lunes, 29 de febrero de 2016

Veracruz: la danza del dinero*

Edgar J. González Gaudiano**

Las denuncias y protestas recientes en el estado de Veracruz han conducido a nivel internacional la recurrente inconformidad que la población de este estado ha venido manifestando durante muchos años. Las sospechas sobre la magnitud del daño ocasionado por administraciones fraudulentas en el estado fueron confirmadas, hace unos días cuando el auditor superior de la federación, Juan Manuel Portal, admitió que la peor calificación de auditoría a nivel nacional estuvo a cargo de Veracruz. Otro nada honroso primer lugar nacional (además del Sida, dengue, diabetes y obesidad) que implica la gigantesca suma de 35 mil 421.7 millones de pesos en observaciones sin solventar, procedimientos resarcitorios y denuncias penales. Suma equivalente a lo que observaron a otros 16 estados juntos.
En ese mismo informe se denunció que el gobierno de Veracruz simuló la devolución de, cuando menos, 4 mil 770 millones de pesos a fondos federales buscando evitar que la Auditoría Superior de la Federación (ASF) le fincara responsabilidades. El gobernador Javier Duarte había mentido una vez más al asegurar que esas demandas ya estaban sobreseídas.
Como si eso no bastara, el gobierno de Veracruz posee la tercera mayor deuda bancaria del país, con 44 mil 470.8 millones de pesos, cantidad que fue admitida por el mismo Javier Duarte; cifra a la que se suma la deuda nueva adquirida en 2015 por otros cuatro mil millones.
El Senador José Yunes Zorrilla, presidente de la Comisión de Hacienda del Senado, calcula la deuda total de Veracruz en, por lo menos, 80 mil millones de pesos. No obstante, los estudios del investigador de la Universidad Veracruzana Hilario Barcelata estiman dicha deuda en más de 120 mil millones de pesos, lo que en palabras del académico sobrepasa “todos los límites de la racionalidad financiera, de la responsabilidad administrativa y de la ética política al contratar montos de deuda pública que exceden la capacidad de pago del gobierno y que ponen en riesgo el desarrollo del estado”.
Para cualquier ciudadano no familiarizado con datos macroeconómicos esas cifras astronómicas son impensables. Ni siquiera sabe qué significan, pero son la diferencia entre un estado devastado por la corrupción y la impunidad y otro con un sistema carretero transitable, con un sistema de salud equipado y con suministros, con un sistema educativo funcionando en condiciones de calidad, con seguridad social y perspectivas de empleo decente, etc. etc. Ahí es donde se han ido el presente y el futuro de los veracruzanos.
Solo a la Universidad Veracruzana el gobierno del estado le adeuda 2 mil 76 millones, lo que la ha puesto en una situación crítica en la que se sacrifica a miles de jóvenes, ese bono demográfico que ha sido despreciado; pero a esta deuda se suman muchas otras, como la del Instituto de Pensiones, las becas de estudiantes y hasta de pequeños negocios que cometieron la osadía de darle crédito a un gobierno que no paga, por lo que ahora están en bancarrota.
Un tema que particularmente me interesa y que forma parte de mi objeto de estudio es el que corresponde a los efectos de los fenómenos hidrometeorológicos extremos en comunidades vulnerables. Ello porque está comprobado que los desastres contribuyen significativamente a la desigualdad y al rezago social. Para medio compensar esto, se creó el Fondo Nacional de Desastres Naturales (Fonden), que de naturales no tienen nada pues aunque tienen como origen un fenómeno natural, el desastre es una construcción social en la que intervienen muchos factores, entre ellos la ineptitud y negligencia de las autoridades.
Como quiera, una visita rápida a la página de la Secretaría de Gobernación,  los datos que ofrece el Sistema Nacional de Protección Civil nos reportan cuántos recursos se canalizaron a los estados que tuvieron declaratorias de desastres a través del Fonden. Vale decir que son recursos federales cuantiosos que deben ser aplicados a los municipios afectados para ayudar a la población, a reconstruir infraestructura, a crear empleos temporales, y a todo aquello que contribuya a la gente a recuperar la funcionalidad (que no normalidad) de sus vidas después de las contingencias.
Obviamente los gobiernos estatales, entre ellos el de Veracruz, suelen apresurarse a hacer la declaratoria para recibir recursos federales frescos. En este sentido, según la página de referencia de la Secretaría de Gobernación, el estado de Veracruz entre 2011 y 2015 recibió más de 50 mil 400 millones de pesos para paliar las emergencias, pero que con toda seguridad no se aplicaron ahí donde se necesitan, porque hay comunidades que aún padecen los estragos causados por fenómenos incluso del año 2010 (como los ocasionados por el huracán Karl y la tormenta tropical Matthew). Más aún porque cuando los pocos recursos llegan a las comunidades han apoyado a la gente, pero con sesgos partidistas y criterios clientelares que re-victimizan a los damnificados.
No sé si estos cuantiosos fondos federales fueron auditados por la ASF, pero debería hacerlo porque es de miserables desviar el dinero que está destinado a la gente en situación de emergencia, lo que explica en parte la severa crisis social en la que se encuentra sumido el estado de Veracruz, sobre todo las pequeñas poblaciones vulnerables a fenómenos climáticos que han sido abandonadas a su suerte.
La magnitud del despojo que estamos sufriendo solo puede ser resultado de delincuencia organizada. Obviamente no es resultado de la acción de una sola persona por más irresponsable que sea, sino de un gran número de cómplices (coalición de servidores públicos para defraudar) que también deben ser investigados y sancionados ejemplarmente.
El costo social y económico de  un desfalco de tales dimensiones representará para el estado al menos cincuenta años de dificultades, suponiendo que la situación de malversación no continúe. Medio siglo perdido que implicará más hambre, miseria, sufrimiento y emigración obligada, ante la falta de desarrollo de un estado que lo tiene todo para salir adelante, pero que padece la desgracia de tener también un gobierno en manos de un grupo político voraz y mezquino que se regodea en su impunidad. ¿Hasta cuándo?

