Noticias, artículos y más sobre Educación Ambiental para la Sustentabilidad. Información personal.
lunes, 4 de enero de 2016
viernes, 4 de diciembre de 2015
El cambio climático y la gente*
Edgar J.
González Gaudiano**
Al
reactivarse el interés público por la cobertura mediática de la Conferencia de
las Partes (COP21) a sobre el Cambio Climático que se celebra en París,
Francia, surgen de nuevo varias interrogantes a propósito de este fenómeno. Una
que nos interesa especialmente en esta ocación es la llamada dimensión social,
que se refiere a la perspectiva que las ciencias sociales y las humanidades
deben aportar para lograr una comprensión más completa de este fenómeno.
La dimensión
social ha cobrado fuerza durante los últimos años, al entenderse mejor el papel
que desempeña como complemento del conocimiento que han venido construyendo las
ciencias del clima. De ahí, el mayor espacio que ocupa en el más reciente
informe del Panel Intergubernamental del Cambio Climático (2013-2014). En otras
palabras, el conocimiento que aporta la meteorología o la química atmosférica,
por ejemplo, se difumina si las políticas de respuesta no consideran también la
información acerca de cómo la población interpreta y valora el cambio
climático, y especialmente las implicaciones de éste en sus vidas.
Numerosos
estudios se han realizado para intentar identificar las claves de la percepción
y la representación social del fenómeno del cambio climático, a fin de poder
traducirlas en estrategias de comunicación y educación, así como en políticas
públicas que puedan inducir valores acordes a las circunstancias que vivimos, y
respuestas sociales consensadas más efectivas.
Se sabe, por
ejemplo, que la alfabetización científica sobre el cambio climático (en lo que
se han centrado la mayoría de los programas en los medios y de los materiales
educativos para las escuelas) es insuficiente para motivar transformaciones en
la actitud y el comportamiento individual y colectivo, tampoco para enfrentar
los riesgos y amenazas derivados. La ciencia del clima ha arrojado luz sobre el
problema, pero no ha influido en las decisiones de la vida cotidiana de las
personas, sobre todo, en aquellas con un estilo de vida centrado, cada vez más,
en el uso intensivo de combustibles fósiles.
Se sabe
también que una apropiada representación social del fenómeno, en tanto
conocimiento de sentido común que da sentido a la realidad, y orienta la acción
de los individuos, es fundamental para desplegar políticas que tengan
resonancia social e involucren a la población en su aplicación (P. Meira, Comunicar
el cambio climático, 2009).
Las
representaciones sociales son constructos cognitivos compartidos, que se han
basado en sustratos culturales específicos, por lo que existen diferencias
significativas en la función de factores tales como región, grupo social, edad,
género y experiencia de vida, entre otros. Factores que han de tomarse en
cuenta para diseñar programas dirigidos a grupos de población particulares.
Por ejemplo,
han sido empleados de manera muy efectiva en la mercadotecnia para inducir
preferencias en los patrones de consumo, entre los distintos segmentos de
población; o por asesores y estrategas políticos para formular campañas
electorales que orienten los votos a favor o en contra de candidaturas y
partidos. Poco se han usado, sin embargo, para hacer más efectivos los programas
educativos.
Sólo si el
cambio climático es reconocido como un factor real en la vida de las personas,
podrá suscitar la adhesión a programas que se pongan en marcha sobre medidas de
mitigación y de adaptación para aportar a la reducción de gases de efecto
invernadero, así como para reducir la creciente vulnerabilidad social que
conlleva el fenómeno (J. L. Lezama, La construcción social y política del medio
ambiente, 2004).
Eso que
parece tan simple es muy difícil de implementar.
El resultado
ha sido que la respuesta social al cambio climático sigue siendo muy voluble.
Quizá porque las medidas a adoptar van en sentido contrario a los satisfactores
que caracterizan actualmente nuestra época de hiperconsumo. Quizá porque, como
dice Daniel Kahneman en su libro Pensar rápido, pensar despacio (2012), sobre
el modelo racional de la toma de decisiones, las implicaciones del cambio
climático no se perciben como riesgos inminentes con una carga emocional que
nos obligue a actuar. Quizá porque hay muchas otras prioridades que ocupan
nuestra atención en la inmediatez de nuestras vidas. Quizá por el tono
apocalíptico que caracterizan a muchos de estos mensajes sobre el tema; tono al
que ya estamos inmunizados. Quizá por el escaso peso que le concedemos a
nuestras acciones individuales.
Lo cierto es
que varios autores, como George Marshall en su libro Ni se te ocurra pensar en
ello (2015), están planteando un cambio de narrativa que permita superar las
barreras psicológicas que no permiten darle una mayor importancia al problema
del cambio climático en nuestras vidas, debido a que lo pensamos como una
amenaza abstracta, invisible y lejana. Otros como Naomi Klein, en el libro Esto
lo cambia todo. El capitalismo contra el clima (2015) señalan que el cambio
climático es la narrativa más poderosa contra el sistema económico y político
actual.
Ciertamente,
tenemos que imprimir un cambio en la manera de presentar y representar el
problema.
