miércoles, 11 de julio de 2018

                                 Xalapa: ciudad educadora*

                                                                                                        Por Edgar J. González Gaudiano**


Xalapa es una ciudad magnífica, pero severamente descuidada. Con un crecimiento anárquico y sujeto a la especulación inmobiliaria, graves problemas de tránsito, inseguridad, contaminación y deterioro ambiental y una carencia sensible de oportunidades de empleo y desarrollo social, entre otros problemas que se padecen, nuestra ciudad languidece ante la ineficiencia, la corrupción y las políticas clientelares características de los gobiernos locales de las tres últimas décadas.
Nos encontramos en pleno proceso para la renovación de los gobiernos municipales en todo el estado de Veracruz y hemos estado escuchando toda suerte de promesas, las más dirigidas como siempre a capturar el voto ciudadano, aunque constituyan una oferta política que suele incumplirse una vez que se ha ganado el poder. La ausencia precisamente de una ciudadanía empoderada capaz de exigir sus derechos, ha contribuido al cínico abuso que observamos y al deterioro institucional.
Se habla todo el tiempo de participación ciudadana como condición básica del desarrollo, pero se trata de un concepto manoseado y desgastado por los partidos políticos convencionales, por lo que nadie sabe a qué se alude cuando se habla de él. Saber participar implica poseer capacidades para la participación y éstas solo se adquieren mediante la educación. Es de aquí que surge la idea de ver a las ciudades no sólo como espacios donde ocurren acciones educativas, sino como agentes educadores. La Carta de las Ciudades Educadoras comienza diciendo que: "Hoy más que nunca la ciudad, grande o pequeña, dispone de incontables posibilidades educadoras, pero también pueden incidir en ella fuerzas e inercias deseducadoras". ¿No creen que estamos viviendo cada vez más bajo fuerzas e inercias deseducadoras?
Dice Alicia Cabezudo (2010) que desde una perspectiva de políticas públicas educativas, la ciudad puede entenderse a partir de tres dimensiones distintas aunque complementarias entre sí: Ver a la ciudad como objeto de conocimiento (aprender la ciudad); verla como trama social en la que se producen acontecimientos sociales (aprender en la ciudad) y verla como recurso de aprendizaje (aprender de la ciudad).
Esas tres dimensiones solo pueden cumplirse plenamente si de manera deliberada se fortalece el tejido social y su potencial educativo, a través de políticas públicas pedagógicas de los gobiernos locales que prioricen la inversión cultural y la formación permanente de la población. Todo esto orientado a impulsar una mejor convivencialidad que nos permita desarrollar las capacidades requeridas para una mejor gestión de la vida pública de acuerdo con nuestras necesidades y anhelos de cambio social.
Xalapa tiene todo el potencial para convertirse en una ciudad educadora, no sólo por la confluencia de circunstancias muy favorables como la de ser la principal sede de la Universidad Veracruzana y de otras instituciones de educación superior, sino por poseer una añeja tradición cultural que no ha sido bien aprovechada para aprender la ciudad, aprender en la ciudad y aprender de la ciudad. Sus dimensiones son todavía de una escala humana que hace propicia la interacción de calidad y el disfrute de la ciudad como espacio público.
El rasgo de ciudad educadora podría ser el mejor emblema para promover programas de turismo cultural y proporcionar con ello un aliento a su deprimida economía, para fortalecer la identidad xalapeña y el sentido de pertenencia, el valor social de su patrimonio histórico y cultural, así como para recuperar tradiciones y costumbres, formas de organización y prácticas cívicas que estamos viendo desvanecerse.
Xalapa puede entonces convertirse en un agente educador para impulsar la participación ciudadana en defensa de una vida urbana de calidad, que nos conduzca a cumplir con nuestras responsabilidades, pero también a saber cómo exigir que las autoridades cumplan con las suyas.
Por todo ello es importante asistir a la Presentación de la Agenda Ciudadana 2018-2022 para Xalapa, el próximo martes 23 de mayo a las 17 horas en el IMAC Xalapa.
Necesitamos volver a recuperar la ciudad para nosotros.
*Artículo publicado en La Jornada


Optimismo trágico en el cambio de régimen[1]

Edgar J. González Gaudiano[2]

Los resultados de la pasada contienda electoral en México fueron sorprendentes. Para unos por el resultado en sí, para otros por su contundencia. Hace seis años, cuando el PRI regresó al poder, algunos pensábamos que sería sumamente complicado volverlo a sacar. El fracaso de los dos sexenios panistas, la ausencia de un fuerte liderazgo antagónico y la cooptación del PAN y el PRD, que se adhirieron al Pacto por México, entre otros factores, nos hacía pensar lo peor. De ese modo, Peña Nieto logró posicionarse como el gran  transformador que movería a México de su atávico rezago.
Sin embargo, en menos de 50 meses, Andrés Manuel López Obrador, un persistente luchador social, registró un nuevo partido –MORENA-; hizo un recorrido que puede calificarse como épico por todo el país; construyó alianzas que respaldaron su liderazgo –algunas por cierto muy cuestionadas por muchos, entre los que me incluyo-; explotó en beneficio de su movimiento -como lo hiciera Hernán Cortés- las rivalidades y pugnas locales, logrando un triunfo que apenas estamos asimilando en toda su magnitud.
Los retos de su gobierno serán enormes. En primer lugar por la complejidad del momento que vivimos: una deuda que recorta significativamente los grados de libertad de la reorientación presupuestal; una delincuencia sin control en numerosos lugares de la geografía nacional; un descrédito generalizado de las instituciones del Estado en materia de justicia, capacidad y responsabilidad de operación, así como un entorno internacional poco favorable sobre todo con la hostilidad del gobierno de Estados Unidos, por mencionar sólo algunas de las áreas que considero más críticas.
En segundo lugar, los desafíos serán mayúsculos por las enormes expectativas de cambio que se despertaron en la sociedad, sobre todo entre los grupos y sectores que han vivido un proceso continuo de desposesión. Estas expectativas presionarán para que en plazo corto se vean resultados de esa “cuarta transformación de México” recuperando un maltrecho estado de derecho y justicia social, combatiendo efectivamente la corrupción y la impunidad, haciendo una reingeniería institucional, así como relanzando el potencial económico sin continuar dañando el ambiente, pueblos y ecosistemas debido al modelo extractivista que impulsaron los gobiernos neoliberales.
Se ve difícil desde todos los puntos de vista. Pero peor sería no intentarlo y para lograr los mejores resultados posibles tendremos que sumarnos sin mezquindades, pero atentos para alertar de desviaciones que reproduzcan las prácticas que conocemos bien, sobre todo ante la falta de contrapesos democráticos.
López Obrador tiene el beneficio de mi duda, pero soy cauto y estoy consciente de que la superación de los obstáculos será una batalla que habrá de librarse todos los días. En este sentido es que recupero la noción de optimismo trágico de Boaventura de Sousa Santos (2009), entendida como la aguda conciencia de las dificultades y las luchas por la emancipación que no sean fácilmente cooptables por la regulación social dominante, pero con la inquebrantable confianza en la capacidad humana para superar dificultades y crear horizontes potencialmente infinitos dentro de límites asumidos como insuperables.
No podemos ser pesimistas frente al escenario que se presenta ante nosotros, por incierto que parezca. Mucha gente ha recuperado la esperanza de cambio social. Ahora habrá que encauzarla en una acción política que ayude a definir mejor la trayectoria que empezaremos a recorrer en breve para alcanzar por lo que se ha luchado.
Espero con ansias el 50 aniversario del 2 de octubre en este soleado políticamente panorama nacional.  