*Publicado en La Jornada Veracruz el 29 de febrero de 2016: http://www.jornadaveracruz.com.mx/Post.aspx?id=160229_065425_598
**Académico del Instituto de Investigaciones en Educación de la Universidad Veracruzana.

martes, 9 de febrero de 2016

Cerrar filas en torno de la Universidad Veracruzana

Cerrar filas en torno de la Universidad Veracruzana[1]

Édgar J. González Gaudiano[2]

Desde hace algunos años se ha venido instrumentando un ataque en contra de la educación pública. Un ataque en el que se pretende convertir a la educación, que es un derecho universal inalienable, en una mercancía. Lo anterior puede observarse prácticamente en todos los niveles educativos, pero adquiere una singular expresión en el caso de la universidad.
Para este nivel educativo, básico para el desarrollo del país, se ha estado aplicando una escalada sin precedente alguno en la que se desmantela el modelo universitario sustentado en sus tres funciones principales: la docencia, la investigación y la difusión de la cultura, para dar paso a otro que reside en la formación de recursos humanos y la gestión administrativa. Un modelo de raigambre neoliberal en el que la educación debe someterse a la libre competencia y por lo tanto, sus servicios educativos deben sujetarse al “libre” juego de las fuerzas del mercado.
En nuestro país, la estrategia aplicada es compleja  y comprende acciones en diversos ámbitos como la planeación y la evaluación, pero con una clara expresión en la reducción del presupuesto para el cabal cumplimento de las responsabilidades universitarias. En los hechos se trata de un estrangulamiento financiero que erosiona gravemente las posibilidades de crecimiento y de mejoramiento de la calidad de los centros educativos públicos, al mismo tiempo que otorga facilidades a la creación de instituciones privadas de dudosa reputación académica, y canaliza recursos a través de becas para que estudiantes puedan cursar estudios en universidades privadas de tradición empresarial que no impulsan la investigación, ni les interesa la creación de cultura. Una incursión a gran escala de ciertas universidades privadas que durante muchos años habían tenido influencia local y regional para expandirse a lo largo y ancho de todo el país.
Sin embargo, en ninguna otra parte de la república mexicana se ha observado la puesta en marcha de esta escalada de una manera tan torpe y tan agresiva como en el estado de Veracruz durante los últimos años. Se trata de una pretensión de avasallamiento de la joven autonomía de la Universidad Veracruzana para que se incline ante los fines aviesos de un grupo decadente que ha conducido al estado de Veracruz a una situación de desastre económico, ambiental y político.
La violencia ejercida por el gobierno del estado de Veracruz contra la Universidad Veracruzana la ha llevado a una severa crisis financiera al reducirle ilegalmente el financiamiento público, al retenerle ilegalmente recursos federales, al imponerle ilegalmente restricciones y retrasos, al obligarla ilegalmente a operar en la precariedad y la penuria, violando con todo ello el estado de derecho.
Un estado de derecho es aquel en el que todos los miembros de una sociedad se rigen por leyes e instituciones establecidas de manera democrática, que garantizan los derechos individuales y colectivos aplicando las leyes con equidad. Pero cuando los gobernantes y funcionarios encargados de hacer cumplir las normas del estado de derecho son los primeros en violarlas sin consecuencias para sus actos, entramos en el terreno de un ejercicio despótico de la autoridad.
La Universidad Veracruzana ha demandado al gobierno del estado de Veracruz por la retención ilegal de su financiamiento público de años previos y ha solicitado un amparo ante una reducción presupuestal impuesta por un congreso sumiso y obsecuente en el ejercicio de 2016, de casi 250 millones de pesos, lo que afectaría seriamente sus tareas académicas.
Es el momento de cerrar filas. Con estas valientes acciones emprendidas por la rectora ante la actitud cínica, mendaz y taimada del gobierno del estado de Veracruz, los ataques se incrementarán.
De ahí que independientemente de las diferencias que tengamos entre nosotros, normales en una comunidad diversa y plural, es preciso mostrar un solo frente en defensa de los intereses de la Universidad Veracruzana y en torno de nuestras autoridades universitarias.





[1] Publicado en La Jornada Veracruz el domingo 7 de febrero de 2016. http://www.jornadaveracruz.com.mx/Post.aspx?id=160209_083730_021
[2] Académico del Instituto de Investigaciones en Educación de la Universidad Veracruzana.

jueves, 28 de enero de 2016

El Senado y el cambio climático

El Senado y el cambio climático[1]

Edgar J. González Gaudiano[2]

Desde mediados del mes de diciembre pasado he venido escuchando en radio y televisión una campaña impulsada por el Senado sobre el cambio climático. Se trata de un spot en el que después de algunos pocos datos sobre el incremento de la temperatura a nivel global y una serie de imágenes sobre la posible desaparición de playas (solamente), promueve un conjunto de manoseadas recomendaciones sobre el uso del automóvil, el ahorro de energía y el reciclaje; concluye con el slogan de que juntos podemos cambiar. 
Tanta repetición ha terminado por molestarme, porque sé que son campañas caras y que nunca son evaluadas para conocer su efectividad, aunque varios estudios han demostrado que las de este tipo son como llamadas a misa en territorio islámico.
Quizá haya quienes piensen que es positivo que nuestro Senado se pronuncie sobre un tema sin duda vital. Pero si lo pensamos bien, se trata de publicidad vacía. Algo muy distinto sería que el Senado hiciera una campaña informando lo que está haciendo en materia legislativa para combatir el cambio climático, porque hay mucho por hacer en esa materia y nadie puede hacer lo que tienen que hacer los senadores y senadoras de la República.
Pero promover una campaña durante el mes y medio que lleva en el aire recomendando lo que muchas otras han dicho sin efecto alguno, de manera sesgada y anodina, sólo porque se quiere quedar bien engatusando a la opinión pública al abordar temas que preocupan a la gente, me parece una vacilada.
Como ciudadano exijo que se pongan a trabajar en lo que les corresponde. Efectivamente, juntos podemos cambiar pero cada quien en lo que tiene que hacer, puesto que hay responsabilidades diferenciadas. La de Uds. es mayúscula.
¿Quieren hacer algo por el cambio climático? Ahí tienen el caso de Tajamar en Cancún.
Por si no lo saben, la destrucción de manglares no sólo viola una ley que el Senado aprobó, sino que atenta contra la protección de esas playas que tanto les preocupan (al menos en el spot) e incrementa la vulnerabilidad de la población y del ecosistema en su conjunto frente a los embates precisamente del cambio climático.
Ahí tienen también, señores senadores y señoras senadoras,  la explotación de gas de esquisto en cientos de pozos, la minería a cielo abierto, el problema del rio Sonora, solo por mencionar unos cuantos ejemplos de lo que es una la destrucción progresiva e incesante del patrimonio natural del país que tanto promocionan en el extranjero.
Ahí tienen a la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales autorizando lo que por ley no puede autorizarse ¿Por qué no citan a ese incompetente secretario a que explique por qué está haciendo lo que hace y porqué no hace lo que debiera? ¿Qué explique por qué está desmantelando áreas importantes en ese sector tan especializado, tales como la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas o el ya desaparecido Centro de Educación y Capacitación para el Desarrollo Sustentable?
Respóndanme a eso por favor en una campaña de medios.
 