Personalmente
creo que seguir hablando de los escenarios que ocurrirán en 2050 o finales de
siglo, por no hacer algo en este momento, no ayuda a crear un sentido de
apremio. Por el contrario, constituye un aliciente para seguir postergando la
adopción de medidas radicales hasta que, como señala Anthony Giddens en su
estudio, La política del cambio climático (2011), sea demasiado tarde. De igual
manera, seguir pensando los problemas desconectados unos de otros por
importantes que sean, no ayuda a construir perspectivas enmarcadas en los
sistemas complejos que permitirían diseñar mejores respuestas.
A pesar de
las difíciles circunstancias que atravesamos en varias esferas de nuestras
vidas, el cambio climático es hoy el desafío mayor al que nos enfrentamos. Más
nos valdría que comenzáramos a asumirlo de ese modo aunque no se advierta que
la acción política vaya en esa dirección, menos cuando suenan tambores de
guerra.
*Publicado en
La Jornada Veracruz, el 4 de diciembre de 2015
http://www.jornadaveracruz.com.mx/el-cambio-climatico-y-la-gente/
**Coordinador
de la Cátedra UNESCO - Universidad Veracruzana “Ciudadanía, Educación y
Sustentabilidad Ambiental del Desarrollo”.
jueves, 3 de diciembre de 2015
El cambio climático y la desigualdad social*
Edgar
J. González Gaudiano**
Por un período muy efímero, en estos días de la Conferencia de las
Partes (COP) número 21 de la Convención Marco de Cambio Climático que se
realiza en París, los temas ambientales en general y el cambio climático en
particular vuelven a ser noticia. La verdad es que es un asunto que merece
nuestra mayor atención, si bien pareciera que hay otros mucho más urgentes e
importantes.
Dada su actualidad mundial por la reunión de mandatarios con
declaraciones espectaculares e imágenes mediáticas de las cuáles seguramente
emanarán pocas decisiones verdaderamente trascendentes para combatir el
fenómeno, quiero vincular este tema con una nota aparecida en este mismo diario
el 1 de diciembre acerca del reconocimiento que hizo el Sr. Tomás Ruiz,
secretario de Infraestructura y Obra Pública del gobierno del estado de
Veracruz, durante su comparecencia ante el congreso local, de que los recursos
federales de 2007 y 2008 (sin aclarar la cantidad) proveniente del Fondo de
Desastres “Naturales” (Fonden) para paliar las consecuencias de los fenómenos
climáticos no se aplicaron y por lo tanto se perdieron, así como que otros $500
millones correspondientes a los años
2009 y 2010 (este último el año del huracán Karl y la tormenta tropical
Matthew) tampoco se aplicaron.
La noticia implica que ese dinero que el gobierno del estado
recibe como consecuencia de las declaratorias de emergencia para atender con
urgencia las necesidades de la población damnificada, no se aplica en lo que
debiese. No llega a la gente necesitada. No se usa para reparar infraestructura
dañada, para solventar aunque sea provisionalmente la pérdida de la actividad
productiva mediante la creación de empleos temporales para limpiar, atender,
socorrer, trasladar, etc. Por lo visto, las emergencias climáticas le han
servido al gobierno del estado para allegarse de recursos adicionales, pero que
no usan para lo que se solicitan. De ese modo, el cambio climático contribuye
al rezago social.
Es terrible. Se trata de una omisión grave que no debiese pasar inadvertida.
Lo que esta cada vez mas frecuente situación implica es que los recursos fueron
desviados hacia otros asuntos que el gobierno del estado consideró
prioritarios. ¿Cómo puede haber algo más prioritario que una declaración de
emergencia?
Somos un estado cuyo desarrollo se encuentra estancado desde hace
demasiados años; una entidad que cuenta con las condiciones materiales y
geográficas para estar bien pero que se encuentra colocada en los últimos
lugares de prácticamente todos los indicadores de bienestar; con servicios
públicos de la peor calidad e infraestructura deficiente e insuficiente; con
una deuda rampante que nos ha convertido en rehenes de los acreedores por
muchos años, donde hasta los impuestos de los años venideros que aún no se
cobran, ya se deben; con instituciones inanes y población dejada a su suerte; con
gobiernos irresponsables, cínicos, omisos, ineptos y corruptos; con
representantes rapaces con problemas de columna de tantas genuflexiones ante el
poder.
La noticia del Sr. Tomás Ruiz sólo viene lastimosamente a
demostrar cómo ahora la vulnerabilidad social creciente derivada de los embates
del cambio climático viene a agudizar la ya de por sí crítica situación del
pueblo veracruzano.
Ciertamente, el cambio climático ha llegado para quedarse y no
sólo constituye por si mismo nuevas condiciones de riesgo y amenaza, sino que
incrementa explosivamente otros problemas como los alimentarios, de suministro
de agua, de violencia y de migración, de desigualdad social pues, por citar
sólo algunos. La situación es grave
porque no se ve que exista decisión política para al menos frenarlo, a fin de
tener la oportunidad de ir atendiendo los efectos más inmediatos, para impulsar
políticas de adaptación social, para reducir la vulnerabilidad, para fortalecer
la resiliencia social, para evitar los próximos desastres. Los gobiernos
declaran que tomarán medidas que siempre son postergadas. Como vemos, incluso
los recursos que llegan para paliar emergencias se desvían. El cambio climático
es empleado como coartada de ineficiencias cuando se presentan contingencias
ambientales. Culpar a la naturaleza de los desastres se ha convertido en la
excusa favorita.
