentabilidad Ambiental del Desarrollo”. http://edgargonzalezgaudiano.blogspot.mx

El cambio climático ¿Quién habla por él?


El título de esta entrega hace referencia a un libro que se está rápidamente convirtiendo en una referencia obligada. Se trata de la obra de Maxwell T. Boykoff, publicado por la editorial de la Universidad de Cambridge: Who speaks for the climate? Making sense of media reporting on climate change, lo que en castellano podríamos traducir como: ¿Quién habla por el cambio climático? Dando sentido a lo que informan los medios de comunicación sobre el cambio climático.
Y el asunto viene a cuento porque el sábado 30 de marzo pasado, en estas mismas páginas, se publicó un artículo de Claudia H. García, que responde a afirmaciones hechas en un similar firmado por mí el 19 de diciembre de 2012, que lleva el título de “Los charlatanes de siempre”, el cual puede ser consultado en el archivo de este diario o en mi blog personal: egonzalezgaudiano.blogspot.mx. Se tardó tres meses y medio en construir una respuesta.
Pero no deseo entablar una polémica con dicha señora, a quien no tengo el gusto de conocer, porque respeto mucho el disenso. Estoy convencido de que es un ingrediente fundamental de la construcción de una opinión pública bien informada. El problema es que en el comentario de referencia, nuevamente, como en la entrevista que yo criticaba en el artículo del 19 de diciembre se vuelven a mezclar todo tipo de asuntos, en un afán no sé si de confundir o por un estilo de redacción, pues se menciona desde mi lugar de nacimiento hasta mi contratación en la Universidad de Veracruzana. El alegato de la Sra. García en relación con el cambio climático cae por su propio peso, por lo que prefiero aprovechar este espacio para comentar lo que Boykoff opina sobre el papel que están desempeñando los medios de comunicación en la construcción de una representación social de este importantísimo fenómeno provocado para la actividad humana.
Es obvio que el cambio climático se ha convertido en un símbolo definitorio de nuestra relación colectiva con el medio ambiente, que ya no ha de ser visto como un mero problema ambiental o como tema científico, sino que está profundamente surcado por complejos intereses que se expresan a través de discursos que enfatizan algunos elementos y ocultan otros. Los medios de comunicación, sobre todo las noticias, pero también la publicidad y hasta el entretenimiento, se han constituido como agentes fundamentales que producen, interpretan y consumen representaciones y símbolos. Es decir, crean realidad.
Los medios, a nivel mundial, han influenciado e influencian todo en relación con el cambio climático: desde la orientación de la ciencia del clima hasta las nociones más informales de la comprensión pública de este fenómeno. De ahí que constituyen un objeto de investigación social de la mayor prioridad política, social y científica. Ese es justamente el planteamiento central del libro de Boykoff.
El análisis sumamente ilustrado con ejemplos específicos de medios y mediadores, así como estudios emprendidos por todo el orbe, no consiste en develar una conspiración internacional para obscurecer la formación de una opinión apropiada del fenómeno. Se reconoce que hay áreas que cuentan con una plena certidumbre científica, entre ellas el origen antrópico del fenómeno que la Sra. García intenta negar, y otras que no son completamente claras, por el momento, como la construcción de escenarios locales.
Se admite, desde luego, la mano negra en la prensa de los intereses de las empresas que se verían afectadas con un incremento de las políticas de respuesta, aunque también se señala que el manejo confuso de la información deriva de varios otros factores, entre los que destacan la propia complejidad del fenómeno, de las propias políticas de los medios que buscan “balancear” los puntos de vista, la ignorancia de muchos comunicadores, la intervención de los llamados idiotas útiles y hasta la resistencia e incapacidad de los científicos para encarar entrevistas y comunicaciones que puedan trasladar al público lego asuntos de una alta sofisticación científica.
De ese modo, el tema del cambio climático tiene todo tipo de interlocutores e interlocuciones. Por ejemplo, algunas empresas y corporaciones han identificado el creciente interés por el cambio climático de un cierto sector de la población con capacidad de compra y han promovido el discurso de la “neutralidad de emisiones”. Incluso algunas organizaciones no gubernamentales han visto estas medidas, como un buen avance hacia la descarbonización de las prácticas industriales. Otras, por el contrario, denuncian que tales medidas son sólo nuevas formas de “pintarse de verde” por parte de las empresas para ocultar los negocios de siempre.
No puedo extenderme mucho más en estos comentarios. Para cerrar sólo quiero insistir en la necesidad de comenzar a desarrollar análisis de los discursos que los medios producen sobre el cambio climático y en este esfuerzo hay que saber colocarnos en una posición que nos permita ponderar los extremos de las narrativas que se construyen; es decir, tanto los discursos apocalípticos sobre el fenómeno que quieren convencer por el temor, como las proclamas negacionistas del mismo que sólo le hacen el caldo gordo a los grupos de interés que están retrasando la adopción de políticas de respuesta.
1.- Coordinador de la Cátedra Unesco-UV “Ciudadanía, Educación y Sustentabilidad Ambiental del Desarrollo”. http://edgargonzalezgaudiano.blogspot.mx