[1] Publicado en La Jornada Veracruz, el jueves 28 de enero de 2016. Pág. 10.
[2] Coordinador de la Cátedra UNESCO – UV “Ciudadanía, educación y sustentabilidad ambiental del desarrollo”.  <edgargonzalezgaudiano.blogspot.mx>

miércoles, 13 de enero de 2016

Obituario: el Centro de Educación y Capacitación para el Desarrollo Sustentable*

Edgar J. González Gaudiano**

El día 18 de diciembre las actuales autoridades de la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat) anunciaron al 75% del personal del Centro de Educación y Capacitación para el Desarrollo Sustentable (Cecadesu) que serían liquidados y que su relación laboral concluía el 31 de diciembre próximo. Después del aviso les suspendieron el uso de sus computadoras.
Con este acto de los funcionarios de esta Secretaría, vinculada con el Partido Verde, concluye una etapa de 20 años, ya que el Cecadesu fue creado en 1995.
Es verdad que la decadencia de este centro había empezado antes, derivado de las malas decisiones que se tomaron primero durante los dos gobiernos panistas y luego con el regreso del PRI al poder.
Las estrategias han sido muy evidentes. Primero, se nombraron a los directivos más ineptos que podían encontrar. Luego se desmantelaron los equipos técnicos. Con los cambios, se designaron personas sin verdadero interés ni capacidad y se fue cerrando el apoyo institucional y el presupuesto de operación. Pudo levantarse durante una breve temporada con Salvador Morelos al frente, pero fue como el canto del cisne. Finalmente, vino el Verde y la liquidación.
Es una pena. En el año 2000 el Cecadesu era una institución acreditada nacional e internacionalmente. Operaba la revista de educación ambiental en español mejor posicionada en el mundo. Era un centro certificado en ISO-9002. Tenía cerca de 200 convenios activos con instituciones académicas y organizaciones no gubernamentales. Ofrecía un exitoso programa de becas para la capacitación técnica de funcionarios de todo el país, incluyendo al personal de los órganos desconcentrados (INE, Profepa, IMTA, Conagua, etc.). Operaba el premio al mérito ecológico y asesoraba al premio al mérito forestal y al de conservación. Desarrollaba proyectos en alianza con numerosas organizaciones e instituciones. Trabajaba con la SEP en el fortalecimiento de los libros de texto en materia de educación ambiental. Con la ANUIES impulsó el Plan de acción para el desarrollo sustentable en las instituciones de educación superior. Impulsó la creación de la Academia Nacional de Educación Ambiental y del Consorcio Mexicano de Programas Ambientales Universitarios para el Desarrollo Sustentable (Complexus), entre otras muchas acciones. Julia Carabias, la entonces secretaria de medio ambiente, recursos naturales y pesca, me comentó alguna vez que el Cecadesu era la cereza del pastel de la gestión.
Lo curioso fue que con el gobierno de Vicente Fox el desarrollo sustentable era la supuesta columna vertebral de toda la acción gubernamental. La Semarnat (ya le habían suprimido al sector pesquero) participaba en los gabinetes económico, social y político. Por su parte, Felipe Calderón incorporó por primera vez a la educación ambiental en el plan nacional de desarrollo. A ninguno de los dos gobiernos panistas le interesaba en realidad la educación ambiental. Ahora, el PRI le entrega la conducción de la Secretaría al Verde con los resultados catastróficos que sufrimos todos los días y que serán heredados a las próximas generaciones.
Después de recibir la noticia de la desaparición del Cecadesu me entró una profunda tristeza. No sólo por lo que le ha sucedido a esta otrora prestigiada institución, sino porque es un reflejo claro de lo que le está ocurriendo a todo el país. Gobiernos van y vienen y son incapaces de detener la vertiginosa trayectoria de colisión que llevamos. Estamos cada vez peor. No tenía ánimo siquiera de escribir esta nota, pero no podía simplemente dejar pasar esta noticia sin hacer un comentario luctuoso, toda vez que tomar esta decisión en estas fechas supone que es para que nadie entere. Como lo hace siempre el Verde a la sorda, en lo oscuro, sin explicación alguna.
Pobre Cecadesu tan lejos de las prioridades institucionales, tan cerca del Verde.