[1] Publicado en La Jornada Veracruz, el miércoles 11 de julio de 2018.
[2] Investigador Instituto de Investigaciones en Educación de la Universidad Veracruzana. edgargonzalezgaudiano.blogspot.mx

miércoles, 11 de abril de 2018


Cifuentes y Fidel, las semejanzas*


Por Edgar J. González Gaudiano**



Cristina Cifuentes, la presidenta de la Comunidad Autónoma de Madrid –algo así como el Jefe de Gobierno de la CDMX– está en la cuerda floja porque obtuvo el grado de Máster en Derecho Autonómico de la universidad pública Rey Juan Carlos gracias a sus influencias políticas y no a su desempeño académico. Según publicó el portal eldiario.es el 21 de marzo, Cifuentes se matriculó en 2011/2012 en ese posgrado y le quedaron pendientes dos asignaturas, entre ellas la del trabajo final, o "recepcional", como se le llama en la jerigonza universitaria veracruzana. Con una consulta a la web, el periódico digital se enteró de que "…una funcionaria de otro campus entró en el sistema en 2014 y cambió los dos ‘No presentado’ a ‘Notable’… La funcionaria dice que si lo cambió es porque se lo ordenó un profesor. La Universidad sigue investigando. Cifuentes defiende que todo es legal y que aprobó porque se examinó de nuevo en 2014, aunque no hay rastro en los registros", ni de los pagos por inscripción en 2014, ni del trabajo escrito, similar a una tesis, que debió presentar y defender para obtener el grado; dice Cifuentes haberlo perdido y olvidado su contenido.
Por cierto, eldiario.es recuerda que "…La Rey Juan Carlos es la misma universidad que dirigía Fernando Suárez, rector hasta 2017, cuando tuvo que convocar elecciones por el escándalo desvelado por este portal, de la decena de plagios que había hecho antes y durante su rectorado".
En su editorial, el periódico madrileño El País señaló el pasado miércoles 4 de abril, después de la comparecencia ante la Asamblea de la Comunidad: "Cristina Cifuentes se ha parapetado, según todo parece indicar, en una mentira para mantener su puesto al frente de la Comunidad de Madrid. Quizá ella no falseó ninguna firma y ningún documento para demostrar que sí cursó y superó un máster de posgrado en una universidad pública, pero el miércoles, en la Asamblea madrileña y ante los electores, proclamó con altanería que el título que figuraba en su currículo académico era ‘perfectamente real y legal’. Una profesora, la presidenta del supuesto tribunal que la examinó, ha reconocido que no firmó el acta. Hubo, por tanto, un delito de falsificación de documento público que la fiscalía ahora evaluará. Si ella no falsificó nada, Cifuentes tendrá al menos que explicar de dónde sacó el acta que tan orgullosa exhibió y por qué estaba tan segura de su legalidad".
El Partido Popular ha salido a defender a su dirigente y militante distinguida diciendo que todo es una intriga de un diputado socialista. Quizás exista tal intriga, pero esta se desarrolla sobre un cúmulo de irregularidades que ni Cifuentes ni la Universidad han podido explicar. No sólo eso, sino que las sospechas se ahondan porque Wikipedia indica que Cifuentes "…Formó parte de órganos de gobierno de diversas entidades educativas como el Consejo de Universidades de la Comunidad de Madrid (1998-2000), la Comisión de Planificación y Coordinación del Consejo Universitario de la Comunidad de Madrid (1998-2000), el Consejo de Administración de la Universidad Rey Juan Carlos (1996-2000), y el Consejo Escolar de la Comunidad de Madrid (2000-2001)…" Es decir, que la presidenta, además de ser una política destacada, se ha movido en la alta gestión universitaria española.
Esta historia de un título universitario fraudulento que nos llega del otro lado del Atlántico, hace recordar varios casos mexicanos: José Córdoba Montoya fue el falso doctor del salinato y Fausto Alzati del zedillismo. En diciembre de 1994, el diario Reforma informó que Alzati sólo había concluido la maestría aunque se firmaba como doctor. El propio Alzati confesó no haber concluido una licenciatura ni un doctorado, aunque sí una maestría, y en su defensa se comparó con dos ex secretarios de Educación de renombre: Torres Bodet y Vasconcelos. Finalmente renunció a la SEP. No le valió haber encabezado en el Conacyt –entre 1988 y 1994– una dirección exitosa que impulsó la descentralización de la actividad científica y disminuyó el gasto administrativo de 49 a 5 por ciento del presupuesto.
Fidel Herrera, sobrado de amanuenses durante su sexenio como gobernador, obtuvo la maestría y el doctorado. En octubre de 2010 compareció ante un tribunal a modo para doctorarse en Derecho Público, acción que meses después llevó a los evaluadores del Conacyt a retirar el reconocimiento de calidad a ese doctorado de la Universidad Veracruzana.
En aquella ocasión, junto con Édgar González Gaudiano escribimos lo siguiente, que bien podría aplicarse al caso Cifuentes: "… El trabajo académico debe soportarse en la honestidad intelectual de profesores y estudiantes… La otra cara de la moneda son los obsequiosos grupos seudoacadémicos que con lisonjas y adulaciones, haciendo caso omiso de reglamentos de asistencia y de cumplimiento de la vida académica, regalan grados o los cambian por prebendas. Se desprestigian ellos, pero en su desprestigio arrastran a la institución que deberían defender. La toga y el birrete pasan de investidura a disfraz o caricatura; los actos académicos se convierten en farsa. No es un ejercicio de contraste de ideas sino de autoritarismo del sustentante, que no fue alumno ni estudiante, sino dador de gracias".

*Artículo publicado en La Jornada el 11 de abril de 2018.