El difícil trayecto de ls políticas de respuesta al cambio climático




Edgar J. González Gaudiano

La persistente crisis económica actual está colocando al mundo en una complicada posición. El crecimiento económico está instalado como foco primordial de la política. Nada ha de obstruirlo. Todo aquello que pueda perturbar el itinerario trazado para reactivar el crecimiento perdido es eliminado sin contemplaciones. La política ambiental mundial construida durante los últimos cuarenta años suele ser vista como uno de esos obstáculos. Esta es la fuente principal que alimenta las posturas negacionistas del cambio climático.
El cambio climático es una realidad incontrovertible. Está ya entre nosotros y llegó para quedarse. La argumentación anterior no implica que el conocimiento disponible sobre la ciencia del clima posea certidumbre absoluta. En el marco de un pensamiento científico no hay absolutos. Sin embargo, en lo que no existe duda alguna es que aquello que conocemos actualmente como cambio climático es de origen antrópico; en otras palabras, son las actividades humanas –todas ellas, desde las productivas hasta las más cotidianas y necesarias como transportarnos- las que están produciendo el cambio climático.
Las hipótesis que pretendieron vincular el cambio climático con los ciclos de la naturaleza o del Sol, han ido siendo progresivamente descartadas. Quienes se mantienen esgrimiéndolas a pesar de la evidencia científica disponible, es porque responden a los intereses económicos que serían afectados con un incremento de medidas restrictivas para la emisión de gases de efecto invernadero, por ignorancia, mala fe o todo junto.
Es verdad que los países como México que no han satisfecho las necesidades de bienestar de la mayoría de su población, contribuyen en la gran mayoría de los casos con porcentajes muy bajos de las emisiones globales de CO2 equivalente. Pero eso no nos exime de nuestra responsabilidad, por lo que debemos impulsar un estilo de vida más congruente con las dimensiones del problema. Nadie plantea un impuesto para poder respirar, eso es un despropósito falaz proveniente de mentes febriles.
Nadie tampoco está planteando que con motivo del cambio climático en Veracruz se obstruya la satisfacción de las ingentes necesidades de su población. Por eso México no se encuentra en la lista de los países que aparecen en el Anexo 1. Las políticas  sobre mitigación y adaptación del cambio climático, lo que buscan es atenuar en la medida de lo posible los impactos que inevitablemente se están produciendo y producirán aún más como consecuencia de este fenómeno y tratar de asegurar en el largo plazo ciertas condiciones básicas de calidad de vida. Quien afirme lo contrario es muy irresponsable. La del cambio climático es una de las políticas más progresistas del gobierno del estado de Veracruz, lo que hace falta es aplicarla en todos sus términos.
A nivel internacional se han puesto en marcha programas educativos promovidos por la UNESCO para impulsar la formación de una conciencia pública sobre este tema, así como desarrollar las habilidades necesarias para enfrentarlo. Sin embargo, el cambio climático no nos afecta a todos por igual, no sólo por el impacto diferencial que tiene en las distintas regiones del mundo, sino por la tremenda diferencia de capacidades de los individuos y las sociedades para responder al mismo y protegerse a sí mismos. Por ello, se está promoviendo un enfoque educativo integrado de mitigación y adaptación, con acentos diferenciados. Énfasis en la mitigación para aquellas poblaciones de países que contribuyen con más gases de efecto invernadero; énfasis en la adaptación y en especial hacia la reducción de riesgos de desastres, para los países más vulnerables.
La idea es generar conocimientos, habilidades, actitudes y disposiciones no sólo para comprender las causas y las consecuencias del cambio climático, sino para impulsar la formación de habilidades transversales mediante un aprendizaje orientado a la solución de problemas sobre la mitigación y la adaptación, que contribuyan a una ciudadanía global. Es un proceso incipiente en este momento, pero el Sistema de Naciones Unidas echará a andar una dinámica campaña para que los países se apliquen a su instrumentación.
Varios estudios que hemos impulsado en la Universidad Veracruzana sobre riesgo, vulnerabilidad y resiliencia comunitaria al cambio climático nos están mostrando que la población del estado en general, incluso las localidades que recurrentemente han sido golpeadas en forma severa por fenómenos hidrometeorológicos extremos, no están preparándose para enfrentar episodios graves. Algunos por fatalidad, otros por desconocimiento, otros más por carencia de capacidades, pero no se están poniendo en marcha programas y estrategias tendientes a disminuir los riesgos que corren sobre todo, las poblaciones asentadas en los márgenes de los muchos ríos que atraviesan el territorio del estado, en las zonas de derrumbes de las áreas montañosas, en las regiones bajas e inundables de las zonas costeras, entre otras.
Es claro que frente a estos hechos y situaciones, continuar poniendo en duda la existencia del cambio climático, así como su magnitud y complejidad, abona al desconcierto y la perplejidad de la población e incrementa los riesgos entre los grupos más vulnerable. Por eso, sin ambages, a quienes asumen este vergonzante papel les llamo irresponsables.