*Publicado en La Jornada Veracruz, 22 de diciembre de 2015
**Director del Instituto de Investigaciones en Educación de la Universidad Veracruzana <edgagonzalez@uv.mx>


viernes, 4 de diciembre de 2015

El cambio climático y la gente*

Edgar J. González Gaudiano**

Al reactivarse el interés público por la cobertura mediática de la Conferencia de las Partes (COP21) a sobre el Cambio Climático que se celebra en París, Francia, surgen de nuevo varias interrogantes a propósito de este fenómeno. Una que nos interesa especialmente en esta ocación es la llamada dimensión social, que se refiere a la perspectiva que las ciencias sociales y las humanidades deben aportar para lograr una comprensión más completa de este fenómeno.
La dimensión social ha cobrado fuerza durante los últimos años, al entenderse mejor el papel que desempeña como complemento del conocimiento que han venido construyendo las ciencias del clima. De ahí, el mayor espacio que ocupa en el más reciente informe del Panel Intergubernamental del Cambio Climático (2013-2014). En otras palabras, el conocimiento que aporta la meteorología o la química atmosférica, por ejemplo, se difumina si las políticas de respuesta no consideran también la información acerca de cómo la población interpreta y valora el cambio climático, y especialmente las implicaciones de éste en sus vidas.
Numerosos estudios se han realizado para intentar identificar las claves de la percepción y la representación social del fenómeno del cambio climático, a fin de poder traducirlas en estrategias de comunicación y educación, así como en políticas públicas que puedan inducir valores acordes a las circunstancias que vivimos, y respuestas sociales consensadas más efectivas.
Se sabe, por ejemplo, que la alfabetización científica sobre el cambio climático (en lo que se han centrado la mayoría de los programas en los medios y de los materiales educativos para las escuelas) es insuficiente para motivar transformaciones en la actitud y el comportamiento individual y colectivo, tampoco para enfrentar los riesgos y amenazas derivados. La ciencia del clima ha arrojado luz sobre el problema, pero no ha influido en las decisiones de la vida cotidiana de las personas, sobre todo, en aquellas con un estilo de vida centrado, cada vez más, en el uso intensivo de combustibles fósiles.
Se sabe también que una apropiada representación social del fenómeno, en tanto conocimiento de sentido común que da sentido a la realidad, y orienta la acción de los individuos, es fundamental para desplegar políticas que tengan resonancia social e involucren a la población en su aplicación (P. Meira, Comunicar el cambio climático, 2009).
Las representaciones sociales son constructos cognitivos compartidos, que se han basado en sustratos culturales específicos, por lo que existen diferencias significativas en la función de factores tales como región, grupo social, edad, género y experiencia de vida, entre otros. Factores que han de tomarse en cuenta para diseñar programas dirigidos a grupos de población particulares.
Por ejemplo, han sido empleados de manera muy efectiva en la mercadotecnia para inducir preferencias en los patrones de consumo, entre los distintos segmentos de población; o por asesores y estrategas políticos para formular campañas electorales que orienten los votos a favor o en contra de candidaturas y partidos. Poco se han usado, sin embargo, para hacer más efectivos los programas educativos.
Sólo si el cambio climático es reconocido como un factor real en la vida de las personas, podrá suscitar la adhesión a programas que se pongan en marcha sobre medidas de mitigación y de adaptación para aportar a la reducción de gases de efecto invernadero, así como para reducir la creciente vulnerabilidad social que conlleva el fenómeno (J. L. Lezama, La construcción social y política del medio ambiente, 2004).
Eso que parece tan simple es muy difícil de implementar.
El resultado ha sido que la respuesta social al cambio climático sigue siendo muy voluble. Quizá porque las medidas a adoptar van en sentido contrario a los satisfactores que caracterizan actualmente nuestra época de hiperconsumo. Quizá porque, como dice Daniel Kahneman en su libro Pensar rápido, pensar despacio (2012), sobre el modelo racional de la toma de decisiones, las implicaciones del cambio climático no se perciben como riesgos inminentes con una carga emocional que nos obligue a actuar. Quizá porque hay muchas otras prioridades que ocupan nuestra atención en la inmediatez de nuestras vidas. Quizá por el tono apocalíptico que caracterizan a muchos de estos mensajes sobre el tema; tono al que ya estamos inmunizados. Quizá por el escaso peso que le concedemos a nuestras acciones individuales.
Lo cierto es que varios autores, como George Marshall en su libro Ni se te ocurra pensar en ello (2015), están planteando un cambio de narrativa que permita superar las barreras psicológicas que no permiten darle una mayor importancia al problema del cambio climático en nuestras vidas, debido a que lo pensamos como una amenaza abstracta, invisible y lejana. Otros como Naomi Klein, en el libro Esto lo cambia todo. El capitalismo contra el clima (2015) señalan que el cambio climático es la narrativa más poderosa contra el sistema económico y político actual.
Ciertamente, tenemos que imprimir un cambio en la manera de presentar y representar el problema.
Personalmente creo que seguir hablando de los escenarios que ocurrirán en 2050 o finales de siglo, por no hacer algo en este momento, no ayuda a crear un sentido de apremio. Por el contrario, constituye un aliciente para seguir postergando la adopción de medidas radicales hasta que, como señala Anthony Giddens en su estudio, La política del cambio climático (2011), sea demasiado tarde. De igual manera, seguir pensando los problemas desconectados unos de otros por importantes que sean, no ayuda a construir perspectivas enmarcadas en los sistemas complejos que permitirían diseñar mejores respuestas.

A pesar de las difíciles circunstancias que atravesamos en varias esferas de nuestras vidas, el cambio climático es hoy el desafío mayor al que nos enfrentamos. Más nos valdría que comenzáramos a asumirlo de ese modo aunque no se advierta que la acción política vaya en esa dirección, menos cuando suenan tambores de guerra.