**Académico del Instituto de Investigaciones Educativas de la Universidad Veracruzana.

martes, 13 de marzo de 2018


El año que vivimos en peligro[1]

Edgar J. González-Gaudiano[2]

Nadie puede negar la profunda crisis de partidos políticos que se vive en México. El descrédito y la insolvencia ideológica pululan en todo el espectro político. No es un fenómeno nuevo, pero ha adquirido mayores y nuevas dimensiones en el actual sexenio, ante las crecientes evidencias de descomunales fraudes a la hacienda pública y la urdimbre de complicidades que cada vez menos pueden ocultarse, sobre todo gracias a las auditorías oficiales y filtraciones que se difunden a través de redes sociales y medios no convencionales.
La campaña contra Ricardo Anaya, independiente de si tiene sustento o no, tiene la clara intención de desprestigiarlo ante la opinión pública a la luz de las próximas elecciones, empleando para ello a las instituciones de procuración de justicia. Pero lo que hace la PGR en este caso, resulta completamente irrelevante frente a lo que no hace, cuando se conocen numerosos asuntos en los  que presuntamente se han cometido faltas graves pero que se simulan investigar o de plano son ignorados.
Tales son los recientes casos de los gobernadores impunes y los que están en proceso pero sin que se ejecuten todas las órdenes de aprehensión, la estafa maestra y las nuevas acusaciones de desvíos contra Rosario Robles, el  socavón y el turbio desempeño de Ruiz Esparza, el extendido caso de Odebrech que tiene en prisión a funcionarios y políticos de otros países latinoamericanos pero aquí el expediente se encuentra congelado (se removió al fiscal de delitos electorales porque se atrevió a investigar a Odebrecht y los gobiernos de Veracruz, Chihuahua y Estado de México por su vinculación con el financiamiento de la campaña presidencial de 2012). Tenemos también las transas en PEMEX, el robo de combustible en los ductos, las aduanas, entre muchos etcéteras, sin contar con el espionaje a civiles, las desapariciones forzadas, los cotidianos feminicidios y los crímenes contra periodistas.
En este marco de inédito deterioro institucional, el sistema nacional anticorrupción surgido de un clamor social no termina de instalarse y de hacerlo nacerá discapacitado. Los candidatos a ocupar los cargos son exfuncionarios de las mismas instituciones a las que se investigará o políticos que en algún momento han estado implicados en denuncias. El asunto es que no se nombran los fiscales que investigarán no solo la corrupción, están pendientes las designaciones de magistrados y comisionados del INAI e incluso la PGR se encuentra sin titular. Una parálisis premeditada que da fe del desastre generalizado de corrupción con su siamesa la impunidad.
Como una de sus consecuencias, el índice de aprobación a nivel nacional de Peña Nieto es de apenas 20%, muy bajo para encarar favorablemente una campaña. También a nivel internacional hay un gran desgaste pues el Índice Global de Corrupción para 2017, México se encuentra en el sitio 135 de 180 países evaluados, con apenas 29 unidades; muy distante del promedio mundial que es de 43.
¿Cómo fue que llegamos hasta aquí? La respuesta es un campo fecundo de causas imbricadas en las que prácticamente nadie queda exento, incluyendo a gran parte de la ciudadanía que sufre por ello. Pero hay responsabilidades específicas mucho muy diferenciadas. Por más negativo que sea, no es igual de responsable el ciudadano que se presta a una mordida, que el funcionario que acepta un soborno para hacerse de la vista gorda en alguna cuestión que va en contra del bien común, o el diputado que legisla para complacer a grupos de interés, o el juez que  libera a delincuentes por razones en metálico (plata o plomo) o el empresario que vierte sus residuos tóxicos al drenaje.
¿Cuál ha sido la responsabilidad de los partidos políticos convencionales en este deterioro? Ha habido desde luego un punto de partida; un ente corruptor de origen que consideró que si convertía a todos en corruptos nadie podría imputarle nada a quien tuviera pruebas de su involucramiento. Ahí es donde aparecen los moches, las prebendas, los negocios sucios con autoridad omisa, los privilegios inmerecidos, las canonjías,  los sobresueldos, compensaciones, bonos, gratificaciones y demás formas de pervertir. Se premia y se castiga. De este modo, el PRI ha creado una maraña de complicidades en la que muchos están embarrados. Unos más que otros pero en la misma canasta. Así era sencillo sacar las reformas mediante pactos; así se hizo posible anunciar que ahora sí “vamos a mover a México” porque “nosotros sí sabemos gobernar”.
El PAN perdió su oportunidad histórica. No supo qué hacer con el poder. Fox por su ignorancia, su indolencia y su señora. Calderón por sus rencillas, alcoholismo y necedad. A ambos los hicieron desbarrancar. El corporativismo no había sido desmantelado y fue fácil para el PRI aliarse con poderes fácticos de todo tipo que hicieron lo de siempre: lucrar en su beneficio a costa de lo que sea y de quien sea, así como ocupar los vacíos que dejaba la falta de oficio. Los cárteles infiltraron como humedad el edificio de la nación. Ahora Anaya se dice víctima de una guerra en la que combatía hasta hace poco en la orilla opuesta. Margarita afirma que ella es la efectiva, que de llegar sí hará lo que no supo o no quiso hacer su conyugue, quien por calcular su propia conveniencia devolvió el poder al PRI.
El PRD o lo que queda de él, ha copiado ad nauseam las artimañas de sus adversarios; además de sus particulares procesos como las recurrentes batallas entre tribus y la traición a los principios de la izquierda. La Ciudad de México, su principal bastión, fue entregada a Mancera, un advenedizo policía que deslumbrado como Ícaro se acercó de más a la llama de Los Pinos y se quemó las alas. Al final se quedó solo y los Chuchos que lo encumbraron se han ido desvaneciendo en la ignominia de la historia. La fuga hacia adelante del PRD ha sido aliarse con la derecha, para intentar al menos mantener el registro como partido y postergar la agonía de su inevitable proceso de extinción.
Morena y su ínclito líder López Obrador es el enemigo a vencer por ese sistema corrupto y corruptor, que no ha podido comprobarle que también él está en la misma canasta. De ahí que lo  único que han podido achacarle es que es un “fantasma fiscal” por no utilizar instrumentos bancarios y que sus hijos se comportan como “mirreyes”. Será el representante de la izquierda en la boleta electoral. No habrá otro. Y si bien no está exento de contradicciones  y peculiaridades que no gustan a todo el sector de la izquierda, no puede regateársele que ha llegado a construir una base social envidiable contra viento y marea. Una base social constituida por los olvidados de la política, por marginados que han sido desdeñados por ese desarrollo desigual que ha beneficiado a los mismos de siempre.
Por si todo lo anterior no bastara, el deterioro en la relación con Estados Unidos no ayuda para nada a Peña Nieto que, como rehén de Videgaray, sigue atrapado en el tema del muro y la negociación del TLC. Meade su insulso candidato no entusiasma ni a los propios militantes. Incluso sus creaturas como el Verde y el Panal competirán en muchos estados por su cuenta o se asociarán con otros porque la alianza con el PRI les afecta negativamente. Una paradoja.
De modo que si no vuelve a tropezarse consigo mismo y además logra resolver el importante tema de la representación en las casillas, López Obrador será sin duda alguna el próximo presidente de México pese a que Peña Nieto y aquéllos que se sienten amenazados por su inminente arribo harán todo lo que esté a su alcance por evitarlo. Una vez iniciadas las campañas deberá tomar más precauciones que nunca en sus declaraciones y su seguridad física, sobre todo si no se ven resultados significativos de la guerra sucia que se librará con una fuerza inusitada en medios electrónicos y redes  sociales.