Pero tampoco la población le concede importancia al fenómeno. Lo
seguimos viendo como un problema distante en el tiempo y en el espacio. Un problema
de los osos polares. A esto me referiré en otra entrega.
Nuestro gobierno federal es paladín de declaraciones sobre el
cambio climático, pero sólo para el consumo externo. Calderón Hinojosa recibió
varios premios internacionales por eso, mientras le abría la puerta a la
minería a cielo abierto. Ahora mismo el presidente Peña Nieto asiste a la COP21
en París, y a pesar de la aprobación por el senado de la ley de transición
energética hacia tecnologías limpia se siguen abriendo más pozos de fracking. Esto
es, las presuntas medidas gubernamentales sobre el cambio climático no se
corresponden con las decisiones de política que se están tomando en todas las
áreas de la administración pública, sobre todo económicas. Es pura simulación.
En el sexenio actual con el PRI nuevamente en el poder el asunto
es todavía, si cabe, más complicado. El haber entregado la conducción de la
política ambiental a sus aliados del Partido Verde ha contribuido a poner al
país en un estado de coma inducido. Se ignoran leyes; se han desmantelado
equipos técnicos calificados; los puestos han sido ocupados por amigos y
colaboradores incapaces en todos los niveles de mando desde el secretario hasta
los jefes de departamento. Las buenas noticias ambientales de este país de los
meses recientes, como la suspensión provisional del maíz transgénico en
respuesta a una acción colectiva, fue resultado de la intervención de un
magistrado a pesar de un centenar de impugnaciones del gobierno federal y de
las empresas transnacionales, así como de 22 amparos en los que ha intervenido
hasta la Primera Sala de la Suprema Corte de Justicia de la Nación. Arturo Escobar
está imputado de delitos electorales, pero no de su actuación en temas
ambientales. Ello porque en los hechos para el gobierno la política ambiental es
lo de menos.
¿Así cómo?
*Publicado en La Jornada Veracruz, el 3 de diciembre de 2015
http://www.jornadaveracruz.com.mx/el-cambio-climatico-y-la-desigualdad-social/
**Coordinador de la Cátedra UNESCO - Universidad Veracruzana
“Ciudadanía, Educación y Sustentabilidad Ambiental del Desarrollo”.
martes, 17 de noviembre de 2015
La universidad asediada*
Edgar
J. González Gaudiano**
En los últimos meses se ha dado a
conocer la crítica situación financiera por la que atraviesa la Universidad
Veracruzana. Quizá algunos no logren comprender su magnitud, pero el gobierno
del estado de Veracruz sólo ha entregado el 20% de lo que le corresponde
durante el año 2015. Es decir, la UV ha tenido que interrumpir un gran número
de sus actividades vitales para dar prioridad, con recursos que recibe del
gobierno federal, al pago de la nómina del personal académico y administrativo,
a fin de no suspender los servicios educativos, de investigación y de difusión
que son la razón de su existencia.
El subsistema de educación
superior de nuestro país se caracteriza por una gran diversidad de tipos de
instituciones en las que destacan las universidades públicas autónomas. Se
trata de instituciones de calidad que se rigen por programas establecidos por
las propias universidades para responder a lo que la sociedad espera de ellas
para contribuir al bienestar de la población del país, con mayor énfasis en sus
territorios de influencia. Las universidades públicas forman a las futuras
generaciones que conducirán al país, crean cultura, producen conocimiento,
forjan ciudadanía para el ejercicio de los derechos y deberes de una
democracia. Es por eso que son públicas, porque producen bienes y servicios
públicos.
Pablo Latapí decía que las
universidades públicas son tales porque:
1. Pertenecen
a la sociedad en su conjunto y esa es la razón por la que dependen de recursos
públicos.
2. Están
abiertas a todos, bajo las únicas restricciones que imponen los requisitos
académicos de ingreso, permanencia y egreso.
3. Encarnan
valores que nos son valiosos a todos, en los que converge nuestra diversidad
social, cultural e ideológica promoviendo la tolerancia, el respeto por los
otros, por los diferentes, a partir del diálogo y la convivencia plural.
4. Intentan
responder responsablemente a las necesidades y problemas de todos,
principalmente a los de los más desfavorecidos, en una perspectiva de bien
común.
5. Atienden
al propósito superior de la soberanía nacional, de independencia, de justicia
social.
Por todo eso son públicas, por lo
que son básicas para nuestra democracia; son faros de libertad máxime en un
país como el nuestro donde muchas instituciones públicas están sometidas a los
intereses de grupos de poder económico y político. Son instituciones
imprescindibles del Estado mexicano, por lo que el financiamiento que reciben
no es una dádiva, sino una obligación del Estado mexicano establecida en nuestra
Carta Magna. No entregarlo completo y con oportunidad no sólo es una grave
irresponsabilidad, sino una violación a la ley.