*Publicado en La Jornada Veracruz, el 4 de diciembre de 2015 
http://www.jornadaveracruz.com.mx/el-cambio-climatico-y-la-gente/
**Coordinador de la Cátedra UNESCO - Universidad Veracruzana “Ciudadanía, Educación y Sustentabilidad Ambiental del Desarrollo”.


jueves, 3 de diciembre de 2015

El cambio climático y la desigualdad social*

Edgar J. González Gaudiano**

Por un período muy efímero, en estos días de la Conferencia de las Partes (COP) número 21 de la Convención Marco de Cambio Climático que se realiza en París, los temas ambientales en general y el cambio climático en particular vuelven a ser noticia. La verdad es que es un asunto que merece nuestra mayor atención, si bien pareciera que hay otros mucho más urgentes e importantes.
Dada su actualidad mundial por la reunión de mandatarios con declaraciones espectaculares e imágenes mediáticas de las cuáles seguramente emanarán pocas decisiones verdaderamente trascendentes para combatir el fenómeno, quiero vincular este tema con una nota aparecida en este mismo diario el 1 de diciembre acerca del reconocimiento que hizo el Sr. Tomás Ruiz, secretario de Infraestructura y Obra Pública del gobierno del estado de Veracruz, durante su comparecencia ante el congreso local, de que los recursos federales de 2007 y 2008 (sin aclarar la cantidad) proveniente del Fondo de Desastres “Naturales” (Fonden) para paliar las consecuencias de los fenómenos climáticos no se aplicaron y por lo tanto se perdieron, así como que otros $500 millones correspondientes a los años  2009 y 2010 (este último el año del huracán Karl y la tormenta tropical Matthew) tampoco se aplicaron.
La noticia implica que ese dinero que el gobierno del estado recibe como consecuencia de las declaratorias de emergencia para atender con urgencia las necesidades de la población damnificada, no se aplica en lo que debiese. No llega a la gente necesitada. No se usa para reparar infraestructura dañada, para solventar aunque sea provisionalmente la pérdida de la actividad productiva mediante la creación de empleos temporales para limpiar, atender, socorrer, trasladar, etc. Por lo visto, las emergencias climáticas le han servido al gobierno del estado para allegarse de recursos adicionales, pero que no usan para lo que se solicitan. De ese modo, el cambio climático contribuye al rezago social.
Es terrible. Se trata de una omisión grave que no debiese pasar inadvertida. Lo que esta cada vez mas frecuente situación implica es que los recursos fueron desviados hacia otros asuntos que el gobierno del estado consideró prioritarios. ¿Cómo puede haber algo más prioritario que una declaración de emergencia?
Somos un estado cuyo desarrollo se encuentra estancado desde hace demasiados años; una entidad que cuenta con las condiciones materiales y geográficas para estar bien pero que se encuentra colocada en los últimos lugares de prácticamente todos los indicadores de bienestar; con servicios públicos de la peor calidad e infraestructura deficiente e insuficiente; con una deuda rampante que nos ha convertido en rehenes de los acreedores por muchos años, donde hasta los impuestos de los años venideros que aún no se cobran, ya se deben; con instituciones inanes y población dejada a su suerte; con gobiernos irresponsables, cínicos, omisos, ineptos y corruptos; con representantes rapaces con problemas de columna de tantas genuflexiones ante el poder.
La noticia del Sr. Tomás Ruiz sólo viene lastimosamente a demostrar cómo ahora la vulnerabilidad social creciente derivada de los embates del cambio climático viene a agudizar la ya de por sí crítica situación del pueblo veracruzano.
Ciertamente, el cambio climático ha llegado para quedarse y no sólo constituye por si mismo nuevas condiciones de riesgo y amenaza, sino que incrementa explosivamente otros problemas como los alimentarios, de suministro de agua, de violencia y de migración, de desigualdad social pues, por citar sólo algunos. La situación es  grave porque no se ve que exista decisión política para al menos frenarlo, a fin de tener la oportunidad de ir atendiendo los efectos más inmediatos, para impulsar políticas de adaptación social, para reducir la vulnerabilidad, para fortalecer la resiliencia social, para evitar los próximos desastres. Los gobiernos declaran que tomarán medidas que siempre son postergadas. Como vemos, incluso los recursos que llegan para paliar emergencias se desvían. El cambio climático es empleado como coartada de ineficiencias cuando se presentan contingencias ambientales. Culpar a la naturaleza de los desastres se ha convertido en la excusa favorita.
Pero tampoco la población le concede importancia al fenómeno. Lo seguimos viendo como un problema distante en el tiempo y en el espacio. Un problema de los osos polares. A esto me referiré en otra entrega.
Nuestro gobierno federal es paladín de declaraciones sobre el cambio climático, pero sólo para el consumo externo. Calderón Hinojosa recibió varios premios internacionales por eso, mientras le abría la puerta a la minería a cielo abierto. Ahora mismo el presidente Peña Nieto asiste a la COP21 en París, y a pesar de la aprobación por el senado de la ley de transición energética hacia tecnologías limpia se siguen abriendo más pozos de fracking. Esto es, las presuntas medidas gubernamentales sobre el cambio climático no se corresponden con las decisiones de política que se están tomando en todas las áreas de la administración pública, sobre todo económicas. Es pura simulación.
En el sexenio actual con el PRI nuevamente en el poder el asunto es todavía, si cabe, más complicado. El haber entregado la conducción de la política ambiental a sus aliados del Partido Verde ha contribuido a poner al país en un estado de coma inducido. Se ignoran leyes; se han desmantelado equipos técnicos calificados; los puestos han sido ocupados por amigos y colaboradores incapaces en todos los niveles de mando desde el secretario hasta los jefes de departamento. Las buenas noticias ambientales de este país de los meses recientes, como la suspensión provisional del maíz transgénico en respuesta a una acción colectiva, fue resultado de la intervención de un magistrado a pesar de un centenar de impugnaciones del gobierno federal y de las empresas transnacionales, así como de 22 amparos en los que ha intervenido hasta la Primera Sala de la Suprema Corte de Justicia de la Nación. Arturo Escobar está imputado de delitos electorales, pero no de su actuación en temas ambientales. Ello porque en los hechos para el gobierno la política ambiental es lo de menos.
¿Así cómo?