[1] Publicado en el periódico La Jornada Veracruz el 13 de marzo de 2018.
[2] Académico del  Instituto de Investigaciones Educativas de la Universidad Veracruzana.

lunes, 13 de noviembre de 2017


El cambio climático y la gente*


Por Edgar J. González Gaudiano**


Al reactivarse el interés público por la cobertura mediática de la Conferencia de las Partes (COP21) sobre cambio climático que se celebra en París, Francia, surgen de nuevo varias interrogantes sobre este fenómeno. Una que nos interesa especialmente en esta ocasión es la llamada dimensión social, que refiere a la perspectiva que las ciencias sociales y las humanidades deben aportar a una comprensión más completa de este complejo fenómeno.

La dimensión social ha cobrado fuerza durante los últimos años, al entenderse mejor el papel que desempeña como complemento del conocimiento que han venido construyendo las ciencias del clima. De ahí el mayor espacio que ocupa en el más reciente informe del Panel Intergubernamental del Cambio Climático (2013-2014). En otras palabras, el conocimiento que aporta la meteorología o la química atmosférica, por ejemplo, se difumina si las políticas de respuesta no consideran también información acerca de cómo la población interpreta y valora el cambio climático, y especialmente las implicaciones de éste en sus vidas.

Numerosos estudios se han hecho en tal sentido para intentar identificar las claves de la percepción y la representación social del fenómeno del cambio climático, a fin de poder traducirlas en estrategias de comunicación y educación, así como en políticas públicas que puedan inducir valores acordes a las circunstancias que vivimos y respuestas sociales consensadas más efectivas.

Se sabe, por ejemplo, que la alfabetización científica sobre el cambio climático (en lo que se han centrado la mayoría de los programas en los medios y de los materiales educativos para las escuelas) es insuficiente para motivar un cambio en la actitud y el comportamiento individual y colectivo para enfrentar los riesgos y amenazas derivados. La ciencia del clima ha arrojado luz sobre el problema, pero no ha influido en las decisiones de la vida cotidiana de la gente con un estilo de vida centrado, cada vez más, en aspiraciones basadas en el uso intensivo de combustibles fósiles.

Se sabe también que una apropiada representación social del fenómeno, en tanto conocimiento de sentido común que da sentido a la realidad y orienta la acción de los individuos, es fundamental para desplegar políticas que tengan resonancia social e involucren a la población en su aplicación (P. Meira, Comunicar el cambio climático, 2009).

Las representaciones sociales son constructos cognitivos compartidos basados en sustratos culturales específicos, por lo que existen diferencias significativas en función de factores tales como de región, grupo de social, edad, género y experiencia de vida, entre otros. Factores que han de tomarse en cuenta para diseñar programas dirigidos a grupos de población particulares. Por ejemplo, han sido empleados de manera muy efectiva por la mercadotecnia para inducir preferencias en los patrones de consumo entre los distintos segmentos de población; o por asesores y estrategas políticos para formular campañas electorales que orienten los votos a favor o en contra de candidaturas y partidos. Poco se han usado, sin embargo, para hacer más efectivos los programas educativos.

Sólo si el cambio climático es reconocido como un factor real en la vida de las personas (J. L. Lezama, La construcción social y política del medio ambiente, 2004), podrá suscitar la adhesión a programas que se pongan en marcha sobre medidas de mitigación y de adaptación para aportar a la reducción de gases de efecto invernadero, así como para reducir la creciente vulnerabilidad social que conlleva el fenómeno.

Eso que parece tan simple es muy difícil de implementar. El resultado ha sido que la respuesta social al cambio climático sigue siendo muy voluble. Quizá porque las medidas a adoptar van en sentido contrario a los satisfactores que caracterizan actualmente nuestra época de hiperconsumo. Quizá porque, como dice Daniel Kahneman en su libro Pensar rápido, pensar despacio (2012), sobre el modelo racional de la toma de decisiones, las implicaciones del cambio climático no se perciben como riesgos inminentes con una carga emocional que nos obligue a actuar. Quizá porque hay muchas otras prioridades que ocupan nuestra atención en la inmediatez de nuestras vidas. Quizá por el tono apocalíptico que caracterizan muchos mensajes sobre el tema; tono al que ya estamos inmunizados. Quizá por el escaso peso que le concedemos a nuestras acciones individuales.


Lo cierto es que varios autores, como George Marshall en su libro Ni se te ocurra pensar en ello (2015), están planteando un cambio de narrativa que permita superar las barreras psicológicas que están bloqueando darle una mayor importancia al problema del cambio climático en nuestras vidas, debido a que lo pensamos como una amenaza abstracta, invisible y lejana. Otros como Naomi Klein, en su libro Esto lo cambia todo. El capitalismo contra el clima (2015) señalan que el cambio climático es la narrativa más poderosa contra el sistema económico y político actual.

Ciertamente, tenemos que imprimir un cambio en la manera de presentar y representar el problema. Personalmente creo que seguir hablando de los escenarios que ocurrirán en 2050 o finales del siglo de no hacer algo en este momento, no ayuda a crear un sentido de apremio. Por el contrario, constituye un aliciente para seguir postergando la adopción de medidas radicales hasta que, como señala Anthony Giddens (La política del cambio climático, 2011), sea demasiado tarde. De igual manera, seguir pensando los problemas desconectados unos de otros por importantes que sean, no ayuda a construir perspectivas enmarcadas en los sistemas complejos que permitirían diseñar mejores respuestas.