Pero en este escenario nacional
de las universidades públicas autónomas hay inequidades. La mayoría de ellas,
reciben financiamiento público proveniente de recursos federales y estatales,
que suele tener una distribución muy variable pero que en promedio se ubica en
alrededor de 30% de recursos estatales y 70% federales. La universidad
Veracruzana tiene una relación cercana al 50-50 y eso la hace aún más
vulnerable y explica en parte la gran crisis que ahora vive. Además, las
universidades federales como la UNAM, el IPN y la UAM reciben varias veces más financiamiento
por estudiante que la UV y todo su presupuesto proviene de recursos federales
por lo que sale etiquetado del presupuesto nacional. Lamentablemente no es el
caso de la UV.
Más de 2000 millones de pesos de
recursos provenientes del estado le han sido ilegalmente retenidos, además de
otros 450 millones provenientes de recursos federales que no le han sido
entregados, acto que por sí mismo merecería una investigación por parte de la
Secretaría de Educación Pública porque implica una desviación de recursos.
No entiendo qué es lo que quiere
provocar el gobierno del estado de Veracruz encabezado por el Señor Duarte de
Ochoa en una institución de casi ochenta mil estudiantes y once mil
trabajadores. Como si le faltaran a este estado problemas.
En los últimos años, la
Universidad Veracruzana ha hecho gigantescos esfuerzos por mejorar la
eficiencia en el gasto y en los indicadores de calidad académica de sus
acciones. Estos esfuerzos le han sido reconocidos por la SEP, el Conacyt, la
ANUIES, por su creciente número de programas acreditados, de investigadores en
el Sistema Nacional de Investigadores, por el número de cuerpos académicos
registrados, por el crecimiento de su matrícula, por sus programas de
vinculación, de difusión cultural, entre muchas otras acciones. Su importancia
no sólo en Veracruz, sino en el país es indiscutible. La UV vive una
transformacional radical de su vida institucional. No constituimos una
universidad perfecta, ninguna lo es. Tenemos muchos y serios problemas, pero
estamos en el camino de resolverlos, los estamos enfrentando todos los días en
las aulas, en los laboratorios, en los campos, en las regiones. No se merece la
UV lo que le está ocurriendo.
*Publicado
en La Jornada Veracruz, el 15 de noviembre de 2015.
**Director del Instituto de Investigaciones en Educación
de la Universidad Veracruzana <edgagonzalez@uv.mx>
martes, 10 de marzo de 2015
Discurso pronunciado por el doctor Edgar J. González Gaudiano, con motivo de la presentación ante el Consejo Universitario General de la Universidad Veracruzana, de la doctora Lucie Sauvé para recibir el doctorado Honoris Causa, el 8 de marzo de 2015.
Es un gran honor y privilegio haber
sido designado en esta ceremonia de investidura del grado de doctor Honoris
Causa para presentar a la doctora Lucie Sauvé ante este Honorable Consejo
Universitario General. Los usos y costumbres académicos refieren que esta tarea
consiste en hacer una cavilación sobre sus méritos, lo cual se hace muy difícil
debido a que a la admiración y respeto en la relación académica que mantengo
con la doctora Sauvé desde hace más de quince años, se ha añadido a lo largo de
este tiempo el cariño y el apego en una relación de gran amistad con Lucie. Por
lo mismo mis palabras irán teñidas de una fuerte dosis de emoción.
El Reglamento de Reconocimiento
al Mérito Universitario de la Universidad Veracruzana consigna que el doctorado
honoris causa podrá ser conferido a quienes por su contribución a las ciencias,
a las letras o a las artes, hayan realizado una labor extraordinaria para el
mejoramiento de las condiciones de vida o del bienestar de la humanidad. En
este enunciado existen dos condiciones sustantivas: el de una trayectoria
académica relevante y una contribución social ejemplar.
Se trata del reconocimiento de un
vínculo que ha de ser íntimo y fecundo. La Universidad como máxima expresión de
una conciencia ilustrada y la irradiación de sus efectos más benéficos al seno
de la sociedad en la que se halla inserta, para a su vez ser enriquecida por
ésta. Es una articulación de interdependencia y continua transformación del
entorno social y de la propia comunidad universitaria, para construir una mejor
Universidad y una mejor Sociedad.
En este marco, la expresión más
digna de una Universidad es el reconocimiento de una trayectoria de excelencia
mediante uno de sus actos más solemnes: la investidura de un Doctor Honoris
Causa por sus méritos superiores en la tarea científica, humanística o
artística y por sus potentes contribuciones a la sociedad y por la lucha en
busca de ideales eximios y defensa de derechos, sobre todo de los más
desprotegidos. En ese acto la Universidad honra a la vez que es honrada.
Por todo ello, ha sido para mí
muy difícil expresar en pocas palabras, una trayectoria tan intensa, tanto a
nivel científico como pedagógico y con un apasionado compromiso social.