*Publicado en La Jornada Veracruz, el 3 de diciembre de 2015 
http://www.jornadaveracruz.com.mx/el-cambio-climatico-y-la-desigualdad-social/
**Coordinador de la Cátedra UNESCO - Universidad Veracruzana “Ciudadanía, Educación y Sustentabilidad Ambiental del Desarrollo”.

martes, 17 de noviembre de 2015

La universidad asediada*

Edgar J. González Gaudiano**

En los últimos meses se ha dado a conocer la crítica situación financiera por la que atraviesa la Universidad Veracruzana. Quizá algunos no logren comprender su magnitud, pero el gobierno del estado de Veracruz sólo ha entregado el 20% de lo que le corresponde durante el año 2015. Es decir, la UV ha tenido que interrumpir un gran número de sus actividades vitales para dar prioridad, con recursos que recibe del gobierno federal, al pago de la nómina del personal académico y administrativo, a fin de no suspender los servicios educativos, de investigación y de difusión que son la razón de su existencia.
El subsistema de educación superior de nuestro país se caracteriza por una gran diversidad de tipos de instituciones en las que destacan las universidades públicas autónomas. Se trata de instituciones de calidad que se rigen por programas establecidos por las propias universidades para responder a lo que la sociedad espera de ellas para contribuir al bienestar de la población del país, con mayor énfasis en sus territorios de influencia. Las universidades públicas forman a las futuras generaciones que conducirán al país, crean cultura, producen conocimiento, forjan ciudadanía para el ejercicio de los derechos y deberes de una democracia. Es por eso que son públicas, porque producen bienes y servicios públicos.
Pablo Latapí decía que las universidades públicas son tales porque:
1.       Pertenecen a la sociedad en su conjunto y esa es la razón por la que dependen de recursos públicos.
2.       Están abiertas a todos, bajo las únicas restricciones que imponen los requisitos académicos de ingreso, permanencia y egreso.
3.       Encarnan valores que nos son valiosos a todos, en los que converge nuestra diversidad social, cultural e ideológica promoviendo la tolerancia, el respeto por los otros, por los diferentes, a partir del diálogo y la convivencia plural.
4.       Intentan responder responsablemente a las necesidades y problemas de todos, principalmente a los de los más desfavorecidos, en una perspectiva de bien común.
5.       Atienden al propósito superior de la soberanía nacional, de independencia, de justicia social.
Por todo eso son públicas, por lo que son básicas para nuestra democracia; son faros de libertad máxime en un país como el nuestro donde muchas instituciones públicas están sometidas a los intereses de grupos de poder económico y político. Son instituciones imprescindibles del Estado mexicano, por lo que el financiamiento que reciben no es una dádiva, sino una obligación del Estado mexicano establecida en nuestra Carta Magna. No entregarlo completo y con oportunidad no sólo es una grave irresponsabilidad, sino una violación a la ley.
Pero en este escenario nacional de las universidades públicas autónomas hay inequidades. La mayoría de ellas, reciben financiamiento público proveniente de recursos federales y estatales, que suele tener una distribución muy variable pero que en promedio se ubica en alrededor de 30% de recursos estatales y 70% federales. La universidad Veracruzana tiene una relación cercana al 50-50 y eso la hace aún más vulnerable y explica en parte la gran crisis que ahora vive. Además, las universidades federales como la UNAM, el IPN y la UAM reciben varias veces más financiamiento por estudiante que la UV y todo su presupuesto proviene de recursos federales por lo que sale etiquetado del presupuesto nacional. Lamentablemente no es el caso de la UV.
Más de 2000 millones de pesos de recursos provenientes del estado le han sido ilegalmente retenidos, además de otros 450 millones provenientes de recursos federales que no le han sido entregados, acto que por sí mismo merecería una investigación por parte de la Secretaría de Educación Pública porque implica una desviación de recursos.
No entiendo qué es lo que quiere provocar el gobierno del estado de Veracruz encabezado por el Señor Duarte de Ochoa en una institución de casi ochenta mil estudiantes y once mil trabajadores. Como si le faltaran a este estado problemas.

En los últimos años, la Universidad Veracruzana ha hecho gigantescos esfuerzos por mejorar la eficiencia en el gasto y en los indicadores de calidad académica de sus acciones. Estos esfuerzos le han sido reconocidos por la SEP, el Conacyt, la ANUIES, por su creciente número de programas acreditados, de investigadores en el Sistema Nacional de Investigadores, por el número de cuerpos académicos registrados, por el crecimiento de su matrícula, por sus programas de vinculación, de difusión cultural, entre muchas otras acciones. Su importancia no sólo en Veracruz, sino en el país es indiscutible. La UV vive una transformacional radical de su vida institucional. No constituimos una universidad perfecta, ninguna lo es. Tenemos muchos y serios problemas, pero estamos en el camino de resolverlos, los estamos enfrentando todos los días en las aulas, en los laboratorios, en los campos, en las regiones. No se merece la UV lo que le está ocurriendo.

*Publicado en La Jornada Veracruz, el 15 de noviembre de 2015.
**Director del Instituto de Investigaciones en Educación de la Universidad Veracruzana <edgagonzalez@uv.mx>

martes, 10 de marzo de 2015

Discurso pronunciado por el doctor Edgar J. González Gaudiano, con motivo de la presentación ante el Consejo Universitario General de la Universidad Veracruzana, de la doctora Lucie Sauvé para recibir el doctorado Honoris Causa, el 8 de marzo de 2015.