A pesar de las difíciles circunstancias que atravesamos en varias esferas de nuestras vidas, el cambio climático es hoy el desafío mayor al que nos enfrentamos; más nos valdría que comenzáramos a asumirlo de ese modo aunque no se ve que la acción política vaya en esa dirección, menos cuando suenan tambores de guerra.


*Artículo publicado en La Jornada el 13 de noviembre de 2017.


***Académico del Instituto de Investigaciones en Educación de la Universidad Veracruzana.

lunes, 29 de mayo de 2017

Formación de Ciudadanía*

Edgar J. González Gaudiano**

Cada vez que aparecen nuevos retos sociales se piensa en la educación. De ese modo han surgido nuevas áreas pedagógicas dirigidas a educar a las personas de acuerdo con ciertas necesidades consideradas socialmente relevantes. Así, ahora tenemos a la educación ambiental, la educación intercultural, la educación en equidad de género, la educación para los derechos humanos y la educación para el ejercicio de la democracia, entre varias otras.

La crisis del sistema de partidos políticos y los numerosos casos de corrupción han hecho sentir la necesidad de impulsar procesos de formación de ciudadanía. Una ciudadanía calificada para participar, para vigilar y para exigir el cumplimiento del estado de derecho sin distingos y discrecionalidades. Una ciudadanía activa que nos permita funcionalmente gobernar nuestras vidas, a partir de criterios propios orientados a superar las profundas desigualdades en el ejercicio de nuestros derechos y en el cumplimiento de nuestras obligaciones ciudadanas.

Un problema en esta aspiración de cambio social es que la estrategia se plantea siempre como un proceso curricular. Es decir, un cambio inducido desde la escuela sin comprender que una transformación cultural de esta magnitud y complejidad requiere verse como un proceso social. Este proceso de cambio no obtendrá buenos resultados mientras los gobiernos, los jueces, los líderes empresariales y sindicales, no practiquen los valores que se desean promover. De ahí que un poderoso recurso de la pedagogía social sea demostrar con penalidades ejemplares que verdaderamente nadie está por encima de la ley, máxime cuando se trate de aquellos que deben velar por su cumplimiento.

Mientras la impunidad campee, como ocurre ahora, entre quienes ejercen diversas formas de poder institucional, no habrá programa político que vaya más allá de las declaraciones grandilocuentes. Decía Eduardo Galeano en su libro Patas arriba: la escuela del mundo al revés: "La impunidad premia el delito, induce a su repetición y le hace propaganda, estimula al delincuente y contagia su ejemplo".
Esta reveladora idea nos recuerda el añejo pero certero adagio pedagógico de que se educa (o deseduca) más por el ejemplo que por el precepto". La consigna característica de la política mexicana de que "un político pobre es un pobre político", y aquélla "el que no transa no avanza", han gestado representaciones convertidas en práctica social generalizada.

Dice Mercedes Oraisón que es en lo simbólico donde se dirimen las identificaciones y posicionamientos que abren o clausuran las posibilidades de acción ética, moral y política de los sujetos. Por ello es que la corrupción y la impunidad, al convertirse en moldes normativos que se enarbolan con desfachatez, han dotado de un sentido perverso al comportamiento social y se han incorporado a la dimensión simbólica que define la visión del mundo, sobre todo de muchos jóvenes.

Nada mejor que lo que sucede en el actual proceso electoral para confirmar que efectivamente necesitamos construir una ciudadanía que pueda construir las condiciones para combatir la anomia social resultante del quebranto de los valores éticos de la sociedad mexicana. Tres rasgos generales caracterizan el momento que vivimos: gastos ilegales y obscenos para comprar el voto (sobre todo en el estado de México) y subvertir el proceso, autoridades electorales complacientes y cómplices, y una sociedad indolente y apática incapaz de superar el fatalismo de que no se puede alterar el fondo de esta realidad que nos oprime y somete.

Parafraseando el epígrafe del libro de Galeano: Si el país está, como ahora, patas arriba, ¿no habría que darle vuelta, para que pueda pararse sobre sus pies?


Por eso mi voto estará con Morena y en el caso de Xalapa, con Hipólito Rodríguez. Les invito a votar en este mismo sentido si verdaderamente tenemos la intención de que se dejen de negociar nuestros derechos políticos y sociales como si fuesen mercancías ofrecidas al mejor postor.

*Artículo publicado en La Jornada Veracruz el 29 de mayo de 2017.
**Académico del Instituto de Investigaciones en Educación de la Universidad Veracruzana.

Xalapa: ciudad educadora*

Edgar J. González Gaudiano**


Xalapa es una ciudad magnífica, pero severamente descuidada. Con un crecimiento anárquico y sujeto a la especulación inmobiliaria, graves problemas de tránsito, inseguridad, contaminación y deterioro ambiental y una carencia sensible de oportunidades de empleo y desarrollo social, entre otros problemas que se padecen, nuestra ciudad languidece ante la ineficiencia, la corrupción y las políticas clientelares características de los gobiernos locales de las tres últimas décadas.

Nos encontramos en pleno proceso para la renovación de los gobiernos municipales en todo el estado de Veracruz y hemos estado escuchando toda suerte de promesas, las más dirigidas como siempre a capturar el voto ciudadano, aunque constituyan una oferta política que suele incumplirse una vez que se ha ganado el poder. La ausencia precisamente de una ciudadanía empoderada capaz de exigir sus derechos, ha contribuido al cínico abuso que observamos y al deterioro institucional.

Se habla todo el tiempo de participación ciudadana como condición básica del desarrollo, pero se trata de un concepto manoseado y desgastado por los partidos políticos convencionales, por lo que nadie sabe a qué se alude cuando se habla de él. Saber participar implica poseer capacidades para la participación y éstas solo se adquieren mediante la educación. Es de aquí que surge la idea de ver a las ciudades no sólo como espacios donde ocurren acciones educativas, sino como agentes educadores. La Carta de las Ciudades Educadoras comienza diciendo que: "Hoy más que nunca la ciudad, grande o pequeña, dispone de incontables posibilidades educadoras, pero también pueden incidir en ella fuerzas e inercias deseducadoras". ¿No creen que estamos viviendo cada vez más bajo fuerzas e inercias deseducadoras?

Dice Alicia Cabezudo (2010) que desde una perspectiva de políticas públicas educativas, la ciudad puede entenderse a partir de tres dimensiones distintas aunque complementarias entre sí: Ver a la ciudad como objeto de conocimiento (aprender la ciudad); verla como trama social en la que se producen acontecimientos sociales (aprender en la ciudad) y verla como recurso de aprendizaje (aprender de la ciudad).