Conocí a Lucie Sauvé en 1999,
cuando asistió al primer Congreso Nacional de Investigación en Educación
Ambiental, realizado en el Puerto de Veracruz, bajo los auspicios de la
Secretaría de Medio Ambiente, Recursos Naturales y Pesca, del gobierno federal,
y de la Universidad Veracruzana. Ya había leído algunas de sus publicaciones y
me había sorprendido su claridad conceptual y su compromiso político con el
campo de la educación ambiental. Por ese motivo fue que la invité a participar
en el congreso sin grandes expectativas de que viniera. Aceptó participar
enseguida y su intervención en el evento fue inspiradora, marcando la pauta de
lo que debía ser a su juicio una verdadera investigación en educación
ambiental.
Las obras de Lucie Sauvé son
lecturas obligadas en los procesos formativos en esta área y es la autora extranjera
más citada en las tesis de licenciatura y posgrado en educación ambiental en
México y en muchos otros países latinoamericanos. Ha sido tan claro su
compromiso con nuestra gran región que refrenda que su provincia de Quebec es
también América Latina.
Antes de continuar permítanme por
un momento explicar lo que significa ser casi una autora de culto en el campo
de la educación ambiental. Este campo no sólo es un campo emergente tanto en la
política educativa como en la política ambiental, sino que es muy vulnerable a
los vaivenes institucionales incluso internacionales, así como a los devaneos
de los funcionarios en turno, como ocurre actualmente en México con el Partido
Verde al frente de la Semarnat.
En nuestro país, la educación
ambiental nunca ha estado bien posicionada en la política ambiental ni en la
educativa, por lo que sus programas aún los exitosos son muy inestables y
tienen una permanencia no mayor de un sexenio. En lo internacional, la
educación ambiental sigue estando fuertemente amenazada ahora por la educación
para el desarrollo sustentable, propuesta encaminada a impulsar una estrategia
educativa vana que pretende someter aún más la conservación ecológica y la protección
del medio ambiente al crecimiento económico a toda costa. De este modo, la
educación ambiental no es un campo pedagógico que fascine a muchos grupos de
interés, antes bien es combatida desde numerosos ángulos.
Es por ello sobresaliente y debiese
ser del mayor interés político y social en México, el trabajo que la Dra. Sauvé
desarrolla desde 2011 como líder de un colectivo científico sobre la cuestión
del gas de esquisto o de lutita, consistente en hidrocarburos en estado gaseoso
que se encuentran en formaciones rocosas sedimentarias de grano muy fino y cuyo
proceso de extracción implica enormes impactos ambientales de diverso tipo. Es
la llamada fractura hidráulica o fracking, que ha sido denunciada y prohibida
en varios países. No en el nuestro, por cierto.
En este grupo encabezado por la
Dra. Sauvé participan 169 científicos de diversos campos disciplinarios y
distintas instituciones, cuya misión es ejercer una vigilancia crítica sobre el
sector de actividades de gas de esquisto en el tema energético en Quebec. Desde
hace cuatro años, el colectivo desarrolla un inventario de documentación científica
y la hace accesible a lectores no científicos y a todos aquellos interesados en
un problema que afecta la calidad de sus vidas. Se encuentran disponibles en
línea más de quinientos documentos para estos propósitos. Asimismo, el colectivo
participa en los debates y consultas públicas, organiza conferencias de
expertos y realiza análisis sobre diferentes aspectos de esta seria problemática.
Desde 2011, el colectivo científico sobre el tema del gas de esquisto en Quebec
se pronunció a través de varias proclamas cuya producción fue coordinada por ella.
Quisiera destacar ahora, remitiéndome
sólo a ciertos datos principales que revisten su trayectoria, algunos rasgos significativos
que hemos de retener de la misma. Lucie Sauvé es profesora titular del
Departamento de didáctica de la Facultad de Ciencias de la Educación de la
Universidad de Quebec en Montreal (UQAM). En dicha institución funge como
Directora del Centro de Investigación en Educación, Formación Ambiental y
Ecociudadanía. El Centro inscribe sus actividades en el contexto de la sociedad
actual y sus integrantes orientan su labor hacia el “bienestar común”, la
equidad socioecológica y nuestra relación con el mundo. Con este Centro hemos
suscrito un acuerdo de colaboración para el intercambio de experiencias, así
como para la movilidad académica y de estudiantes, lo que ha contribuido a que
el Cuerpo Académico «Ciudadanía, Educación y Sustentabilidad Ambiental del
Desarrollo» del Instituto de Investigaciones en Educación, haya adquirido el
nivel de consolidado.
La doctora Sauvé es de Pedagogía ha
colaborado con gran generosidad en programas de docencia en numerosas
universidades de varios países, entre los que se encuentran Francia, Bélgica,
Haití, Mali, Guinea, Brasil, Bolivia, Colombia y México. Estamos programando su
participación en el Instituto de Investigaciones en Educación de nuestra casa
de estudios.
Ha publicado cerca de una docena
de libros de autor y ha dirigido quince publicaciones colectivas y ha participado
en más de setenta libros colectivos publicados en diversos países y en
distintas lenguas. Cuenta con más de un centenar de artículos en revistas
indexadas, muchos de ellos por invitación. Su producción de material didáctico con
fines formativos es impresionante, destacando los 23 módulos desarrollados
entre 1999 y 2003 que constituyen una síntesis inédita del campo de la
educación ambiental, concebidos para la educación a distancia. Asimismo, los
once documentales en video con su correspondiente guía pedagógica,
desarrollados entre 2002 y 2010 en apoyo a diversos temas ambientales en los
que destacan la salud comunitaria, la alimentación y la energía.