Es un gran honor y privilegio haber sido designado en esta ceremonia de investidura del grado de doctor Honoris Causa para presentar a la doctora Lucie Sauvé ante este Honorable Consejo Universitario General. Los usos y costumbres académicos refieren que esta tarea consiste en hacer una cavilación sobre sus méritos, lo cual se hace muy difícil debido a que a la admiración y respeto en la relación académica que mantengo con la doctora Sauvé desde hace más de quince años, se ha añadido a lo largo de este tiempo el cariño y el apego en una relación de gran amistad con Lucie. Por lo mismo mis palabras irán teñidas de una fuerte dosis de emoción.
El Reglamento de Reconocimiento al Mérito Universitario de la Universidad Veracruzana consigna que el doctorado honoris causa podrá ser conferido a quienes por su contribución a las ciencias, a las letras o a las artes, hayan realizado una labor extraordinaria para el mejoramiento de las condiciones de vida o del bienestar de la humanidad. En este enunciado existen dos condiciones sustantivas: el de una trayectoria académica relevante y una contribución social ejemplar.
Se trata del reconocimiento de un vínculo que ha de ser íntimo y fecundo. La Universidad como máxima expresión de una conciencia ilustrada y la irradiación de sus efectos más benéficos al seno de la sociedad en la que se halla inserta, para a su vez ser enriquecida por ésta. Es una articulación de interdependencia y continua transformación del entorno social y de la propia comunidad universitaria, para construir una mejor Universidad y una mejor Sociedad.
En este marco, la expresión más digna de una Universidad es el reconocimiento de una trayectoria de excelencia mediante uno de sus actos más solemnes: la investidura de un Doctor Honoris Causa por sus méritos superiores en la tarea científica, humanística o artística y por sus potentes contribuciones a la sociedad y por la lucha en busca de ideales eximios y defensa de derechos, sobre todo de los más desprotegidos. En ese acto la Universidad honra a la vez que es honrada.
Por todo ello, ha sido para mí muy difícil expresar en pocas palabras, una trayectoria tan intensa, tanto a nivel científico como pedagógico y con un apasionado compromiso social.
Conocí a Lucie Sauvé en 1999, cuando asistió al primer Congreso Nacional de Investigación en Educación Ambiental, realizado en el Puerto de Veracruz, bajo los auspicios de la Secretaría de Medio Ambiente, Recursos Naturales y Pesca, del gobierno federal, y de la Universidad Veracruzana. Ya había leído algunas de sus publicaciones y me había sorprendido su claridad conceptual y su compromiso político con el campo de la educación ambiental. Por ese motivo fue que la invité a participar en el congreso sin grandes expectativas de que viniera. Aceptó participar enseguida y su intervención en el evento fue inspiradora, marcando la pauta de lo que debía ser a su juicio una verdadera investigación en educación ambiental.
Las obras de Lucie Sauvé son lecturas obligadas en los procesos formativos en esta área y es la autora extranjera más citada en las tesis de licenciatura y posgrado en educación ambiental en México y en muchos otros países latinoamericanos. Ha sido tan claro su compromiso con nuestra gran región que refrenda que su provincia de Quebec es también América Latina.
Antes de continuar permítanme por un momento explicar lo que significa ser casi una autora de culto en el campo de la educación ambiental. Este campo no sólo es un campo emergente tanto en la política educativa como en la política ambiental, sino que es muy vulnerable a los vaivenes institucionales incluso internacionales, así como a los devaneos de los funcionarios en turno, como ocurre actualmente en México con el Partido Verde al frente de la Semarnat.
En nuestro país, la educación ambiental nunca ha estado bien posicionada en la política ambiental ni en la educativa, por lo que sus programas aún los exitosos son muy inestables y tienen una permanencia no mayor de un sexenio. En lo internacional, la educación ambiental sigue estando fuertemente amenazada ahora por la educación para el desarrollo sustentable, propuesta encaminada a impulsar una estrategia educativa vana que pretende someter aún más la conservación ecológica y la protección del medio ambiente al crecimiento económico a toda costa. De este modo, la educación ambiental no es un campo pedagógico que fascine a muchos grupos de interés, antes bien es combatida desde numerosos ángulos.
Es por ello sobresaliente y debiese ser del mayor interés político y social en México, el trabajo que la Dra. Sauvé desarrolla desde 2011 como líder de un colectivo científico sobre la cuestión del gas de esquisto o de lutita, consistente en hidrocarburos en estado gaseoso que se encuentran en formaciones rocosas sedimentarias de grano muy fino y cuyo proceso de extracción implica enormes impactos ambientales de diverso tipo. Es la llamada fractura hidráulica o fracking, que ha sido denunciada y prohibida en varios países. No en el nuestro, por cierto.
En este grupo encabezado por la Dra. Sauvé participan 169 científicos de diversos campos disciplinarios y distintas instituciones, cuya misión es ejercer una vigilancia crítica sobre el sector de actividades de gas de esquisto en el tema energético en Quebec. Desde hace cuatro años, el colectivo desarrolla un inventario de documentación científica y la hace accesible a lectores no científicos y a todos aquellos interesados en un problema que afecta la calidad de sus vidas. Se encuentran disponibles en línea más de quinientos documentos para estos propósitos. Asimismo, el colectivo participa en los debates y consultas públicas, organiza conferencias de expertos y realiza análisis sobre diferentes aspectos de esta seria problemática. Desde 2011, el colectivo científico sobre el tema del gas de esquisto en Quebec se pronunció a través de varias proclamas cuya producción fue coordinada por ella.
Quisiera destacar ahora, remitiéndome sólo a ciertos datos principales que revisten su trayectoria, algunos rasgos significativos que hemos de retener de la misma. Lucie Sauvé es profesora titular del Departamento de didáctica de la Facultad de Ciencias de la Educación de la Universidad de Quebec en Montreal (UQAM). En dicha institución funge como Directora del Centro de Investigación en Educación, Formación Ambiental y Ecociudadanía. El Centro inscribe sus actividades en el contexto de la sociedad actual y sus integrantes orientan su labor hacia el “bienestar común”, la equidad socioecológica y nuestra relación con el mundo. Con este Centro hemos suscrito un acuerdo de colaboración para el intercambio de experiencias, así como para la movilidad académica y de estudiantes, lo que ha contribuido a que el Cuerpo Académico «Ciudadanía, Educación y Sustentabilidad Ambiental del Desarrollo» del Instituto de Investigaciones en Educación, haya adquirido el nivel de consolidado.
La doctora Sauvé es de Pedagogía ha colaborado con gran generosidad en programas de docencia en numerosas universidades de varios países, entre los que se encuentran Francia, Bélgica, Haití, Mali, Guinea, Brasil, Bolivia, Colombia y México. Estamos programando su participación en el Instituto de Investigaciones en Educación de nuestra casa de estudios.
Ha publicado cerca de una docena de libros de autor y ha dirigido quince publicaciones colectivas y ha participado en más de setenta libros colectivos publicados en diversos países y en distintas lenguas. Cuenta con más de un centenar de artículos en revistas indexadas, muchos de ellos por invitación. Su producción de material didáctico con fines formativos es impresionante, destacando los 23 módulos desarrollados entre 1999 y 2003 que constituyen una síntesis inédita del campo de la educación ambiental, concebidos para la educación a distancia. Asimismo, los once documentales en video con su correspondiente guía pedagógica, desarrollados entre 2002 y 2010 en apoyo a diversos temas ambientales en los que destacan la salud comunitaria, la alimentación y la energía.
La doctora Sauvé fue titular durante diez años la Cátedra de Investigación de Canadá en Educación relativa al Ambiente (2001 a 2011), que son cátedras nacionales a concurso que no tienen equivalente en nuestro país, desde la cual desarrolló una estructura de investigación que está disponible con el objetivo de contribuir al despliegue de una ecociudadanía, tomando en cuenta el contexto de influencia de la sociedad contemporánea.