lunes, 18 de marzo de 2013

La educación ante todo


La educación ante todo[1]

Edgar J. González Gaudiano[2]

Gracias a que soy el coordinador de la Cátedra Unesco – UV “Ciudadanía, Educación y Sustentabilidad Ambiental del Desarrollo”, tuve la oportunidad de asistir a escuchar la conferencia impartida por la Dra. Irina Bokova, directora general de la Unesco, en la Secretaría de Relaciones Exteriores en la Ciudad de México, el pasado viernes 15 de marzo. La conferencia se tituló: “Educación ante todo. Una educación de calidad para todos como motor del desarrollo económico y social”. Algunos de los conceptos vertidos me resultaron de especial interés.

Bokova estableció desde el principio que “la educación es un derecho habilitante”, porque refiere a la formación de capacidades que permite a las personas ganarse la vida, tomar decisiones en todas las áreas. Es un “instrumento social para el desarrollo”.  Es también “un poderoso camino para enfrentar la seguridad alimentaria”, uno de los flagelos a los que la humanidad se enfrenta y enfrentará aún más a lo largo de este siglo. Enfatizó la importancia de la educación de las mujeres, porque el nivel educativo de la mujer impacta no sólo su propia vida, sino la de sus hijos. A  ello habría que ponerle atención porque con la crisis actual “la juventud carga con el mayor peso, especialmente las niñas y las jóvenes”.

Por todo ello, se requiere de un “nuevo humanismo”, en el que una educación con pertinencia y equidad esté “en el centro de la agenda del desarrollo global”. De ahí manifestó el respaldo de la Unesco a la reforma educativa impulsada por el gobierno de la república, que “ha colocado a la educación en la cúspide de su agenda”.  Ve esta reforma como una poderosa señal de transformación de la educación en México elevando su calidad. Espera que otros países asuman también este tipo de compromiso para alcanzar los Objetivos de Desarrollo del Milenio.