La doctora Sauvé fue titular
durante diez años la Cátedra de Investigación de Canadá en Educación relativa
al Ambiente (2001 a 2011), que son cátedras nacionales a concurso que no tienen
equivalente en nuestro país, desde la cual desarrolló una estructura de
investigación que está disponible con el objetivo de contribuir al despliegue
de una ecociudadanía, tomando en cuenta el contexto de influencia de la
sociedad contemporánea.
La doctora Lucie Sauvé es una
ferviente convencida de que la pedagogía exige una postura optimista frente a
los desafíos y los problemas que nos aquejan. Con este doctorado honoris causa,
queda así enlazada para siempre a esta casa de estudios, cuya vocación por el
saber y la generación de conocimiento se enaltecen con su ilustre pertenencia a
nuestra comunidad universitaria.
Palabras de la Doctora Lucie Sauvé con motivo de la recepción del Doctorado Honoris Causa otorgado por la Universidad Veracruzana el 8 de marzo de 2015.
En primer lugar, deseo manifestar un enorme
agradecimiento
al Consejo General Universitario,
a la Rectora Dra. Sara Ladrón de Guevara y
a la Secretaria Académica Mtra. Leticia
Rodríguez Audirac.
Me interesa compartir con ustedes que uno de
los más preciosos regalos de mi vida profesional,
además de este momento tan especial,
ha sido la colaboración con colegas de México
y en general de América Latina.
He tenido la posibilidad de acercarme al pensamiento latinoamericano
en el campo de la educación ambiental,
con sus aspectos epistemológicos, éticos,
políticos, pedagógicos.
A través del pensamiento de mis colegas, a
través de sus textos
y los encuentros, me he sentido como en casa.
Formamos una comunidad de investigadores y educadores
conscientes de la estrecha relación entre las realidades sociales y ecológicas;
conscientes de la dimensión política de la educación,
y en particular de la educación ambiental;
de su papel fundamental para transformar la
red de relaciones entre las personas, los grupos sociales y el ambiente;
… es decir, con el conjunto de los sistemas
de vida de los cuales formamos parte.
Estamos preocupados por una mejor integración
de la EA
en los sistemas educativos, desde la primaria
hasta la universidad.
Y también preocupados por la integración de
la EA en los diversos sectores de la sociedad civil.
En esta perspectiva, nuestras universidades desempeñan
un papel de primera importancia,
integrando la dimensión ambiental – es decir
socio-ecológica –
en las diversas carreras,
en los programas de investigación y en la
vinculación social;
Integrando el campo de la EA en la formación
de los maestros y maestras
y también inspirando y exigiendo políticas
públicas apropiadas
que favorezcan el despliegue de la EA
en los diversos sectores de la sociedad
civil.
En la perspectiva de contribuir al
fortalecimiento
de una verdadera sociedad educativa,
es necesario favorecer el intercambio
entre la educación formal, no formal e
informal.
Necesitamos reforzar la colaboración
entre estos tres sectores de la educación.
Se trata de favorecer la sinergia social
para la transformación de las realidades
socio-ecológicas actuales.
Tanto en el Norte – en Canada –
como en tantas otras partes del mundo,
vivimos en un contexto caracterizado
por un sistema de «gobierno»,
o «gobernanza» como se dice en el
mundo empresarial,
un sistema basado en alianzas
político-económicas
y en la instrumentalización de la
democracia.
En ese sistema, las decisiones están
raramente orientadas hacia el bien común, la salud de las poblaciones y el cuidado de los ecosistemas.
Esto surge con toda claridad en
particular
con la expansión de las
actividades extractivas, exógenas
como la explotación de los
hidrocarburos
– en particular del gas y del petróleo
no convencionales -,
las minerías a cielo abierto
y otros procesos invasivos de
nuestros territorios
o de franco despojo como la
privatización del agua.
En este contexto, es finalmente la
sociedad civil,
son los ciudadanos,
quienes debemos ejercer una
vigilancia crítica,
para luchar en «contra » o «pro»,
involucrarse en la innovación
ecosocial,
ser actores de cambio
a pesar de las tendencias
político-económicas.
La tarea es gigantesca:
hay que denunciar, resistir y
crear también –
y esto - a menudo - en contextos de emergencia,
de falta de recursos, de
tensiones, de sobrecarga, de acoso.
Lo anterior requiere del
desarrollo de competencias ciudadanas, ecociudadanas – en los diversos niveles
escolares
y sectores de la sociedad.
Se trata de desarrollar
competencias críticas, éticas,
estratégicas, políticas a través de
procesos democráticos.
Se trata de forjar colectivamente
una inteligencia ciudadana de las situaciones,
de desarrollar un poder-hacer, un
poder actuar
para la reapropiación de nuestras
realidades,
de nuestros asuntos públicos.