Esas tres dimensiones solo pueden cumplirse plenamente si de manera deliberada se fortalece el tejido social y su potencial educativo, a través de políticas públicas pedagógicas de los gobiernos locales que prioricen la inversión cultural y la formación permanente de la población. Todo esto orientado a impulsar una mejor convivencialidad que nos permita desarrollar las capacidades requeridas para una mejor gestión de la vida pública de acuerdo con nuestras necesidades y anhelos de cambio social.

Xalapa tiene todo el potencial para convertirse en una ciudad educadora, no sólo por la confluencia de circunstancias muy favorables como la de ser la principal sede de la Universidad Veracruzana y de otras instituciones de educación superior, sino por poseer una añeja tradición cultural que no ha sido bien aprovechada para aprender la ciudad, aprender en la ciudad y aprender de la ciudad. Sus dimensiones son todavía de una escala humana que hace propicia la interacción de calidad y el disfrute de la ciudad como espacio público.

El rasgo de ciudad educadora podría ser el mejor emblema para promover programas de turismo cultural y proporcionar con ello un aliento a su deprimida economía, para fortalecer la identidad xalapeña y el sentido de pertenencia, el valor social de su patrimonio histórico y cultural, así como para recuperar tradiciones y costumbres, formas de organización y prácticas cívicas que estamos viendo desvanecerse.

Xalapa puede entonces convertirse en un agente educador para impulsar la participación ciudadana en defensa de una vida urbana de calidad, que nos conduzca a cumplir con nuestras responsabilidades, pero también a saber cómo exigir que las autoridades cumplan con las suyas.

Por todo ello es importante asistir a la Presentación de la Agenda Ciudadana 2018-2022 para Xalapa, el próximo martes 23 de mayo a las 17 horas en el IMAC Xalapa.


Necesitamos volver a recuperar la ciudad para nosotros.

*Artículo publicado en La Jornada Veracruz el 19 de mayo de 2017.
**Académico del Instituto de Investigaciones en Educación de la Universidad Veracruzana.

lunes, 23 de enero de 2017

Trump y su pulsión frenética*

Edgar J. González Gaudiano**

Tanto se ha dicho desde hace meses sobre Donald Trump que no es fácil encontrar ángulos analíticos que no hayan sido escudriñados de quien es evidente que sufre un severo trastorno de personalidad. Megalómano, narcisista y paranoico, lo describió E. Krauze. Creo que cabrían al menos un par más de calificativos, tal vez misógino y xenófobo, para caracterizar bien a alguien tan impredecible que con un único tweet es capaz no sólo de  añadir incertidumbre en los mercados globales con sus serias consecuencias en un entorno de por sí volátil, sino a llevarnos a pensar que muy pronto el mundo va a transitar por un sendero diferente del que había seguido en los últimos casi treinta años desde la caída del muro de Berlín.
De manera inevitable y guardando las debidas proporciones, me ha recordado al año 2000 en México, cuando llegó al poder V. Fox, con altas expectativas sociales pero con un discurso errático y huero que requería de ser restañado con una traducción cotidiana. Alguien con una verborrea incontenible que después de haber tomado posesión parecía seguir en campaña. Las semejanzas en este sentido son inevitables.
Ya conocemos el resultado de esa historia. Esa gran oportunidad perdida de cambio social efectivo que sentara nuevas bases en el país al haber “sacado al PRI de Los Pinos”, como consecuencia de haber llegado al poder alguien que no supo qué hacer con lo que el pueblo puso en sus manos. Desperdició los excedentes financieros derivados del alto precio del petróleo; dinamitó la respetada tradición diplomática del país con efectos que aún perviven en América Latina y sobre todo con Cuba; alimentó al clientelismo y corporativismo sindical de antaño pensando ilusamente que podía utilizarlo en su propio beneficio. Una administración cuyo lema fue “el gobierno del cambio” cobijado por una presunta eficacia empresarial que sólo prolongó la agonía de la democracia mexicana al fortalecer un proyecto de nación neoliberal que ahora se expresa ad nauseam, con el regreso del PRI, como un gobierno ineficiente, desnacionalizado y mafioso que ha gestado una cleptocracia que ve al Estado como botín (E. Buscaglia).
El discurso populista y efectista que Trump pronunció al juramentar su cargo fue una pieza simple, lineal, sin elipsis retóricas ni circunloquios, socialmente divisiva, propagandística al estar colmada de exaltaciones patrioteras y estar destinada a satisfacer a una audiencia ávida de que Estados Unidos sea grande de nuevo, lo que eso signifique. Para cumplir su programa de America First! construirá muros, cerrará fronteras, establecerá políticas proteccionistas, cancelará acuerdos internacionales, reactivará el negacionismo del cambio climático al que califica literalmente de cuento chino y revertirá conquistas sociales en salud de una masa de población que no entra dentro de su propia agenda, aunque se trate de veinte millones de personas sin seguro médico. Sus instrumentos han sido y seguirán siendo las amenazas e intimidaciones (por ejemplo, barreras arancelarias elevadas contra empresas automotrices, deportaciones masivas), la imposición autocrática (por ejemplo, renegociar el TLC, suprimir el Obamacare), las mentiras y falsedades (por ejemplo, señaló en reiteradas ocasiones que Obama no era estadounidense) y el insulto (contra las mujeres, inmigrantes, mexicanos, musulmanes, adversarios, periodistas, etc.), por citar algunas.
Alguien así no va a cambiar, menos si le funciona perfectamente en estos tiempos de posverdad, de inmediatez y de espectáculo. Lo más que podrá hacer el propio sistema político estadounidense, a cuyas élites también acusa de enriquecerse y protegerse sin ocuparse de las personas, será tratar de contener esa pulsión frenética por atraer reflectores como si estuviera en un reality show con declaraciones sensacionalistas, las que más pronto que tarde empezarán a generar problemas económicos y políticos con altos costos. Por las marchas multitudinarias del fin de semana podemos anticipar que la resistencia será grande.
Me pregunto por ejemplo qué pasará con las numerosas poblaciones fronterizas cuyo nivel de vida depende del intenso intercambio comercial, laboral, cultural, etc. Para Texas, Arizona, Nuevo México y California esos intercambios principalmente con sus estados vecinos de este lado de la línea, constituyen el destino de la mayor parte de sus exportaciones y de ellas dependen millones de empleos en Estados Unidos. La frontera de Estados Unidos con México es por sí misma la cuarta economía del mundo y por ella transitan de manera legal más de un millón de personas a diario. Canadá, China y México son sus tres principales socios comerciales y contra los dos últimos Trump ha lanzado groseros desafíos.
Es verdad que somos más dependientes de los estadounidenses que ellos de nosotros, pero lo que aportamos a esa economía no debe ser desdeñado, sobre todo ante el inicio de renegociaciones comerciales y económicas (el amago de gravar remesas para pagar el muro es crítico). Lamentablemente no veo un equipo con la camiseta de nuestros colores nacionales. Presumo que el equipo mexicano encabezado por los secretarios de relaciones exteriores y de economía (Videgaray y Guajardo) intentará sortear el vendaval con el menor costo posible para el gobierno y la casta partidista que nos avasalla, pero no para el país en su conjunto y menos para aquellos que son políticamente prescindibles.
El TLC debe ser renegociado, por supuesto. Ha sido una demanda de hace décadas, pero este es un momento de gran vulnerabilidad porque podríamos convertirnos con facilidad en víctimas propiciatorias del arranque de una gestión gubernamental que, de no plantarle cara comenzando por exigir una disculpa por el insulto de que los mexicanos somos una partida de criminales y violadores, le serviremos dócilmente para que pueda alardear conquistas y victorias. Sería la tormenta perfecta.
La hostilidad externa debe fungir como detonante para reconstituir nuestra identidad nacional y aprovechar ese impulso para inducir una insurgencia incremental que nos lleve al cambio real en México. Por eso es que debemos poner bajo escrutinio permanente los pasos que en este sentido dé este gobierno tetrapléjico y autista, a fin de que el equipo negociador se integre con quienes sean capaces de defender el interés nacional, y si así no lo hiciere que la nación se los demande.