La doctora Lucie Sauvé es una ferviente convencida de que la pedagogía exige una postura optimista frente a los desafíos y los problemas que nos aquejan. Con este doctorado honoris causa, queda así enlazada para siempre a esta casa de estudios, cuya vocación por el saber y la generación de conocimiento se enaltecen con su ilustre pertenencia a nuestra comunidad universitaria.

Palabras de la Doctora Lucie Sauvé con motivo de la recepción del Doctorado Honoris Causa otorgado por la Universidad Veracruzana el 8 de marzo de 2015.

En primer lugar, deseo manifestar un enorme agradecimiento
al Consejo General Universitario,
a la Rectora Dra. Sara Ladrón de Guevara y
a la Secretaria Académica Mtra. Leticia Rodríguez Audirac.

Me interesa compartir con ustedes que uno de los más preciosos regalos de mi vida profesional,
además de este momento tan especial,
ha sido la colaboración con colegas de México y en general de América Latina.

He tenido la  posibilidad de acercarme al pensamiento latinoamericano en el campo de la educación ambiental,
con sus aspectos epistemológicos, éticos, políticos, pedagógicos.
A través del pensamiento de mis colegas, a través de sus textos
y los encuentros, me he sentido como en casa.

Formamos una comunidad de investigadores y educadores conscientes de la estrecha relación entre las realidades sociales y ecológicas;
conscientes de la dimensión política de la educación,
y en particular de la educación ambiental;
de su papel fundamental para transformar la red de relaciones entre las personas, los grupos sociales y el ambiente;
… es decir, con el conjunto de los sistemas de vida de los cuales formamos parte. 

Estamos preocupados por una mejor integración de la EA
en los sistemas educativos, desde la primaria hasta la universidad. 
Y también preocupados por la integración de la EA en los diversos sectores de la sociedad civil.




En esta perspectiva, nuestras universidades desempeñan un papel de primera importancia,
integrando la dimensión ambiental – es decir socio-ecológica –
en las diversas carreras,
en los programas de investigación y en la vinculación social;
Integrando el campo de la EA en la formación
de los maestros y maestras
y también inspirando y exigiendo políticas públicas apropiadas
que favorezcan el despliegue de la EA
en los diversos sectores de la sociedad civil.

En la perspectiva de contribuir al fortalecimiento
de una verdadera sociedad educativa,
es necesario favorecer el intercambio
entre la educación formal, no formal e informal.

Necesitamos reforzar la colaboración
entre estos tres sectores de la educación.
Se trata de favorecer la sinergia social
para la transformación de las realidades socio-ecológicas actuales.

Tanto en el Norte – en Canada –
como en tantas otras partes del mundo,
vivimos en un contexto caracterizado
por un sistema de  «gobierno»,
o «gobernanza» como se dice en el mundo empresarial,
un sistema basado en alianzas político-económicas
y en la instrumentalización de la democracia.

En ese sistema, las decisiones están raramente orientadas hacia el bien común, la salud de las poblaciones  y el cuidado de los ecosistemas.

Esto surge con toda claridad en particular
con la expansión de las actividades extractivas, exógenas 
como la explotación de los hidrocarburos
– en particular del gas y del petróleo no convencionales -,
las minerías a cielo abierto
y otros procesos invasivos de nuestros territorios
o de franco despojo como la privatización del agua.  




En este contexto, es finalmente la sociedad civil,
son los ciudadanos,
quienes debemos ejercer una vigilancia crítica,
para luchar en «contra » o «pro»,
involucrarse en la innovación ecosocial,
ser actores de cambio
a pesar de las tendencias político-económicas.

La tarea es gigantesca:
hay que denunciar, resistir y crear también –
y esto - a menudo -  en contextos de emergencia,
de falta de recursos, de tensiones, de sobrecarga, de acoso.

Lo anterior requiere del desarrollo de competencias ciudadanas, ecociudadanas – en los diversos niveles escolares
y sectores de la sociedad.
Se trata de desarrollar competencias críticas, éticas,
estratégicas, políticas a través de procesos democráticos.
Se trata de forjar colectivamente una inteligencia ciudadana de las situaciones,
de desarrollar un poder-hacer, un poder actuar
para la reapropiación de nuestras realidades,
de nuestros asuntos públicos.

Ese es precisamente el papel fundamental de la educación ambiental:
estimular el compromiso ecociudadano; 
un compromiso fundado en una visión del mundo
clarificada, discutida, confrontada,
que dé sentido a nuestro ser y actuar en el mundo.
La educación ambiental es un proyecto político-pedagógico
que llama a la reflexión crítica, ética, filosófica.
La tarea es inmensa  !Pero alentadora! 
Abre espacios para la esperanza.


En este sentido, me importa
celebrar la valiosa colaboración
de mis colegas mexicanos, veracruzanos
en tal proyecto educativo y social,
en particular la contribución internacional, única, muy inspiradora 
de mi colega Edgar González-Gaudiano.


De nuevo, mil gracias por otorgarme
este doctorado honoris causa.
Me siento muy honrada de pertenecer a este claustro a partir de ahora
Me infunde nuevas energías para seguir adelante, con ustedes.

Muchas gracias.