Ese es precisamente el papel
fundamental de la educación ambiental:
estimular el compromiso
ecociudadano;
un compromiso fundado en una
visión del mundo
clarificada, discutida,
confrontada,
que dé sentido a nuestro ser y
actuar en el mundo.
La educación ambiental es un
proyecto político-pedagógico
que llama a la reflexión crítica,
ética, filosófica.
La tarea es inmensa !Pero alentadora!
Abre espacios para la esperanza.
En este sentido, me importa
celebrar la valiosa colaboración
de mis colegas mexicanos,
veracruzanos
en tal proyecto educativo y
social,
en particular la contribución
internacional, única, muy inspiradora
de mi colega Edgar González-Gaudiano.
De nuevo, mil gracias por otorgarme
este doctorado honoris causa.
Me siento muy honrada de pertenecer a este
claustro a partir de ahora
Me infunde nuevas energías para seguir
adelante, con ustedes.
Muchas gracias.
lunes, 26 de enero de 2015
El Dia Mundial de la Educación Ambiental
El Día Mundial de la
Educación Ambiental[1]
Edgar J. González Gaudiano[2]
El 26 de
enero se celebra el Día Mundial de la Educación Ambiental. La verdad es que nunca
he sabido cuándo se estableció esta fecha. Algunos dicen que fue en 1975, en
virtud del Seminario Internacional de Educación Ambiental, realizado en
Belgrado -en ese entonces república de Yugoeslavia, hoy capital de Serbia-, el
cual sentó las bases de este campo pedagógico mediante un conjunto de
principios y directrices que se conocen como Carta de Belgrado. Pero este
seminario se efectuó del 13 al 22 de octubre.
Otros afirman
que fue en 1972, cuando también se acordó celebrar el 5 de junio como Día
Mundial del Medio Ambiente porque fue cuando se inauguró la ya legendaria Conferencia
de las Naciones Unidas del Medio Ambiente Humano en Estocolmo. Esta fecha si
consta en las actas de esa asamblea, el Día Mundial de la Educación Ambiental,
no.
¿Por qué precisamente
el 26 de enero? Nunca lo he sabido. Quizá porque los demás días ya estaban
ocupados. Hay tantas celebraciones de tantas cosas, que ya algunas hasta
comparten el mismo día.
De hecho yo
me enteré de esta efeméride no hace muchos años, cuando incluso la educación
ambiental ya había caído de la gracia de los organismos internacionales que la
promovieron, específicamente la UNESCO. Como sabemos, ahora se habla de
educación para el desarrollo sustentable (EDS) y apenas en diciembre pasado se
concluyó la década que se había destinado a impulsar la EDS en el mundo.
Lo cierto es
que la educación ambiental sigue siendo una necesidad. Lo vemos todos los días
alrededor nuestro. Más en nuestro país, donde la Secretaría de Educación
Pública nunca ha manifestado un fuerte interés en este tema, aunque haya sido
mencionado en varios planes de gobierno y programas sectoriales.
Ha habido
avances sin duda. Durante años se trabajó en el fortalecimiento de los libros
de texto gratuito de la educación básica; se han ofrecido cursos de
capacitación a los maestros en servicio; se han promovido las fechas
ambientales, aunque no precisamente ésta, dentro del calendario escolar, entre
otros logros. Conseguidos sobre todo gracias a una colaboración entre la SEP y
la Semarnat que sobrevivió tres sexenios, mediante un acuerdo que se ratificaba
al principio de cada uno.
Como podrán
suponer, en este sexenio no se ratificó. ¿Por qué? Tampoco lo sé. Aunque debe
haber sido porque el Partido Verde llegó a ocupar la Semarnat. Y lo digo
porque, eso sí lo sé, el actual Secretario suprimió el Consejo Nacional de
Educación Ambiental y mantiene al centro que antes se ocupaba de impulsar el
tema en el país, el Cecadesu, al borde de la extinción.
La educación
ambiental tiene como uno de sus principales objetivos crear conciencia y
desarrollar capacidades entre la gente y particularmente en el gobierno de la
necesidad de participar para proteger la calidad del ambiente. Y ahí, en esto
último, es donde no vemos absolutamente ningún progreso. Es más, vemos
significativos retrocesos.
Las actuales
políticas gubernamentales preocupadas por el inaccesible crecimiento económico,
han sacrificado entre otras cosas lo que se había conseguido en materia de
política ambiental. Sólo dos ejemplos. La minería a cielo abierto y la
explotación de hidrocarburos, sobre todo los llamados no convencionales,
extraídos mediante la técnica conocida como fracking, están ocasionando graves
problemas de contaminación del suelo, del agua, pérdida de biodiversidad, y
muchos etc. y ni siquiera están resolviendo el problema económico de las
comunidades. Todo lo contrario.
¿Sabe Ud. si
todavía existe la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente? Yo no. Al
menos no se nota. Nunca se publica nada sobre ella, aunque debe haber quienes
cobran esos sueldos.