*Artículo publicado en La Jornada Veracruz el 23 de enero de 2017.
**Académico del Instituto de Investigaciones en Educación de la Universidad Veracruzana.  edgargonzalezgaudiano.blogspot.mx

lunes, 19 de septiembre de 2016

La ideología de género: El nuevo tabú católico

La ideología de género: El nuevo tabú católico[1]

Edgar González Gaudiano[2]

A raíz del “Frente Nacional por la Familia” promovido por la jerarquía católica del país, ha comenzado a difundirse la noción de “ideología de género”, como eslogan peyorativo para cuestionar las propuestas igualitarias en favor de los grupos vulnerables por su orientación sexual. Este neologismo me ha llamado la atención porque califica de ideología a todo un conjunto de reivindicaciones sociales y políticas que han sido alcanzadas en numerosos países.

Con la aparición de este nuevo elemento discursivo me propuse revisar qué es lo que desde las posturas de esta iglesia se estaba entendiendo por este asunto y me encontré que la página Catholic.net señala que la ideología de género “Es una ideología (es decir, es un sistema de pensamiento cerrado) que defiende que las diferencias entre el hombre y la mujer, a pesar de las obvias diferencias anatómicas, no corresponden a una naturaleza fija, sino que son unas construcciones meramente culturales y convencionales, hechas según los roles y estereotipos que cada sociedad asigna a los sexos”.

Se menciona asimismo que el concepto se sostiene en los estudios teológicos del entonces Cardenal Joseph Aloisius Ratzinger ̶ después proclamado Benedicto XVI ̶ , quien afirma que: “La ideología de género es la última rebelión de la creatura contra su condición de creatura. Con el ateísmo, el hombre moderno pretendió negar la existencia de una instancia exterior que le dice algo sobre la verdad de sí mismo, sobre lo bueno y sobre lo malo. Con el materialismo, el hombre moderno intentó negar sus propias exigencias y su propia libertad, que nacen de su condición espiritual. Ahora, con la ideología de género el hombre moderno pretende librarse incluso de las exigencias de su propio cuerpo: se considera un ser autónomo que se construye a sí mismo; una pura voluntad que se autocrea y se convierte en un dios para sí mismo”.

Esas declaraciones no tienen desperdicio porque emplean el concepto de ideología como falsa creencia y como sistema cerrado, que responde bien a las influyentes ideas del filósofo australiano Kenneth Minogue, recientemente fallecido y muy reputado entre los sectores conservadores y neoconservadores, para quien la ideología ofrece iluminar la relación opresor-oprimido reduciendo la realidad a la existencia de sectores y grupos con determinados intereses antagónicos. En su libro “La mente servil” afirma que: "A veces tendemos a creer que la pasión por la libertad es el motor constitutivo de todos los seres humanos. Este juicio no puede sobrevivir la más elemental inspección de la Historia." Y agrupa en el mismo saco como herederos del marxismo y del fascismo tanto a los Ocuppy Wall Street como a ISIS y Al Qaeda, a la dictadura de Corea del Norte y al castrismo de Cuba.

"Un movimiento ideológico ̶ dice Minogue  ̶ es una colección de personas muchas de la cuales son incapaces de cocinar un pastel, reparar un auto, mantener una amistad o un matrimonio, o incluso resolver una raíz cuadrada, pero que sin embargo creen que saben cómo manejar el mundo. La universidad, en la que es posible combinar la pretensión teórica con la incompetencia más amplia, se ha convertido en el hábitat natural del ideólogo."

No tengo espacio aquí para profundizar las implicaciones de esta verdadera ideología de signo derechista conservador que ha contribuido a sistematizar el pensamiento de un movimiento de reacción mundial ante las diversas expresiones que cuestionan, cada vez con más argumentos, la profunda y creciente desigualdad social existente.

Forman parte de estos cambios la aparición de políticos como Donald Trump y la expansión progresiva de movimientos xenofóbicos en Europa como el Frente Nacional Francés, Amanecer Dorado en Grecia o el FPÖ en Suecia que aprovechan la persistente crisis económica que afecta sobre todo a las clases medias europeas para reclutar adeptos.

La reacción de la iglesia católica mexicana en contra de reivindicaciones sociales y políticas que considera amenazan sus dogmas de fe, forma parte de este giro regresivo en momentos de una clara debilidad del Estado frente a la incremental presión de los grupos de interés económico y político ante la proximidad de la sucesión en el gobierno federal. En realidad lo que está en juego no son los principios doctrinarios de un credo en particular, sino el mantenimiento de estructuras de poder económico y político en los que la iglesia católica de nuestro país ha formado parte sustantiva desde antaño.

Es evidente que en este rio revuelto auspiciado por las erráticas políticas de Peña Nieto, el sector más retrógrado de la derecha mexicana esta vez encabezado por conspicuos representantes del alto clero católico en franca violación de la Constitución, quisiera revertir lo que pese a todo se ha podido avanzar en las últimas tres décadas en materia de educación sexual y el reconocimiento social de la población LGBTTTI como personas plenas de derechos.

De ahí la reactivación de los ataques en contra de los contenidos sobre sexualidad en los libros de texto gratuitos y el bloqueo a reformar el concepto de familia en la Constitución, aunque 17 millones de familias mexicanas (60%) no respondan a la norma “tradicional” de contar con padre y madre.