Informó que están revisando dos documentos que han sido claves en el desarrollo de la educación mundial: El titulado “Aprender a ser”. Este informe fue coordinado por Edgar Faure y publicado en 1972. Dio luz al llamado paradigma emergente, un modelo alternativo a la educación tradicional, cuyo foco se ponía en el desarrollo de los procesos que facilitaban que el individuo pudiera acceder al conocimiento, a lo que se denominó "aprender a aprender".

El otro informe es “La educación encierra un tesoro”, coordinado por Jacques Delors, publicado en 1998. Este informe invita a asimilar la noción de sociedad educativa, dada la mundialización, la interdependencia global y la expansión demográfica, por lo que todo es una oportunidad para aprender y desarrollar las propias capacidades, sobre todo con la irrupción de las tecnologías de la información y la comunicación que han transformado el panorama al poner el conocimiento al alcance de un número cada vez mayor de personas. Plantea que hay que pasar del crecimiento económico al desarrollo humano y que para lograr una educación a lo largo de toda la vida hay que poner en marcha los cuatro pilares de la educación: Aprender a ser, aprender a conocer, aprender a hacer y aprender a vivir juntos. 

Ninguno de estos dos sustantivos informes concede importancia a los temas ambientales, lo que esperamos se corrija porque su revisión servirá para definir la agenda futura de la educación a promover por la Unesco la que, según Bokova, debe fomentar la equidad, poner el foco en la calidad, aplicar las tecnologías de la información, y promover la paz y la solidaridad mundial. Nuevamente sin alusiones a la problemática ambiental, pese a que al mismo tiempo en la Unesco se discute darle continuidad al decenio de la educación para el desarrollo sustentable, más allá de 2014. Mientras en los pilares, los propósitos nodales y las estrategias centrales de la Unesco no se asuma con toda claridad la importancia de la calidad del ambiente, nunca lograremos que las instituciones del sector educativo le den el peso que debe tener, como si la vida transcurriera en un ambiente virtual.

Bokova también indicó que si bien las tecnologías han revolucionado nuestras formas de comunicación, la desigualdad se ha acentuado y los conflictos han aumentado. Sólo en  América Latina 61 millones de niños en edad de asistir a la primaria y 70 millones que deben cursar secundaria, “no ejercen su derecho a la Educación”. Es imperativo, dijo, “aprender a vivir juntos”. Por lo que las tecnologías no son suficientes por sí mismas para mejorar la educación.

Al hablar de calidad, señaló que ésta implica educación para la equidad, para la solidaridad, para la creatividad y para la sustentabilidad. Es una condición necesaria para salir de la pobreza y poder participar plenamente en la vida de la sociedad.  Señaló que en América latina estamos en el momento justo para asegurar una educación de calidad, relevante, con respeto a los derechos humanos anclados en la diversidad cultural y de acceso a todos, puesto que “en la región tenemos evidencias de que los alumnos de tercero a sexto año de primaria, en matemáticas, lectura y ciencias no están adquiriendo los conocimientos mínimos de competencia en esas áreas”. Según el Informe Global de la Unesco sobre monitoreo de la educación para todos, más de ocho millones de personas entre 15 y 20 años de edad no han completado sus estudios de secundaria, comentó.

 Sinceramente espero que el exhorto de la Dra. Bokova no caiga en oídos sordos y que las instancias que tienen la responsabilidad de conducir la política educativa lo tomen en cuenta para que, en el caso federal, se pueda incorporar tanto en el Plan Nacional de Desarrollo, como en el programa de mediano plazo del sector.    

 

     



[1] Publicado en La Jornada Veracruz, el lunes 18 de marzo de 2013.
[2] Coordinador de la Cátedra UNESCO – UV “Ciudadanía, Educación y Sustentabilidad Ambiental del Desarrollo”. http://edgargonzalezgaudiano.blogspot.mx

martes, 12 de marzo de 2013

La educación ambiental en el marco de los cien días


La educación ambiental en el marco de los cien días[1]

Edgar J. González Gaudiano[2]

Se han cumplido cien días del nuevo gobierno federal y la prensa destaca los sustantivos cambios ocurridos durante este breve periodo. La proclama positivista de “Orden y Progreso” pareciera ser el sentido que rige esta segunda alternancia.