Así que
llegamos a esta celebración del Día Mundial parafraseando a los clásicos: pobre
educación ambiental, tan lejos de la SEP y tan cerca del Partido Verde.
martes, 6 de enero de 2015
No podemos permitirlo
No podemos permitirlo[1]
Edgar J. González Gaudiano[2]
Después de casi un mes
alejado del país por asuntos académicos primero y luego familiares, regreso a
enfrentarme con la crítica situación que estamos viviendo. Intuía, como muchos,
que era equivocada la apuesta del gobierno de la república de que con las
fiestas de navidad y fin de año se desvanecería el malestar social existente.
He seguido desde la
distancia la rala cobertura mediática de la protesta. El hecho mismo de
continuar apareciendo en los medios es un signo evidente de su vigencia, puesto
que la prensa en general ha jugado del mismo lado que el gobierno. Han sido las
redes sociales y principalmente la prensa crítica electrónica las que han
mantenido interés en el tema.
He reflexionado mucho sobre
eso a lo largo de estas semanas. ¿Por qué lo del crimen atroz de los
estudiantes normalistas de Ayotzinapa ha sido tan excepcional? No lo fue el
caso de los 49 niños que murieron y los 76 heridos en el sospechoso incendio de
la guardería ABC en Hermosillo, Sonora, en 2009; ni la masacre de 72 migrantes
en San Fernando, Tamaulipas, en 2010. Por poner sólo como ejemplo, otros dos
incidentes terribles entre otros muchos, que han quedado en la abyecta impunidad.
Hemos asumido como
explicación la metáfora de la gota que derramó el vaso. Pero, vamos, habrán de
coincidir conmigo en que hay algo más. El asunto ha sido un hito fundamental y tiene
que ver con nosotros como sociedad.
Este crimen de los
estudiantes al fin nos devuelve una imagen espantosa de nosotros mismos, que no
acabamos de comprender; que nos desconcierta. Una imagen de hasta dónde hemos
llegado; hasta dónde hemos permitido que llegaran las cosas y el pánico que nos
produce la imagen previsible si no intervenimos para cortar de raíz esta tendencia
febril en la que se encuentran implicados el poder económico y el poder
político en una alianza perversa que nos tiene engullidos. El crimen de
Ayotzinapa ha obrado de espejo. ¿Qué lecciones hemos de aprender de lo que
estamos viviendo? ¿Qué significados hemos de extraer? ¿Cómo evitaremos que ese
crimen sea escondido bajo la alfombra y olvidado como tantos otros, para no
alterar el estado de cosas imperante?
El gobierno de la república
y los poderes legislativos y judicial dominados por el sistema de partidos no
han entendido la peculiaridad del caso. Le han dado por tanto el mismo
tratamiento de siempre. Declaraciones de que se actuará hasta las últimas
consecuencias, caiga quién caiga. Que se aplicará todo el rigor de la ley.
Anunciando algunas medidas que más tarde no se verán obligados a cumplir,
etcétera. Apostando a que la crispación social del momento, como ha ocurrida
antes, simplemente desaparezca; a que la turbulencia vuelva a decantarse y las
cosas puedan seguir su curso usual. El país en el que no pasa nada, aunque
estemos hundidos en la mierda.
Por eso a nadie le importa
si los esposos Abarca son sentenciados o no. Pese a los erráticos esfuerzos que
la PGR hace para que aceptemos una narrativa de los sucesos concentrando la
responsabilidad principalmente en ellos, lo que nos preocupa es de otro orden
de magnitud; no se trata de un cáncer localizado, sino de la metástasis en un
cuerpo social gravemente enfermo.
No logro entender
cabalmente el proceso que nos ha llevado a acumular tanta indiferencia por los
demás, por nosotros mismos. Me aterra nuestro desapego por lo verdaderamente
importante. Estamos inmunizados contra el sufrimiento ajeno. Anestesiados por
la frivolidad. Es como pretender cambiar la realidad, cambiando de canal. Simplemente
fingimos que no existe; que no nos afecta. ¿Que cosa tan terrible nos ha
ocurrido para estar alienados a tal grado?
No puede ser que estemos
tan mal que las instituciones del Estado mexicano estén impávidas ante los
asuntos de la casa blanca y la casa de campo.
No puede ser que no exista
capacidad de escrutinio público para enfrentar la podredumbre que se observa en
el comportamiento de varios gobernadores, que están endeudando a sus estados
para disponer de recursos para sus negocios ilícitos. Que continúen los
Tlatlaya, los Ficrea, los miles de desaparecidos. Que se exonere, precisamente
en este momento, a Raúl Salinas. Que admitamos vivir resignadamente con la
violencia sistémica que nos agrede.
No puede ser que aceptemos
sin más nuevas elecciones para renovar representantes y autoridades que son más
de lo mismo. Que sigamos creyendo en promesas vacías; permitiendo la gestión
del hambre para vendernos tan barato como una despensa.
No puede ser que volvamos
a dejar pasar otra oportunidad para ser mejores como sociedad, eliminando los
parásitos que se encuentran infestando los órganos de nuestra república.
¿Qué debemos hacer para
lograr estos cambios trascendentes? Honestamente, no lo sé. Pero sí sé que
quisiera ser parte de la urgente búsqueda colectiva de respuestas porque, a
pesar de todo, sigo convencido del poder que habita en nosotros para cambiar
las cosas.
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