Todo esa campaña mediante una escalada marchista y mediática, aunque para ello se tenga que infundir temor y desasosiego entre la población poco informada, con base en mentiras y embustes de presunto cuño integrista.

¡Qué poca ... profesión de fe!





[1] Publicado en La Jornada Veracruz el lunes 19 de septiembre de 2016.
[2] Investigador del Instituto de Investigaciones en Educación de la Universidad Veracruzana.

lunes, 29 de agosto de 2016

La navaja de Occam y el plagio de Peña Nieto*

Edgar J. González Gaudiano**

La navaja de Occam, construcción metodológica del filósofo Guillermo de Occam (1280-1349), consiste en un principio que establece que: "En igualdad de condiciones, la explicación más sencilla suele ser la más probable". Se trata de un recurso que se aplica para decidir entre teorías e hipótesis, las cuales bajo condiciones equivalentes aquella que sea más simple cuenta con mayor probabilidad de ser la correcta.
También llamado de parsimonia, este principio ha sido utilizado en diversas disciplinas. Es útil en la formación de nuevos investigadores al orientar sus esfuerzos a aproximaciones teórico-metodológicas de mayor simplicidad frente a otras más complejas. No significa que el enfoque más simple sea el correcto, sino es el que tiene más probabilidad de serlo.
Aunque la navaja de Occam está atravesada por varias controversias nos permite analizar asuntos polémicos con varias explicaciones, a fin de determinar cuál de todas es la más simple. En este caso me he propuesto aplicarla al debate sobre el plagio del que se acusa al presidente Enrique Peña Nieto.
La revelación de la reputada periodista Carmen Aristegui mostró evidencias de que la tesis de Licenciatura en Derecho en la Universidad Panamericana del presidente Peña, había copiado párrafos e incluso secciones enteras de obras de al menos 10 autores sin darles el crédito correspondiente (E. Krauze, D. Valadés, E. Rabasa, J. Carpizo y M. de la Madrid, entre otros). Se trata de fragmentos literales a los que no se les cambió ni una coma. Al ser citas textuales debían haberse escrito entre comillas. Esto comprendió 28.8% del contenido de toda la tesis.
El director de la tesis, hoy magistrado del Poder Judicial de la Ciudad de México, doctor Eduardo Alfonso Guerrero Martínez, aduce recordar que el manuscrito original tenía dichas comillas y que la imprenta por error las eliminó. Esta explicación no es plausible ya que además de las comillas al final del párrafo o sección citada, debía aparecer el nombre del autor, el año de la obra y las páginas en las que se consigna el texto citado en el original. Por lo mismo, la explicación que ofrece el doctor Guerrero resulta complicada puesto que no se cumplen varios de los requisitos exigidos para citar a otros autores en un trabajo académico, pese a su amplia experiencia en este tipo de procesos (193 tesis profesionales dirigidas y participación en 367 jurados profesionales). En todo esto, es de llamar la atención que los miembros del jurado designado para el examen profesional tampoco hayan reportado esa anomalía.
El debate se ha centrado entonces en si el presidente Peña Nieto cometió plagio o no. La mayoría de sus críticos sostiene que sí, y que por ello la Universidad Panamericana debe retirarle el título correspondiente y solicitar la cancelación de esa cédula profesional. Se han mencionado casos de políticos de otros países que renunciaron a sus puestos por esta causa, como el ministro de defensa alemán (2011), el presidente de Hungría (2012) y la ministra alemana de Educación (2013).
Otros minimizan el asunto restándole importancia, al señalar que debíamos estar ocupados de problemas más trascendentes del país, y que el tema no es grave porque ya ha pasado mucho tiempo. Algunos, incluso, califican de frivolidad la investigación sobre este asunto (J.A Meade, secretario de Sedesol). No considero que se trate de una cortina de humo, como declaró AMLO, sino de una falsificación que pone aún más en entredicho la honorabilidad del Presidente.
El plagio no es un asunto menor y cuando en el Sistema Nacional de Investigadores (SNI) se han detectado estos casos, se les sanciona enérgicamente puesto que de otro modo se pone en duda la integridad del sistema. Algunos casos recientes, como los ocurridos en la Universidad Michoacana y El Colegio de San Luis, Rodrigo Núñez Arancibia y Juan Pascual Gay, respectivamente, recibieron la pena máxima al haber sido expulsados por 20 años del Sistema; además de que las instituciones académicas de adscripción dieron por terminadas sus relaciones laborales con ellos, e incluso en el primer caso, El Colegio de México, donde había estudiado, le retiró el grado de Doctor. El plagio es un asunto de falta de honestidad con implicaciones legales, al haberse adueñado indebidamente de propiedad intelectual, y también éticas, sobre todo, tratándose de un servidor público.
El presidente Peña ya ha tenido varios deslices que evidencian su falta de formación académica, el más conspicuo ha sido su recordada entrevista en la Feria Internacional de Libro de Guadalajara (2011) cuando le preguntaron sobre los tres libros que marcaron su vida personal y política, y sólo pudo responder que algunos pasajes de la Biblia y La Silla del Águila, que atribuyó a E. Krauze, pero cuyo autor es Carlos Fuentes.
Personalmente considero que el presidente Enrique Peña Nieto no plagió a los autores citados. Al menos, no voluntariamente. Me explico. El presidente Peña resultaría un plagiario porque aunque no hubiera sido él quien deliberadamente se "fusiló" a otros autores, él firma la tesis con su nombre, como si la hubiese escrito. Estoy convencido de que el presidente Peña Nieto no plagió personalmente a esos autores porque él no escribió esa tesis. Y esa me parece la hipótesis más simple.
La identificación de autores reconocidos en un tema, así como la selección de las ideas que van a utilizarse en un texto articulándolas con las ideas propias para constituir un todo que tenga sentido, no es una actividad académica sencilla; requiere de muchas lecturas ordenadas, así como de tener muy claro lo que se desea formular con una estructura y un razonamiento, a fin de obtener un trabajo con cierto grado de originalidad con una unidad discursiva. Esto es, no es un simple copy paste.
En tal virtud y coincidiendo con Víctor López Villafañe, la explicación más simple es que esa tesis no la hizo Peña Nieto; en otras palabras, se hizo por encargo a un escritor fantasma, porque de otro modo, por ejemplo, hubiese recordado alguno de los reconocidos autores que estuvo consultando y referenciando para escribir su trabajo.
La navaja de Occam, al menos en este caso, resultó muy útil.

*Publicado en La Jornada Veracruz el 27 de agosto de 2016.
**Académico del Instituto de Investigaciones en Educación de la Universidad Veracruzana.