Orden porque ha quedado de manifiesto que existen nuevas condiciones del ejercicio de poder por parte del ejecutivo federal que ha metido en cintura a los desbocados poderes fácticos; el del SNTE en primer lugar,  pero también a las televisoras que de no haber sido así, en este momento habrían desatado una de las usuales campañas de desprestigio de la década anterior, ahora en contra de la reforma del sector de las telecomunicaciones, que impactará directamente los intereses de los concesionarios de televisión abierta y restringida, así como de la telefonía fija y móvil.

Orden también porque se ha comenzado a controlar la anárquica situación imperante en los gobiernos estatales y municipales, con sus obscenos endeudamientos y ostensibles prácticas de corrupción e impunidad. La reforma para regular la contratación de deuda de estados y municipios ayudará desde luego, pero ya veremos si el PRI es capaz de emprender acciones ejemplares contra exgobernadores de ese partido como el de Tabasco. Ello parece improbable, pues más allá de las declaraciones de que no se protegerá a nadie, la fracción priista con apoyo del Verde y del Panal en la Cámara de Diputados han enviado a la congeladora el punto de acuerdo para que se transparentaran las cuentas de Mariana Granier Calles, hija del ex mandatario tabasqueño, por alrededor de 3 mil millones de pesos. Hechos son acciones …

Progreso porque la sola percepción social (hasta ahora infundada) de que se está controlando la violencia, está generando un mejor clima para el crecimiento económico. Veremos también muy pronto si a la favorable percepción corresponde un cambio real de situación.

Pero en fin, durante esos cien días en cuanto a la educación ambiental pese a todo lo que se habla ahora de la reforma constitucional en materia educativa, no ha pasado nada. Ni siquiera se ha puesto en funciones al nuevo Consejo Nacional de Educación Ambiental para la Sustentabilidad, que cambió el 50% de sus miembros y cuya instalación debía darse una vez nombrada la nueva administración de la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat).

Tampoco ha pasado nada porque el Centro de Educación y Capacitación para el Desarrollo Sustentable de la Semarnat, en este lapso, ha tenido tres coordinadores generales: el que provenía de la administración anterior que permaneció un par de semanas y los dos que a la fecha han ocupado la silla; ambos cuadros del Partido Verde y sin experiencia alguna en temas educativos. Son personas que han manifestado buena disposición y voluntad para emprender acciones que fortalezcan la educación ambiental en el país, pero uno se pregunta si eso es suficiente para tomar decisiones en un área tan importante, y que según el perfil del puesto requiere de una formación afín y de experiencia en el campo.

Lo de la educación ambiental se suma a lo que ocurre con la política ambiental en su conjunto. Quitado de la instalación a finales del mes de enero de la Comisión Intersecretarial de Cambio Climático, integrada por trece dependencias y para cuyas tareas se anunció una bolsa de 34,500 millones de pesos sólo para este año, no ha pasado mayor cosa. Pareciera que el actual secretario está más interesado en crear condiciones favorables para el crecimiento económico, aunque según se dice en forma compatible con la conservación del patrimonio natural, pero este segundo elemento no se ve claro. Al menos esa impresión da en las recientes entrevistas concedidas por el titular de la Semarnat, el Ingeniero Juan José Guerra Abud.

Hay un plazo para el beneficio de la duda pero se está acortando rápidamente.

 

 

 

     



[1] Publicado en La Jornada Veracruz, el martes 12 de marzo de 2013.
[2] Coordinador de la Cátedra UNESCO – UV “Ciudadanía, Educación y Sustentabilidad Ambiental del Desarrollo”. http://edgargonzalezgaudiano.blogspot.mx